12/03/2026 20:14
12/03/2026 20:14
12/03/2026 20:14
12/03/2026 20:14
12/03/2026 20:13
12/03/2026 20:13
12/03/2026 20:11
12/03/2026 20:11
12/03/2026 20:10
12/03/2026 20:09
» La Nacion
Fecha: 12/03/2026 18:54
Terror en las calles de Beirut, una ciudad partida donde los ataques israelíes no dan tregua BEIRUT. Explosiones, columnas de humo negro, terror, shock y centenares de personas acampadas en las calles, en las plazas y en la famosa corniche, costanera de Beirut. Si en Beirut casi todos creían estar acostumbrados a la guerra -el Líbano padeció una sangrienta guerra civil entre 1975 y 1990 y luego diversos conflictos contra Israel, el último, en 2024-, lo que sucede ahora, dicen, horrorizados, es algo nunca visto. La guerra está alcanzando el corazón de Beirut, una ciudad partida, rota, asustada, en shock. En la madrugada del jueves ocho personas murieron en un ataque israelí ocurrido en el reconocido paseo costero, famoso por sus playas, hoteles y restaurantes de pescado. La tarde de este jueves, en medio de una nueva fase y en una nueva escalada, fueron atacados dos edificios del centro de la capital. Según las Fuerzas de Defensa de Israel, había objetivos del grupo armado proiraní chiita, Hezbollah, que aquí no es considerado terrorista, sino que es un partido político. No hay ningún lugar seguro en Beirut porque no sabés quién es tu vecino y no sabés cuándo va a llegar la bomba israelí, dice Alí, nuestro intérprete que, como todos, vive el momento. Esto es una ruleta rusa, agrega. Él también debió dejar su casa del barrio de Dahiyeh, barrio de mayoría chiita del sur de la ciudad y feudo de Hezbollah. El primer día de la guerra bombardearon el edificio al lado del de mis padres, que todavía no sé cómo sobrevivieron Los daños fueron enormes y nos tuvimos que mudar Fue a las dos de la mañana pero yo estaba afuera, con mis amigos, cuando pasó, cuenta. Dahiyeh es el barrio más popular de Beirut. Normalmente vive un millón de personas. Pero ahora no queda nadie. Es zona de guerra y sólo los locos o algunos drogadictos se quedaron, explica Alí. La mayoría huyó después del comienzo de los bombardeos de Israel, el 3 de marzo pasado, en represalia de ataques lanzados contra Israel por Hezbollah, que quiso vengarse del asesinato del gran líder supremo de la república islámica, Ali Khamenei, perpetrado por la ofensiva conjunta de Israel y Estados Unidos en Irán. La vendetta de Hezbollah provocó la reacción inmediata de Israel, que abrió sobre este diminuto país -más pequeño que la mitad de la provincia de Tucumán-, un nuevo frente de guerra que se va ampliando explosivamente con el correr de las horas y que nadie duda que podría transformarse en una nueva invasión. Al margen de eliminar a Hezbollah -sus infraestructuras, sus hombres, sus guaridas, estén en Dahiyeh o en zonas del centro de Beirut-, Israel quiere crear una zona de amortiguamiento en el sur del Líbano para que nunca más caigan misiles sobre el norte de Israel. En la noche del miércoles, esa zona sufrió un ataque coordinado de Hezbollah e Irán con centenares de misiles y drones. Se trató de un ataque conjunto que sorprendió a todos porque indicó que ni Hezbollah ni el régimen de los ayatollah están tan debilitados como se pensaba. Y que reforzó la determinación del gobierno de Benjamin Netanyahu -ya implicado en una guerra con Irán que su aliado, Donald Trump, podría terminar de un momento a otro-, de intensificar en el Líbano para ir, esta vez, por todo. Según el ministerio de Salud libanés, la nueva ofensiva causó hasta ahora 687 muertos, incluyendo 98 niños, y 1774 heridos y la evacuación de más de 820.000 personas: no sólo las del barrio de Dahiyeh -en gran parte, en ruinas-, sino también desde el sur del Líbano. Advertí al presidente del Líbano, Joseph Aoun, que si su gobierno no sabe cómo controlar el territorio e impedir que Hezbollah abra fuego contra Israel, tomaremos el territorio y lo haremos nosotros mismos, dijo el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, al subrayar el intenso ataque de la noche de Hezbollah contra Israel. El ejército respondió con fuerza, dijo Katz, y agregó que el primer ministro Benjamín Netanyahu instruyó a las FDI a prepararse para una expansión de las actividades en el Líbano y restaurar la seguridad en el norte. En este marco, Beirut aparecía una ciudad partida en dos y bajo shock por bombardeos nunca antes vistos en su parte céntrica ni en la corniche. Con la parte norte con algunas tiendas abiertas y con algo de vida y con el barrio de Dahiyeh, en el sur, convertido en zona de guerra y casi vacío. Y con su gente, la mayoría de religión chiita, pero no por eso miembros de Hezbollah, desparramados en departamentos, refugios públicos, escuelas y en un estadio, pero también en carpas o incluso durmiendo en autos. En las guerras siempre aparecen los buitres que se aprovechan del pánico y la mayoría de la gente no tiene plata para pagarse un hotel o ir a alquilarse algo Están pidiendo 3000 dólares por mes para una casa, en lugares de porquería, denuncia Ali, economista que trabaja junto a su padre en una empresa importadora de café, pero que ahora, con el país paralizado, trabaja de fixer, asistente de periodistas. Considerado en otras épocas la Suiza de Medio Oriente por su coexistencia religiosa pacífica y su comparativo alto nivel de vida, el Líbano es un país de apenas 6 millones de habitantes (un 30%, cristianos y los demás, musulmanes chiitas y sunnitas), destrozado