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» La Nacion
Fecha: 12/03/2026 07:24
Omar González hizo todo lo que estuvo a su alcance para que le devolvieran el hotel familiar que fue instrusado en 2014, y lo logró - 5 minutos de lectura' A veces, algunos sueños se transforman en pesadillas. Eso fue lo que le sucedió a Omar González en el barrio de Balvanera: lo que era un hotel que le daba vida al barrio con el tiempo se convirtió en un calvario debido a la usurpación de esa propiedad. Todo comenzó cuando sus padres, en 1966, consiguieron ser dueños de un PH en la calle Tucumán 2583. La historia es una más de las tantas que ya conocemos en nuestro país: dos inmigrantes españoles que llegaron desde Galicia con el sueño de progresar. Y ese sueño empezó de a poco a concretarse. Durante más de cinco décadas, la pareja se encargó de administrar y hacer todas las tareas del hotel. El tiempo pasó y las fuerzas de la juventud se fueron desvaneciendo. En primera instancia, la madre de Omar se enfermó de Alzheimer y, de a poco, los recuerdos de aquellas habitaciones llenas de vecinos empezaron a borrarse. Su esposo y su hijo la acompañaron durante toda su enfermedad, al mismo tiempo que sostenían la difícil tarea de mantener en funcionamiento el hotel, debido a los gastos económicos y emocionales que conllevaba la labor. Ya con 85 años, el padre de Omar decidió retirarse a cuentagotas. Le costaba soltar ese lugar que tanto significaba para él. De esta manera, Omar quedó a cargo del hotel hasta que también enfermó. Su cadera le impedía seguir subiendo y bajando las escaleras de la propiedad para que todo continuara en funcionamiento, siguiendo el legado de sus padres. Un par de veces me caí por las escaleras y ese fue el momento en el que decidí cerrar nuestro hotel, ya que implicaba un riesgo y solo no lo podía sostener, cuenta Omar González. Fue a partir de ahí, en 2014, que el calvario empezó. La gran mayoría de los huéspedes entendió la situación y fueron evacuando el espacio, luego del aviso anticipado de Omar, quien decidió optar por el diálogo debido a que conocía hacía tiempo a las personas que solían hospedarse en su propiedad. Sin embargo, dos de ellos nunca se fueron. Siempre intenté convencerlos a través del diálogo, hasta que un día me encontré con que me habían cambiado la cerradura de mi hotel y me impedían el paso por la fuerza, cuenta González, de 73 años. En ese momento estaba en shock y con el tiempo sentí una mezcla entre tristeza e impotencia por ver en qué se convirtió lo que había sido el sueño y el esfuerzo de mis padres, añade Omar. De vivir un sueño a una pesadilla Estuvo más de una década afectado por la situación, la cual por momentos empeoraba: una vez fue llamado por un vecino debido a que había una pérdida de agua dentro de las habitaciones del hotel usurpado y en otras oportunidades a causa de conflictos entre los dos hombres que habían tomado el lugar. El momento cúlmine fue cuando Omar fue amenazado por uno de los usurpadores con un cuchillo a la altura de su pecho en uno de sus intentos de hacer entrar en razón a los okupas, debido al riesgo edilicio que empezaba a haber por la falta de cuidados que no se habían podido realizar y la consecuencia inevitable del deterioro estructural. Durante todos esos años, a veces con más o menos fuerza, Omar intentó por diferentes vías legales recuperar su propiedad. Siempre sin éxito. Y no fue hasta enero de este año que, al ver otras noticias sobre propiedades recuperadas, decidió escribirle una carta directamente al Jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, y entregarla en la sede de Parque Patricios, justo frente a un espacio verde en el que Omar había pasado toda su infancia. Al principio no tenía muchas esperanzas, pero al ver que instantáneamente me la recibieron, abrieron un expediente y no la cajonearon, sentí que esta vez podía ser distinto, relata Omar. En un mes y días, su propiedad fue recuperada y es hoy una de las más de 630 que fueron restituidas a sus dueños durante la actual gestión porteña. Pero no fue la única: la Casa Blaquier, en el casco histórico; el llamado Elefante Blanco de la avenida Olazábal al 3400 en Belgrano que se transformará en un complejo residencial moderno con 140 departamentos; la Casona de Costanera Sur; la Galería del Terror en Nueva Pompeya, por nombrar algunas. Muchas de ellas estuvieron intrusadas durante más de 30, 40 y hasta 50 años. También fueron desalojados exhoteles convertidos en aguantaderos y donde se vendían drogas o se ejercía la prostitución en Constitución, San Telmo y Flores. Y también propiedades que eran un foco de conflicto en los barrios, como el PH que Analía Peluso recuperó en Ravignani 1779 y que estuvo usurpado durante 33 años. Salimos con mi mamá un fin de semana, se metieron y no nos dejaron entrar nunca más, recuerda. Omar González se suma a esa lista y relata sobre su experiencia: Yo ya estaba rendido, daba al hotel por perdido y es una emoción grande recuperar aquella propiedad que había sido de mis padres y que tanto esfuerzo y trabajo les conllevó. Hoy, luego de no haber podido dormir ni comer por la emoción el día que recibió la noticia de la restitución de su propiedad, González vuelve a soñar. Piensa poner en valor nuevamente aquel edificio cargado de historia, aunque aclara que ese destino ya lo demarcarán sus hijos, sus nietos y, por qué no, sus tres bisnietos.
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