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» TN
Fecha: 12/03/2026 20:54
Damián Dimare tenía 20 años cuando dos motochorros lo balearon por la espalda y sufrió un daño en la columna que lo dejó en silla de ruedas. Los médicos le dieron el diagnóstico y sintió que el mundo se le venía abajo. La bala había impactado en la columna y le provocó una lesión medular. Después de sobrevivir al disparo, llegó la noticia que terminaría por cambiarlo todo. Me dijeron: te vas a tener que acostumbrar a una vida en silla de ruedas. Y a uno se le acaba el mundo, porque siempre hay una pizca de esperanza. Pero cuando te dicen eso es como que te bajan el telón mal, recuerda. Leé también: El sueño de una alumna de Bahía Blanca que se hizo realidad: logró que su maestra se convirtiera en su mamá En ese momento tenía 20 años. Lo que vino después no fue solo aprender a vivir con un cuerpo distinto. También fue enfrentarse a algo que aparece todos los días: la mirada del otro. En la calle, muchas veces siente que las personas construyen historias apenas lo ven. Un hombre joven, tatuado, en silla de ruedas. Si además cuenta que recibió un disparo, los prejuicios aparecen rápido. Hay gente que piensa que estaba metido en algo raro o que me escapaba de la policía, dice. Cómo me veo yo todavía es algo que sigo trabajando. Me cuesta mucho no sentirme una carga para una pareja o incluso para un amigo. Leé también: Creció el número de embarazadas que consumen drogas y de bebés prematuros que luchan por sobrevivir La cabeza juega mucho, explica. Hay momentos en los que uno se siente fuerte y otros en los que vuelve esa idea de que podés ser una carga. Uno de los cambios más profundos también apareció en un terreno del que casi no se habla cuando se habla de discapacidad, la sexualidad: Fue un cambio muy drástico, dice. Es algo que todavía sigo intentando laburar. La lesión medular modificó muchas cosas en su cuerpo y en la forma en que vive el deseo, el contacto y el placer. Durante mucho tiempo, además, la información que tenía sobre discapacidad y sexualidad era prácticamente nula. Cuando te pasa algo así pensás que todo se termina, que ya no va a ser lo mismo, explica. Con el tiempo empezó a entender que la experiencia sexual cambia, pero no desaparece. Hay cosas que son mentalmente distintas, claro. Pero eso no quita el disfrute, dice. Cómo fue la rehabilitación Después de que pedí el alta, estuve tres meses en mi casa porque la obra social no me la daba. Un día mi mamá me dijo que teníamos que ir a una consulta. Me subí al auto y me puso al lado un bolso enorme de ropa. Le dije que no hacía falta, que íbamos y veníamos. Me llevó de incógnito. Yo estaba muy enojado, recuerda. Ese viaje terminó en la clínica en la que estuvo cuatro años: primero internado y después de manera ambulatoria, aprendiendo paso a paso a reconstruir una vida distinta. Fue el lugar donde empezó a recuperar algo fundamental: la independencia. Ir solo al baño, bañarse, ponerse unas zapatillas, cambiarse. Pequeños gestos cotidianos que antes parecían automáticos y que ahora requerían paciencia, ensayo y error. Ahí entendí cómo introducirme a la discapacidad, dice Damián. En esa clínica, también apareció alguien que cambiaría su rumbo. Fabiana, la directora, lo veía pasar horas leyendo y dibujando para matar el tiempo: Fue ella la que me propuso que me dedicara al tatuaje. Yo le decía que estaba loca, que era mucha responsabilidad, cuenta. Dos semanas después apareció con un kit para empezar. Desde entonces, algo se ordenó. El tatuaje me salvó la vida. Me dio un propósito. Producción: Anabella Romero Realización: Juan Pablo Chaves Edición: Daniel Gordo Díaz
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