también a nivel económico. En octubre de 2019 sufrió el colapso de su sistema financiero y bancario y muchas empresas se vieron obligadas a cerrar persianas, algo que motivó un aumento del desempleo en todo el país, agravado luego por la terrible explosión en el puerto de Beirut de agosto de 2020, que provocó una situación caótica en esta ciudad y en todo el Líbano. Para peor, la pandemia hizo que más del 50% de la población cayera por debajo de la línea de pobreza. La guerra de 2024 causó gran destrucción, forzó a miles de familias a huir de sus hogares y puso aún más presión sobre una economía ya al borde. Por eso la guerra actual ha sumido a la población, ya agotada, en la desesperanza más absoluta. Esta se notaba en el vuelo ME311 de Middle East Airlines (MEA) -la aerolínea de bandera libanesa que es la única que llega hasta este país si no, aislado-, que desde Amman voló hasta esta capital. Volvemos porque queremos estar con la familia y si nos matan en un bombardeo, que nos maten todos juntos, así somos los libaneses, dijo a LA NACION Naida, libanesa de 55 años sin ocultar su angustia. ¿Si tengo miedo de volar sabiendo que el aeropuerto de Beirut queda en el sur, justo al lado del barrio de Dahiyeh? Si tiene que pasar algo, que pase, contestó, fatalista. Hassan, libanés que trabaja en una empresa de distribución en Bagdad, admitió que sí, que tenía miedo, pero que regresaba porque quería estar con su mujer e hijos. No es la primera vez, estamos acostumbrados a las guerras en el Líbano, pero lo que asusta es que esta vez no parece algo contenido Escuché en las noticias que la ultraderecha israelí prometió un Líbano igual a Gaza, arrasado, una locura, comentó, mientras, evidentemente tenso, desgranaba un tasbeh, el rosario musulmán. Además de cinco periodistas, en el vuelo, semi-vacío, había personal de organismos humanitarios. Estamos yendo para darle una respuesta a la emergencia, y aportaremos colchones, mantas, almohadas, a los 500 refugios colectivos activados, que es evidente que no son suficientes, dijo a LA NACION Basma Alloush, del International Rescue Committee. Alloush describió una situación al borde del colapso. Y puntualizó que en los refugios dejan entrar sólo a los libaneses, lo cual representa un drama para el millón y medio de refugiados sirios que siguen estando en el Líbano. Desde que cayó el régimen de Bashar Al Assad, sólo volvieron 84.000 sirios a su país, lo cual es una gota, apuntó. Toda la atención mundial ahora está en Irán, pero hay que darle atención al Líbano: casi un millón de desplazados en diez días es algo inmenso, una catástrofe, sumó. Durante el descenso al aeropuerto internacional Rafik Hariri reina un silencio sepulcral. Desde la ventanilla del avión se ve una capa de niebla sobre la ciudad partida y dos columnas de humo negro en la parte sur, resabio de bombardeos. Al salir del aeropuerto -impresionantemente vacío-, el zumbido de un dron de reconocimiento israelí da la bienvenida. El de los drones es un ruido que los libaneses tenemos incorporado desde hace tiempo, dice Ishan, taxista que no oculta su pavor por lo sucedido la noche anterior, la más violenta hasta ahora. Fue terrible el ataque y la gente está asustadísima porque ya no sólo bombardean Dahiyeh, sino donde quieren y en cualquier momento. Es mucho peor que en 2024 porque los daños están siendo mucho mayores y la cantidad de muertos, muchos civiles, también, añade, alarmado. Su hermana, su cuñado y sus tres hijos, que también vivían en el mismo barrio, fueron desalojados y ahora están viviendo en su casa. El éxodo, el desalojo, la evacuación de miles de personas se palpan en la calle. Se ven familias con autos cargados de valijas con rostros desencajados, sin saber si quedarse viviendo ahí, en el auto, o irse hacia el norte. Aunque allí también han caído bombas. También se ven centenares de carpas en la costanera, en la plaza de los Mártires y muy cerca del lugar atacado en la madrugada, donde murieron ocho personas, nadie sabe bien por qué. Estaban fumando shisha, nadie se lo esperaba, fue horrible, dice a LA NACION Zaida, madre de familia con velo en la cabeza que acampa junto a su familia. Cuenta que llegaron hace diez días desde el poblado de Tebmin, en el sur. No tenemos ningún otro lugar donde ir, por eso acampamos acá, explica la mujer. A su alrededor se ven colchonetas, mantas y hornos a gas como de campamento. Todos miran para arriba, hacia el cielo, para ver si está por caer alguna bomba. Pero sobre todo miran el celular. Ahí es donde aparecen en las redes sociales las alertas escritas en árabe por el coronel israelí, Avichay Adraee, vocero del ejército. Aviso urgente a los residentes de Beirut, en particular del barrio de Zuqaq al-Blat. A todos los presentes en el edificio marcado en rojo sobre el mapa adjunto y en los edificios adyacentes: se encuentran en una estructura perteneciente al grupo terrorista Hezbollah, contra el que operarán las Fuerzas de Defensa de Israel. Por su seguridad y la de sus familias, tienen que evacuar inmediatamente el edificio especificado y alejarse de los mismos a una distancia no inferior a los 300 metros, se lee poco antes de las cinco de la tarde. Es sólo uno de los avisos que se irán repitiendo más tarde en otra jornada de terror, marcada por explosiones -uno más tarde en el también céntrico barrio de al-Bashour-, el zumbido constante y amenazante de los drones y la sensación de estar en una ruleta rusa.
Ver noticia original