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  • Un nuevo ADN: proponen un nuevo modelo para el negocio del contratista agrícola

    » La Nacion

    Fecha: 12/03/2026 18:35

    En Expoagro, Hernán Ferrari, un especialista del INTA, habló de la necesidad de que los prestadores de servicios muten con cinco genes clave para adaptarse a los desafíos del futuro - 6 minutos de lectura' SAN NICOLÁS. En un contexto global marcado por la creciente demanda de alimentos, los contratistas rurales podrían convertirse en actores centrales para sostener la producción agropecuaria en las próximas décadas. Así lo planteó el técnico del INTA Hernán Ferrari durante la Cumbre de Contratistas realizada en Expoagro, donde propuso un cambio profundo en el modelo de negocio del sector y habló de la necesidad de que los prestadores de servicios agrícolas muten con cinco genes clave para adaptarse a los desafíos del futuro. Durante su exposición, el especialista advirtió que el crecimiento de la población mundial obligará a producir mucho más alimento en los próximos años, en un escenario en el que, paradójicamente, cada vez habrá menos mano de obra disponible para el agro. Para el 2050 la ONU dice que la población mundial se va a incrementar entre 1500 y 2000 millones de personas más y la FAO señaló que para alimentar esa población creciente se tiene que incrementar la oferta de alimentos a razón de 60% más de lo que se está produciendo, señaló. En ese escenario, Ferrari planteó una pregunta central sobre el futuro de la producción: ¿Quién lo va a producir si la tasa de natalidad de los países que producen alimentos está decreciendo y no va a haber mano de obra para producir? Según explicó, la situación se agrava porque cada vez menos jóvenes eligen dedicarse al agro. Solo el 5% de los chicos que están naciendo hoy se va a dedicar al agro, afirmó. El especialista también describió cómo cambió la naturaleza del trabajo agrícola en las últimas décadas. Si vemos a nuestros padres, a nuestros abuelos, en 1960 la totalidad del trabajo era físico. Llegado el 2000 se pasó a la curva de inflexión en donde el físico y el cognitivo se empezaron a cruzar. Para el 2050 se espera que todo el trabajo sea cognitivo, explicó. En ese contexto, advirtió que los contratistas enfrentan un problema creciente para conseguir personal capacitado. Como contratistas es difícil conseguir un operador para la cosechadora, para el equipo de siembra o para la pulverizadora y que a su vez esté calificado; cada año es más difícil conseguir un maquinista capacitado, sostuvo. A esto se suman desafíos productivos vinculados con la degradación de los suelos. Ferrari recordó que los países responsables de gran parte de la producción global enfrentan un deterioro creciente de sus recursos naturales. Los suelos de los países que van a ser responsables del 60% de la alimentación del mundo la Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil y Estados Unidos se están deteriorando, advirtió. El técnico del INTA también citó estudios de especialistas argentinos sobre la situación del suelo. Dos reconocidos edafólogos de la Argentina dijeron en 2014 que estamos en cuenta regresiva: en diez años puede aparecer un factor limitante que no nos deje seguir produciendo, alertó. Entre los problemas más graves mencionó la compactación del suelo. La compactación del suelo está considerada hoy en día como el primer flagelo del mundo en la producción de alimentos, señaló. Según explicó, el impacto productivo es significativo: En esas huellas compactadas los cultivos rinden entre un 30% y un 35% menos. Con este panorama, Ferrari destacó el rol estratégico que cumplen los contratistas dentro del sistema productivo argentino. El contratista es responsable del 70% de la siembra de la Argentina, del 82% de la pulverización y del 65% de las cosechas, afirmó. Sin embargo, alertó que el sector también enfrenta serias limitaciones operativas. Según explicó, el tiempo efectivo de trabajo durante las campañas agrícolas es mucho menor al disponible: De los 34 días que tienen en una campaña de cosecha, de siembra o de pulverización, solo 17,4 días están disponibles para trabajar. Además, parte de ese tiempo se pierde en tareas operativas, el 22% del tiempo en recarga de insumos. A los problemas operativos se suma la presión económica que enfrentan los prestadores de servicios. En los últimos diez años el precio real que pone el contratista versus su máquina nueva cayó un 38%, afirmó. Según detalló, los márgenes actuales son extremadamente ajustados. El margen neto está en los mejores casos en un 12% y el promedio es del 4%, dijo. Frente a este panorama, Ferrari propuso un cambio profundo en el modelo empresarial del contratista, que describió como una mutación basada en cinco genes estratégicos. El nuevo ADN del contratista cambia cinco genes: identidad empresaria, el talento de los operadores, los contratos, la tecnología que incorporamos y los datos que ya tienen intrínsecos los contratistas, explicó. El primero de esos cambios está vinculado con la forma en que el contratista se posiciona en el mercado. Si en vez de decir soy contratista, digo que soy una empresa prestadora de servicios de cosecha, siembra o pulverización, cambia cómo estamos frente al gerente del banco cuando vamos a pedir crédito, señaló. El segundo gen tiene que ver con el talento de los operadores. Ferrari advirtió que el envejecimiento del personal y el avance de la tecnología obligan a atraer nuevas generaciones al sector: La Argentina tiene operadores de maquinaria agrícola con una edad promedio de 48 años y la tecnología viene subiendo de manera exponencial. El tercer eje son los contratos. Según explicó, la falta de acuerdos formales genera pérdidas económicas importantes. Hay un 22% de cancelaciones de cosecha, de siembra o de pulverización en la Argentina, afirmó. El cuarto gen está vinculado con la incorporación de tecnología. Ferrari sostuvo que las innovaciones no solo benefician al productor sino también al contratista: Una transmisión de última tecnología puede permitir bajar entre un 8 y un 15% el consumo de combustible. Finalmente, el quinto gen se relaciona con el uso estratégico de los datos generados por las máquinas agrícolas. Tenemos datos guardados en la máquina o en la computadora y muchas veces los borramos porque el productor no los pide, señaló. Sin embargo, esos datos podrían convertirse en una herramienta de valor económico. Ferrari explicó que en la Argentina los contratistas concentran una enorme cantidad de información productiva. En el país hay entre 15.000 y 17.000 contratistas agrícolas y entre todos tienen 34 petabytes de información de los campos argentinos. En tanto, el mercado global de Ag Data Analytics vale US$3200 millones, detalló. Según el especialista, aprovechar ese conocimiento podría transformar el negocio del sector en los próximos años. Se espera que para el 2030 el margen del contratista sea superior al 20%, incorporando todas estas variables, concluyó.

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