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» Clarin
Fecha: 12/03/2026 13:55
Gal tiene 12 años y, con el celular de su papá, le apunta al cráter que dejó el único de los 200 cohetes que Hezbollah lanzó contra Israel en la madrugada de este jueves. Saca fotos del jardín de la casa de su vecina, donde hay un agujero de tierra que cambia la tonalidad de marrones a medida que se profundiza. Enfoca la cámara del teléfono hacia las entrañas de hormigón del living, despanzurrado como si fueran las vísceras de un animal apenas faenado. El nene está impresionado. No duerme desde las cuatro de la mañana de este jueves, cuando las paredes del cuarto en el que se había refugiado temblaron por el estruendo y luego supo que la casa que quedó hecha añicos era el chalet en el que él y su familia habían vivido durante tres años. Alquilamos la vivienda que fue bombardeada y fuimos felices allí hasta que nos compramos nuestra propia casa, siempre dentro del barrio, a pocos metros de aquí, cuenta a Clarín el papá de Gal. Este último aterrizaje violento de una bomba enemiga sucedió en el Moshav Kaniel, una especie de barrio cerrado sin tranquera donde los vecinos viven en comunidades rurales, casi todas agrícolas. Los israelíes atraviesan días agobiantes desde la ofensiva contra Irán del 28 de febrero. Porque los frentes desde donde llegan misiles son múltiples: Irán contraataca a las agresiones de lo que los estadounidenses llaman Operación furia épica y los israelíes, Rugido de león. Y Hezbollah, la organización terrorista pro-iraní, mantiene su represalia contra Israel por la muerte del líder supremo de Irán, Alí Khamenei, asesinado en el primer día de las operaciones conjuntas entre Estados Unidos e Israel para desmilitarizar y arrancar de cuajo el poder de los ayatolas. Objetivos estratégicos Querían lanzar unos 600 cohetes pero lograron disparar 200 y no consiguieron acabar con la vida de un solo israelí, que era su intención, dice a Clarín Roni Kaplan, vocero del Ejército de Israel para la prensa. El portavoz aclara que la fuerzas israelíes están alcanzando objetivos estratégicos del régimen (iraní). Estamos alcanzando la cadena de suministro logístico para la producción de misiles balísticos y de crucero -detalla-. Desde la fábrica donde se diseña el aluminio del misil hasta donde se ensambla o donde se hace la ojiva. Alcanzamos, además, una instalación nuclear iraní. Ya la habíamos atacado en 2024 y vimos que la estaban reconstruyendo. Estamos alcanzando todo tipo de búnker, como el que estaba preparado para que Khamenei condujera los ataques hacia Israel, agrega. Y confirma que los sistemas de defensa israelí en cielo libanés lograron terminar con el 50 por ciento de las plataforma de lanzamientos de Hezbollah, que ataca directamente a civiles. El desayuno que no fue Rodeada de árboles frutales, la brutalidad del cohete que se estrelló contra la casa del moshav Kaniel no entiende de pudor. Las esquirlas, que algunos voluntarios recogían del jardín y ofrecían a los periodistas que se acercaban a registrar lo sucedido, dejaron al descubierto la intimidad de una señora mayor que vivía aquí con la empleada que la cuidaba. Las alertas llegaron a tiempo y lograron resguardarse en el refugio subterráneo de la casa mientras el cohete detonaba en el jardín, desde donde la onda expansiva diluyó los ventanales y dejó patas para arriba la mesita ratona del living. En un rincón, sobre un sillón de madera, un almohadón blanco con una foto familiar estampada es parte de los pocos rastros de vida feliz que hubo aquí. Imanes sosteniendo fotos de jóvenes sonriendo pegadas en la puerta de la heladera, una jarra térmica roja metalizada y sobre la mesada, la taza del desayuno que nunca fue. Advertencias Las fuerzas de defensa israelí afirmaron que el Comando Norte debería haber avisado con más antelación a los residentes del norte sobre un ataque de mayor envergadura de lo previsto. Fuentes militares confirmaron que lanzar este tipo de advertencias siempre supone un dilema: implica revelar información de inteligencia al adversario. Lo que cayó en el Moshav Kaniel fue un cohete que, a diferencia de los misiles, se alzan formando una parábola y, una vez disparados, son fijos. No pueden redireccionarse como los misiles. Lo que sucede pasa por algo El único cohete de Hezbollah que logró hacer daño en estas últimas horas estalló en una zona donde vive el 70 por ciento de la población israelí. Allí se genera el 80 por ciento del Producto Bruto Interno del país. Se trata de una zona de cooperativas en medio del verde que surgió en los años 50, cuando inmigrantes judíos que venían de Rumania se instalaron después de la Segunda Guerra Mundial. Ayelet vive aquí desde hace veinte años. Soy una persona de fe y creo que lo que sucede pasa por algo, dice Ayelet. Tiene los ojos de un celeste casi traslúcido. Su casa queda sobre la misma calle donde cayó la bomba, a tres chalets del que quedó destrozado. Está parada en medio de la calle, que Defensa Civil cortó y envolvió en cinta roja y blanca de precaución. No tengo miedo pero es inevitable la conmoción. Escuchamos todos los días las sirenas pero nunca imaginé que nuestras casas podrían ser atacadas, dice Ayelet. Un estudio-búnker Ruty, en cambio, no quiso enterarse hasta que salió el sol qué era lo que había sucedido a pocas cuadras de su casa. Con la alerta, me levanté de la cama, me envolví en la frazada y me recosté en la habitación segura, cuenta a Clarín. Casada con un peruano, aclara que, cuando construyeron la casa, hace treinta años, las regulaciones sobre los espacios protegidos que podrían convertirse en refugios no eran tan estrictas. Ellos diseñaron un cuarto protegido con una ventana y una puerta blindadas. Las paredes, de concreto, son el doble de las habituales. Allí, Ruty armó su estudio. Hay una cama de una plaza y un escritorio con una computadora encendida. Trabaja online para una empresa internacional petrolera y cruza los dedos cada vez que va a visitar a su hija, que vive a 20 minutos de Kaniel. Teme que las alertas la sorprendan en la autopista. En una esquina del moshav, que queda a unos 60 kilómetros al norte de Tel Aviv, los pomelos maduros que el árbol ya no pudo resistir por el peso son lunares amarillos en el verde del césped. Entre los escombros del chalet que recibió de lleno las malas intenciones de Hezbollah, hay una pelota de fútbol con las banderas de todos los países. Gal, el nene que vivió en la casa ahora marcada con una equis de aerosol, signo que la predestina a la demolición, la recoge del jardín. La gira y gira entre sus manos hasta dar con la bandera de Israel. 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