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  • Agustín Palleres Yoffe: trabajó en TV y en publicidad, pero se enfermó y cumplió un sueño que todos le decían que era imposible

    » La Nacion

    Fecha: 12/03/2026 13:15

    En una entrevista con LA NACION, el director y productor habla sobre cómo logró concretar su primer largometraje - 9 minutos de lectura' Hay gente que se enorgullece de tener el camino marcado, otros de hacer camino al andar. Agustín Palleres Yoffe es de los segundos; es más, después de unos minutos de charla, se comienza a sospechar que, si le dijeran que tiene un destino asignado, se reiría fuerte mientras prende otro cigarrillo. Sin embargo, sí hay algo seguro: después de su exitoso paso por el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, y ser premiada en India y en Nueva York, el 12 de marzo se estrena en salas No preguntes, debut en el largometraje del director. Una película en clave de tragicomedia negra con tintes surrealistas, protagonizada por Micaela Riera y Juan Ignacio De Marco; que se corre del preconcepto profano de cine argentino para ofrecer una historia que funciona en muchos niveles: como entretenimiento, como feroz crítica a la burocracia y, especialmente, como consumo irónico. Pero la historia del realizador y de No preguntes comienza mucho antes. Con un pasado en el Colegio Militar, luego un período como asistente de producción en diferentes programas de Telefe hasta la crisis de la ficción en 2001, y enseguida la reconversión en uno de los directores publicitarios más prestigiosos de los últimos años, tanto a nivel nacional como internacional: Siempre me dieron más bola afuera que acá, eso me da bronca. Lo dicho, el Chiqui, como lo llaman los amigos, sabe reinventarse cuando es necesario. Nada mal para un hombre que se fue haciendo a sí mismo, y que no estudió ni cine ni nada por el estilo. Ah, también tuvo dos bares y un diagnóstico de cáncer. Si te iba tan bien en la publicidad, ¿por qué te pasaste al cine? En parte por la pandemia. Entre 2007 y 2016 fue una gran época de trabajo en la Argentina. Estuve en producciones muy grandes; algunas las dirigí yo y otras las produje, pero siempre quise hacer ficción. En 2019 dirigí la serie Mi Pana, éxodo de almas, sobre el exilio venezolano de los últimos años, que tuvo mucho éxito en Brasil. También hice varios pilotos. Pero después vino un parate de cuatro años, entre la pandemia y un contrato que había firmado cuando vendí mi productora. Fue mucho tiempo inactivo; cuando intenté volver, había cambiado todo, ya se hablaba de streaming, de plataformas... Me sentía como mi viejo cuando le hablaba de Windows 95. Había cambiado todo menos vos... Y sí. Empecé a ir a las ferias internacionales de plataformas a ofrecer mis proyectos de ficción, pero me decían: Publicidad sí, ficción no. Estaba encasilladísimo. Un día, Andrés Gelós, guionista de Iosi, el espía arrepentido, Nieve roja, y un gran amigo y mentor, me dijo: Hasta que no hagas algo, no te van a dar bola. Entonces me decidí, pero todavía me faltaba atravesar un problema más. La enfermedad. Claro. Un día estábamos comiendo en casa con unos amigos y me empecé a sentir mal, tenía un dolor muy fuerte. Me fui al sanatorio, pensando en que me iban a dar una buscapina, pero me hicieron estudios y me detectaron un tumor maligno en el riñón para operar inmediatamente; no quedaba otra. Después de la intervención, que por suerte salió bien, me dijeron que por un año no iba a poder trabajar, ni hacerme mala sangre, ni nada. No me da la cuenta. No, porque a la salida de la operación, todavía con el tajo, hablé con el productor ejecutivo y le dije: Llamalo a Francisco (Furgang, guionista del film), vamos a hacer No preguntes. Me junté con Fran, y a los dos o tres meses ya estábamos filmando. ¿Tu idea siempre fue dirigirla? Sí, y no, porque yo también tengo cabeza de productor. Pero me reuní con cinco directores de cine, uno más hippie que el otro, que me empezaron a pasar ideas de presupuestos delirantes: grúas de veinte metros para una toma de una ventana a otra. Les preguntaba si se habían drogado y me decían: Esto es arte. Entonces yo les contestaba: ¿Sabés cuánto sale una jornada así?. Ahí entendí que la única forma de que saliera la película era hacerla yo. Pero estaba mal emocionalmente, tenía la palabra cáncer en la cabeza todo el tiempo. A pesar de todos los años dirigiendo publicidad, creía que no era capaz de dirigir un largometraje. Y algunos tampoco ayudaban: hasta el que era mi socio en ese momento me decía que no, que pusiera la plata, pero que la hiciera otro. Eso fue durísimo, pero como siempre le digo a mi hijo: Nadie se arrepiente de ser valiente. Así que dije: Si juego y pierdo, el que se jode soy yo. Si me va a ir mal, que sea con la mía. Al final, el cáncer fue el motor. Hablás del presupuesto y No preguntes tuvo un diseño de producción acotado, poco habitual para un proyecto de esas características. Es que yo sabía que para que fuera rentable tenía que estar hecha en veinte días hábiles, de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. Y además