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  • Hallan una sorprendente explicación sobre la causa del deterioro de la memoria a medida que pasan los años

    » Clarin

    Fecha: 12/03/2026 06:29

    Investigadores británicos hallaron una bacteria intestinal que prolifera a medida que pasan los años, lo que influye en el deterioro cognitivo. Según determinaron, este patógeno interfiere con la señalización de los nervios sensoriales que conectan con el cerebro. El descubrimiento, publicado en la revista Nature, se realizó en ratones y los científicos aseguran que el circuito intestino-cerebro probablemente se conserva en humanos. Según David Vauzour, bioquímico de la Universidad de East Anglia en Norwich, Reino Unido, esta investigación podría revelar un mecanismo que explique por qué la memoria y la capacidad de aprendizaje disminuyen naturalmente con la edad, y ofrece la esperanza de que las terapias dirigidas al intestino puedan revertir este deterioro. Los efectos de la bacteria parecen similares a otras consecuencias del envejecimiento. A medida que envejecemos, necesitamos cosas como anteojos y audífonos, afirma en Nature el coautor del trabajo, Christoph Thaiss, inmunólogo de la Universidad de Stanford, en California. El singular punto de vista muestra que, así como el envejecimiento causa una disminución de la percepción sensorial del mundo exterior, también podría estar causando una pérdida de la percepción de señales internas, afirman los investigadores. El experimento se realizó en una jaula con ratones jóvenes de dos meses y ratones viejos de 18 meses. Esto equivaldría -según explica el artículo de Nature- a que una persona de 15 años conviva en un espacio reducido con otra de 50 años. Tras pasar un mes en la misma jaula, los ratones jóvenes comenzaron a tener un rendimiento similar al de los ratones viejos en una prueba de laberinto y otra prueba de memoria. En la prueba de memoria, los ratones suelen recordar objetos que ya han visto y, por lo tanto, dedican más tiempo a explorar objetos nuevos. Sin embargo, los animales más jóvenes dedicaron el mismo tiempo a investigar objetos familiares y nuevos, al igual que los ratones viejos. Esto indicó que habían perdido la memoria a corto plazo, cuenta el artículo. Timothy Cox, neurocientífico de la Universidad de Pensilvania, en Filadelfia, también coautor del trabajo, afirmó: Su déficit era tan profundo que prácticamente no se distinguían de los ratones viejos. Era casi increíble. ¿Qué había sucedido? Los microbiomas de los animales jóvenes se habían vuelto similares a los de los ratones mayores. Al vivir cerca y consumir las heces de otros ratones, estos pueden transmitirse fácilmente sus microbios intestinales, señalaron los autores. Los investigadores sospecharon entonces que una o más especies de bacterias presentes en el intestino de los ratones mayores podrían estar causando el deterioro cognitivo. La apuesta por una bacteria Acto seguido, colonizaron ratones jóvenes con diversas especies bacterianas, pero se centraron en una en particular, Parabacteroides goldsteinii. Cuando el equipo trasplantó esta bacteria a ratones jóvenes, empeoró su capacidad para recordar objetos que habían visto antes. A su vez, al administrar a ratones viejos antibióticos que eliminaron sus bacterias intestinales o una terapia con fagos que mató a P. goldsteinii mejoró el rendimiento de los animales en la misma tarea, a niveles comparables a los de ratones jóvenes y sanos. Eduard Chen, que describe en Nature el procedimiento, señala que cuando los investigadores analizaron P. goldsteinii se dieron cuenta de que la bacteria produce altas cantidades de ácidos grasos de cadena media, un tipo de molécula que las bacterias producen para formar sus membranas celulares y como subproducto del metabolismo. Los ácidos grasos de cadena media activan las células inmunitarias llamadas macrófagos a través de un receptor, GPR84, en la superficie celular. Finalmente, mediante otra serie de experimentos que incluyeron la obtención de imágenes cerebrales de ratones y la inhibición o activación de los nervios sensoriales de los animales, el equipo descubrió que los macrófagos, al activarse, liberaban moléculas inflamatorias. Estas moléculas suprimían la señalización a lo largo del nervio vago, circuito que conecta el cerebro con órganos como el intestino. La consecuencia posterior de las bacterias es bloquear la comunicación entre el intestino y el cerebro, lo que conduce a este deterioro cognitivo, afirmó otra de las coautoras, Maayan Levy, inmunóloga de la Universidad de Stanford. Esta es una evidencia concreta de que el microbioma es realmente importante para el envejecimiento cerebral, finalizó John Cryan, neurocientífico del University College Cork, en Irlanda. Y deslizó que las terapias aplicadas al intestino podrían detener o revertir el deterioro relacionado con el envejecimiento en el cerebro mediante la dieta. PS Sobre la firma Newsletter Clarín

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