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» La Nacion
Fecha: 12/03/2026 17:34
Brandon, Isaías, Joscelyn, Josué y Génesis son hermanos y viven en La Cava; gracias a un grupo de amigos que creó una espacio de navegación para chicos de familias vulnerables, sus vidas cambiaron por completo - 7 minutos de lectura' Los cinco trajes de neoprene, de diferentes talles y colores, cuelgan de una soga del patio de una casa de La Cava. Minutos antes, cinco hermanos, de entre 7 y 17 años, los enjuagaron y extendieron al sol para dejarlos listos. Al día siguiente, como cada semana, irán al espacio que Capitanes de Barrio tiene en el Club Náutico Las Barrancas. Irán para navegar en el río con otros chicos de otros barrios vulnerables de San Isidro con realidades muy parecidas y también muy diferentes a las de ellos. Génesis, de 7; Josué, de 8; Joscelyn, de 12; Isaías, de 13, y Brandon, de 17, hacen un deporte acuático que no es económicamente accesible. Sus padres hacen changas: Ricardo, de albañilería y mecánica, y Nancy, de costura. Hace cinco años, a esos chicos no se les ocurría que podía ser posible para ellos ser parte de competencias de vela, conocer el mar, viajar por el país. Tampoco se les ocurría soñar con viajar por el mundo, tener un trabajo relacionado con un deporte náutico o quizás hacer una carrera universitaria. Hoy sí. No importa de dónde seas, siempre vas a tener la oportunidad de hacer algo que a vos te guste. Eso es lo que aprendí en Capitanes de Barrio, dice Brandon, el mayor de los hermanos. Así de simple explica cuál es el objetivo de la organización que trabaja para igualar oportunidades a través del deporte, la educación y la inclusión. No solo aprenden a navegar, también les enseñan inglés y dentro de poco comenzarán a dar capacitaciones en oficios relacionados con la náutica. Antes solo íbamos al río a pescar para llevar comida a casa, explica su madre, Nancy, que tiene 40 años y suma: Ahora navegan en el río y los veo tan contentos. Siempre quise que hicieran deportes en un club para que no estén en la calle porque hay mucha violencia y droga. Yo quiero que mis hijos estudien y sean alguien. Después habla de algo que explicará más adelante: Gracias a Capitanes, a mis hijos se les abrió el mundo. En realidad, a toda mi familia. Oportunidades que acercan A mí el deporte de vela me transformó la vida, no sé quién sería yo si mi abuelo no me hubiera subido a los 9 años a un barquito. Competí, viajé un montón, conocí un montón de gente. Si eso impactó tanto en mí que no me faltó nada, imaginate en un chico que tiene menos oportunidades, dice Ignacio Varisco, de 29 años, quien hoy trabaja como entrenador de yachting y es uno de los fundadores de Capitanes de Barrio. Ignacio vive en San Isidro y entre sus logros fue campeón sudamericano de Optimist en 2010 y subcampeón mundial de la clase 29er en 2013. No es necesario que vengas de ningún sector social determinado para hacer náutica, pero no es accesible para todos. Por eso en 2020, yo y un grupo de amigos quisimos romper esas barreras con Capitanes, explica. Hoy Capitanes entrena a un total de 20 chicos de los barrios Martín y Omar, también de San Isidro, y La Cava. Gracias a una alianza con el Club Náutico Las Barrancas, usan las instalaciones del club y reciben las clases de sus entrenadores además de la ayuda de varias familias y voluntarios que, entre otras cosas, les preparan las viandas de comida para cuando van al club los fines de semana de 10 a 17. Cuando los chicos van avanzando en los entrenamientos, comienzan a ir al club los fines de semana y a competir. Ahí conocen a chicos con otras realidades, que quizás tienen la posibilidad de que sus padres les compren un barquito. Y es genial porque se hacen amigos. Al principio teníamos un poco de miedo de cómo los iban a recibir, pero la verdad es que los chicos no se conectan desde el prejuicio, dice Ignacio. Los