tenía claro que para llegar tenía que filmar más de diez escenas por jornada, dos cámaras, máximo tres planos. Me dijeron que estaba loco, pero la terminamos en diecinueve días. ¿Sueño cumplido o capricho? La concreción de No preguntes, ¿cuánto tiene de sueño cumplido y cuánto de capricho? Mi sueño no era hacer mi primera película, mi sueño es hacer muchas películas y generar mucho trabajo. Cuando yo me sentaba con productores y les decía que quería hacer cine publicitario, me decían que no existía. Para mí sí existe. Es dirigir como sé dirigir, pero reduciendo costos y tiempos. Para atraer inversores, necesitás un producto de calidad, vendible y a un costo razonable. Intenté seguir los cánones del cine clásico y no me funcionó, así que ahora decidí jugar con lo que sé hacer: planos dinámicos, ritmo, reducción de tiempos. Creo que No preguntes es el primer caso de éxito de este modelo en el cine nacional. No porque la hice yo, sino porque demuestra que se puede repetir. Yo no quiero quedármelo, quiero enseñarlo. El tema es cómo contás la historia; yo ensayo todo antes. Mientras maquillaje y vestuario trabajan, yo ensayo cámara, movimientos, luces. Cuando digo acción, ya está todo pensado. Si alguien me propone algo nuevo en medio del rodaje, le digo: Tuviste una hora para pensarlo. La creatividad se explota antes, no durante. Siendo un director novel, ¿cómo fue la relación con los actores y con el equipo técnico? Muy buena. A Mica Riera la elegí yo. Necesitaba alguien que fuera irónica, directa, para interpretar a esta chica que, en busca de trabajo, termina en una oficina completamente surrealista. Yo vengo del ejército; para mí el equipo es todo: si yo como arroz, mi equipo come carne. Por eso sigo laburando con la misma gente. Todos los que estuvieron conmigo en esta película hicieron un gran trabajo, y también se bancaron mi estilo, que no es precisamente convencional. ¿A qué te referís? A mí me cagaron a pedos toda la vida, aprendí así. Hoy es distinto. Te cuento una anécdota: Un día se había roto un vidrio en una locación. Llegué, vi lo que había pasado, y me fui a buscar por el barrio a un vidriero; encontré a uno, me costó convencerlo de que cerrara el local y me acompañara, pero lo logré. Cuando volví, todos me miraban asombrados; a nadie se le había ocurrido cómo resolverlo. Yo estaba recaliente; me acuerdo que Mica me llevó a un costado y me dijo: Esto te pasa porque sos productor y director. Un director no baja a buscar al vidriero, vos sí. Me hizo darme cuenta de que siempre estaba resolviendo. Y no es que no confíe en los demás, es que tardan [risas]. Yo ya resolví mientras otros todavía estaban pensando. Estrenar es una hazaña ¿Cuál es la expectativa de estreno en un año tan complicado para la producción nacional? El cine argentino está muy mal, estrenar es una hazaña. Pero hay que aprender a buscar recursos privados, fusionar productoras, dejar el ego de lado. Faltan opciones; otros países tienen recursos a nivel nacional como el cash rebate o el tax rebate, que atraen inversiones. Hay iniciativas puntuales, pero no algo global, y sería importante que sucediera. En relación a la expectativa, para mí el estreno en salas es fundamental. Con todo respeto a los premios, que ayudan, si la gente paga una entrada para verte, es muy importante. El estreno dice que el cine argentino está vivo. Lo principal es el boca a boca. Hoy todo es más rápido, la atención dura poco; si la película engancha, funciona. ¿Y después? Con No preguntes estamos viendo la distribución internacional y también negociando el estreno en plataformas. Este año voy a filmar Al dente, una comedia romántica también escrita por Francisco Furgang, y terminé el piloto de una serie sobre bullying que se va a llamar Dont Bully Me. La historia de Tito Lectoure ¿Qué pasó con el proyecto que tenías relacionado con la historia de Tito Lectoure y del Luna Park? Todavía no puedo contar mucho, pero también quiero que salga en 2026. Va a ser una serie de ficción para plataformas que va a contar toda su historia, y también la del Luna. Tengo todos los derechos firmados, estamos trabajando en el guion y en breve voy a comenzar con el casting de actores. Es un proyecto muy ambicioso, pero que me entusiasma mucho. Lectoure tuvo una vida increíble, que la mayoría no conoce. Si sale como la imagino, te aseguro que se van a sorprender. ¿Ahora sí se puede decir que volviste de lleno al medio? No sé, pero lo que sí sé es que yo quiero que los pibes tengan oportunidades; el sistema debería apoyarlos y yo trato de hacerlo desde mi lugar. Este ambiente es muy envidioso y egoísta; mucha gente se olvida de dónde viene, yo no. Siempre me voy a acordar con mucha gratitud de Gabriel Fierro, mi primer jefe en la época de Telefe y el que me enseñó a producir; y de Nicolás Bornancini, el otro socio de mi productora, que creyó a ciegas en mí. Yo sé quién me ayudó y quién no, y a muchos les jode que me vaya bien, pero no pienso parar. El cine hoy es difícil, pero se puede hacer. Y si se puede hacer, lo voy a seguir haciendo.

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