13/03/2026 07:55
13/03/2026 07:55
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
13/03/2026 07:54
» Clarin
Fecha: 13/03/2026 06:20
Stefanos Tsitsipas consiguió algo de lo cual debería sentirse muy orgulloso. Y, seguramente, le permitirá inflar el pecho cuando dentro de varios años les diga a sus nietos: "Yo jugué dobles con los tres mejores tenistas de la historia. Y lo hice oficialmente, ¿eh?..." De Rafael Nadal y Roger Federer fue compañero en la Copa Laver 2019. Y ahora completó el pleno jugando con Novak Djokovic en Indian Wells gracias a esa costumbre del torneo californiano de darles un bono extra a las grandes figuras del circuito para anotarse en el cuadro de dobles. Así, el serbio fue uno de los seis top ten que jugaron en ambas modalidades el primer Masters 1000 de la temporada. Pero, ¿por qué se anotó con el griego? La razón más simple es que ambos siempre se llevaron bien dentro y fuera de la cancha pero la otra es que Tsitsipas recibió como el mejor anfitrión a Djokovic en Atenas cuando el mejor jugador de todos los tiempos decidió mudarse a esa ciudad y dejar Serbia... al menos por ahora. Ahora, además de compañeros y amigos en el circuito, Tsitsipas y Djokovic son vecinos en Glyfada, un lujoso suburbio ateniense ubicado al sur de la ciudad, que mira al mar Egeo y en el que abundan las calles comerciales que desembocan en una coqueta marina y playas de arenas blancas ideales para contemplar el atardecer. El punto es entonces recordar cuáles fueron las razones que llevaron a Djokovic a dejar su país natal para radicarse a poco más de mil kilómetros de distancia. Porque en Serbia, Djokovic es algo más que un héroe deportivo, el hombre que superó todos los récords para sentarse en la mesa de los más grandes deportistas de la historia después de haber sufrido la guerra que mató a 250 mil compatriotas y obligó a la mitad de la población, poco más de 2 millones de personas, a huir de sus hogares. Es que Djokovic era apenas un niño de 12 años cuando ya jugaba al tenis mientras en el departamento de dos ambientes de su abuelo viudo Vladimir se refugiaba junto a sus padres y sus dos hermanos de los bombardeos de la OTAN de 1999 en el medio de la crisis de los Balcanes en la que su Belgrado natal era un punto crucial de los ataques. Por esa resiliencia, por ese resistir a la adversidad, Djokovic excede al deporte para la mayoría de los serbios. Pero ahora, de ser un patriota pasó a convertirse en un traidor. Al menos para algunos. Djokovic fue recibido con los más altos honores en su país tras ganar la medalla de oro olímpica en los Juegos de París 2024. Aquel lunes de agosto una multitud fue a verlo saludar desde el balcón del Ayuntamiento de Belgrado junto al resto de los atletas serbios que también habían subido al podio, como los miembros del seleccionado de basquetbol liderado por Nikola Jokic que había ganado el bronce. El presidente Aleksandar Vucic lo recibió, lo abrazó y Djokovic dijo que estar en ese lugar era "la sensación más hermosa que puede experimentar un atleta de Serbia". Sin embargo, apenas dos años después, fue declarado enemigo del pueblo por los adláteres de Vucic, un ultranacionalista que está en el poder desde 2017, que seduce a los empresarios, manipula el sistema electoral y coquetea al mismo tiempo con Trump y Putin. Enfrente suyo se pararon intelectuales, todo el arco universitario y periodistas independientes. Y Djokovic, claro. Nada se sabía de algún interés del tenista por la política hasta que la muerte de 16 personas al desplomarse un trozo del techo de la estación de Novi Sad desató una oleada de manifestaciones estudiantiles que puso en jaque a Vucic. Al principio Djokovic sólo escribió un tuit diciendo que había que escuchar todas las voces. Y luego publicó una foto de una manifestación opositora al gobierno. La prensa oficialista comenzó a criticarlo. Al principio, de una manera liviana; luego, con un odio sin límites. Allí decidió irse de Belgrado junto a su familia y hasta se llevó a Atenas el ATP 250 de la capital serbia, un negocio familiar. De héroe a villano. Vucic se cuida y no lo critica en público. Pero la radio y la televisión estatales o los medios afines lo hacen. Vucic le había prometido un museo como el que tiene Nadal en Manacor. Nada se sabe de ello. Djokovic no habla de exilio (no es tonto) y, si le preguntan, dice que fue una decisión familiar que tomó junto a su mujer por un combo formado por la educación de sus hijos -van a un exclusivo colegio de habla inglesa-, la comida, el clima y la geografía griegas más los lazos históricos que unen a ese país con el suyo. El presidente y su partido Progresista Serbio afirman que el país registró un crecimiento económico del 4 por ciento (cuatro veces la media europea) y que la inflación bajó. Los estudiantes siguen manifestándose contra la corrupción y ya sumaron a miles de serbios a su causa. Todos ellos consideran a Djokovic su ídolo más grande. El dijo en una entrevista que querría para su tumba la frase: "El hombre que tocó el corazón de la gente. ¿Qué será del campeón una vez que se retire? En las protestas ya se ven pancartas con su foto y la inscripción Djokovic for president. No sería el primer deportista que se vuelca a la política. Hay ejemplos: Romario y Bebeto, la dupla atacante del Brasil campeón del mundo en Estados Unidos 1994, son senador y diputado, respectivamente; Cuauhtémoc Blanco, uno de los más destacados futbolistas mexicanos de la historia, también es diputado (hoy está en serios problemas porque enfrenta una demanda por una presunta violación); y el propio Carlos Espínola, el máximo ganador de medallas olímpicas en Argentina junto a Luciana Aymar, es senador por Corrientes. Sin embargo nadie llegó tan arriba como el ex futbolista George Weah, presidente de Liberia entre 2018 y 2024; el bicampeón olímpico de esgrima en México DF 1968 y Munich 1972, Pal Schmitt, presidente húngaro entre 2010 y 2012, cuando renunció; e Imran Khan, estrella del cricket paquistaní quien fue el primer ministro de su país entre 2018 y 2022 y hoy está preso por corrupto. ¿Aspirará Djokovic a ser presidente de Serbia? Nadie, por ahora, se animó a preguntarle. Sobre la firma Newsletter Clarín
Ver noticia original