chicos ingresan primero a la Clase Optimist, donde comienzan a aprender con una embarcación pequeña en la categoría escuelita, luego pasan a las de pre-principiantes, principiantes y timoneles. Brandon, el mayor de los hermanos, es parte de la primera camada de Capitanes, tal como se hacen llamar, por eso está en lo que se llama Clase 420, donde navega con una embarcación más grande. Desde que empecé en Capitanes, tengo amigos que son del club, navegamos y jugamos a la pelota. Me gusta estar en el club. Cuando llego a casa me siento cansado, pero con ganas de volver. Creo que es porque ahí me siento libre, dice Brandon. Los cambios Ignacio cuenta algo que ve en Brandon y en otros chicos: cómo el deporte les va cambiando el carácter y la forma de encarar la vida. En el río los chicos están solos y tienen que tomar muchas decisiones. A veces el viento sopla de un ángulo o de otro y tienen que ver dónde colocarse en el barco, cómo manipular la vela para avanzar, para no quedarse o retroceder. De chicos empiezan con un poco de miedo, después aprenden a tomar decisiones, son más seguros y juiciosos. Es como en la vida., dice Ignacio. Todos los años, los chicos viajan con sus entrenadores a Mar del Plata para competir en La Semana Internacional del Yachting. Es cuando conocen el mar por primera vez, tienen salidas recreativas, pero tienen que seguir una disciplina. Conviven en una casa con chicos de Capitanes y del Barrancas y se cruzan con chicos de todo el mundo y de todo el país en las competencias. En esos contextos los chicos comienzan a tener otras inquietudes y maduran, explica Ignacio. Entonces habla de Joscelyn, que hoy tiene 12 y comenzó a los 7. Al principio no se enganchaba con las clases y era muy reservada. Después de esa semana en Mar del Plata, volvió más enganchada con el deporte, más parlanchina, más contenta, incluso, escuchando Coldplay, cuenta con una sonrisa Ignacio. La mamá de los chicos explica que ese mundo que les abrió el club, se abrió para toda la familia. Una vez me invitaron a una competencia. Yo tenía un poco de miedo a que me miraran raro, pero fueron todos muy cálidos y me trataron como una más, dice. Cuenta que allí conoció a gente muy valiosa. Me hicieron sentir segura para terminar la secundaria e hice un taller de costura. Ahora coso en casa y tengo feria de ropa, dice con entusiasmo. Su historia se replica en otras familias de Capitanes. Ignacio dice que Capitanes es más que la navegación. Hace hincapié en que si se dan oportunidades y dos mundos diferentes se encuentran, se puede soñar con un futuro mejor. La náutica es una industria con muchas salidas laborales posibles: hay carpinteros que hacen barcos, mecánicos, electricistas, y podés competir o ser entrenador. Y ya va a haber algún chico de Capitanes que quiera seguir una carrera universitaria como algún amigo del club. Esas oportunidades están en el radar de Brandon. Un día Ignacio hablaba por videollamada con una entrenadora de Gran Bretaña y el adolescente le dijo que él quería aprender inglés porque quería ser parte de alguna competencia en el exterior. Fue entonces cuando comenzaron a dar esas clases. Brandon enumera las provincias a las que viajó: Misiones, Salta, Córdoba... y se interrumpe para pensar lo que sueña: Ahora me gustaría viajar a España, Brasil, Estados Unidos. Está bueno conocer gente y lugares nuevos. Mi sueño es ser entrenador de vela. Capitanes nos cambió el mundo. Más información Capitanes de Barrio es una organización fundada por seis amigos de diferentes disciplinas que gracias al apoyo de empresas y el aporte de particulares trabaja para cambiar la realidad de los chicos en situación de vulnerabilidad social. - Si querés colaborar para que puedan seguir con el proyecto, podés sumarte con un aporte mensual haciendo click aquí. - También podés seguirlos en su Instagram desde aquí.
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