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» La Nacion
Fecha: 12/03/2026 06:24
Liza Minnelli cumple 80: sus padres fueron famosos, ella conquistó el cine y el teatro y se convirtió en un ícono Liza Minnelli nació, como no podía ser de otra manera, en Hollywood. Y retornó allí hace una década luego de disfrutar de la vida intensa de Nueva York por más de 60 años- para transitar tranquila la última etapa de su vida y alcanzar en serenidad los 80 años, que justamente cumple este jueves. Su padre fue el que muchos nombran como el creador del musical moderno. Vincent Minnelli también fue el autor de excelentes dramas como Cautivos del mal (1952), Como un torrente (1958) o El loco de pelo rojo (1956), sobre Van Gogh, pero será por siempre recordado por musicales de la talla de Melodías de Broadway (1953), Brigadoon (1954), Un americano en París (1951) y Cita en San Luis (1944). Fue precisamente dirigiendo este último film que conoció a Judy Garland, la estrella de la MGM, que había dejado de ser una niña prodigio para convertirse en una de las mejores figuras del género musical, varios años después del suceso de El mago de Oz. Para él fue su primer matrimonio de cuatro, para ella el segundo de cinco; y para ambos, Liza fue su primera hija, que, como era previsible (dado los antecedentes familiares), nació predestinada a ser una artista. Una bailarina, cantante y actriz que siempre estuvo a la altura de ellos. Prueba de eso es que padres e hija conforman el único trío ganador del premio Oscar de la historia. Más allá del talento y de la inclinación hacia el arte, Liza heredó de su padre la ascendencia italiana y la francocanadiense; y de su madre, la escocesa e irlandesa. Esta herencia variopinta es la que, se intuye, determinó con los años su personalidad tan peculiar. Y aunque fue la única hija de ese matrimonio, tuvo varios hermanos; porque tras divorciarse sus padres tuvieron más hijos en sus segundos matrimonios. Liza fue medio hermana de Lorna Luft y Joey Luft, frutos de la relación de su madre con Sidney Luft (el manager de la diva) y también de Christiane Nina Minnelli, que su padre concibió con Georgette Magnani. Sus padrinos fueron nada más ni nada menos que Kay Thompson, la popular cantante y escritora de cuentos infantiles, y el famoso compositor Ira Gershwin. De hecho su nombre se debe a una de las composiciones de Gershwin: Liza (All the Clouds´ll Roll Away). De Hollywood a Broadway Sin dudas su nacimiento en el seno de esa familia (el 12 de marzo de 1946), como el haber formado parte desde un principio de la realeza de Hollywood, le fue propicio. Con solo tres años hizo su primera aparición en la pantalla grande, acompañando a su madre en la escena final de En aquel viejo verano (1949). Luego, de adolescente, se mostró más interesada en el teatro que en el cine, por eso se mudó a Nueva York y se dedicó a estudiar en la Escuela de Música y Artes Escénicas de la ciudad. A los 17 años, en 1963, debutó en el modesto circuito independiente, más conocido como el Off Broadway, en la obra Best Foot Forward (que había sido llevada al cine en la decáda del 40 por Lucille Ball), por la que se alzó con el Theatre World Award, y al año siguiente acompañó a su madre en un espectáculo en el Palladium de Londres. En 1965 ahora sí en el circuito comercial de Broadway-, con la obra Flora The Red Menace, se convirtió en la actriz más joven en recibir un Premio Tony, a los 19 años. Años más tarde alcanzaría otros tres galardones de ese tipo: uno por su show The Act, en 1978, otro Especial en 1974 y un último, en 2009, por su espectáculo Liza´s At The Palace. Cabaret: nace una estrella Sin contar su pequeña aparición infantil en el cine, y quizás advertida por su madre de la oscuridad de pasar una juventud bajo el yugo de Hollywood, Liza rechazó durante varios años cualquier papel cinematográfico; hasta que en 1967 cambió de decisión y probó suerte con Charlie Bubbles, la única película protagonizada y dirigida por Albert Finney. Tal como le sucediera en el teatro, en el cine no tardó en llegarle el reconocimiento y con su segunda película, El cuco estéril (1969) obtuvo su primera nominación al Oscar. Luego participó en Dime que me amas, Junie Moon (1970), del prestigioso Otto Preminger, en la que interpretó a una joven con el rostro desfigurado por un ataque con ácido. Después, su carrera se dividiría en un antes y un después de Cabaret, el segundo opus del genial Bob Fosse, que fue un brutal éxito de taquilla, ganó ocho Oscar (incluído el suyo, como Mejor Actriz Protagónica) y la convirtió en una estrella, al punto que en una misma semana fue portada de las revistas Time y Newsweek (algo que no había sucedido hasta ese momento con ningún artista). En el film encarnó a Sally Bowles, la estrella en decadencia del Kit Kat Club, el cabaret que intenta sobrevivir al auge del partido nazi en el Berlín de los años 30. Desde entonces muchas actrices interpretaron ese personaje en sucesivas reposiciones del musical en teatro, pero Liza lo marcó con su impronta a fuego, y hasta se podría decir que lo inhabilitó. Liza Minnelli es sinónimo de Sally Bowles (y viceversa), tan desfachatada como vulnerable, como Judy Garland lo es de Dorothy, la soñadora e intrépida criatura de El Mago de Oz. Liza nunca consiguió repetir semejante éxito en el cine, pero siguió protagonizando películas notables como Los aventureros de Lucky Lady (1975) o Nina (1976), el último film de su padre, donde compartió cartel con la gran Ingrid Bergman. Un año más tarde conoció el fracaso en la taquilla (injusto por cierto) con New York, New York. Dirigida por su pareja de entonces, Martín Scorsese, y acompañada por Robert De Niro, brindó, luego del de Cabaret, el mejor trabajo de su carrera y sumó a su repertorio el otro gran tema por el cual se la reconoce hasta hoy: la canción que da título a la película. Luego, en 1981, tuvo mejor suerte con la comedia Arthur, el soltero de oro, de la que también protagonizó una secuela en 1988. Desde entonces sus apariciones en la pantalla grande han sido esporádicas. De hecho, la última fue en Sex And The City 2, donde bailó y cantó el contagioso tema de Beyoncé Single Ladies. Luego de ganar el Oscar por Cabaret, en 1973, se alzó ese mismo año con un Emmy por el especial de televisión Liza with a Z (que también dirigió Bob Fosse) y un Globo de Oro, también por la película. Años después sumaría otro otro de estos premios por el telefilm A Time to Live (1986) y un Grammy a la Leyenda (1990). Todos estos galardones, sumados a los Tony que supo cosechar, la convierten en uno de los pocos EGOT. Es decir, en una de los contados artistas norteamericanos que han sido reconocidos tanto por la industria del cine como de la televisión, la música y el teatro. También fue merecedora de un Bafta (premio del cine británico) por Cabaret, entre numerosos galardones. Y en 2011 fue condecorada con la Legión de Honor por el gobierno francés. Más allá de su carrera cinematográfica, a lo largo de los años Liza ha desarrollado una exitosa y reconocida trayectoria musical, mezclando temas de sus películas con baladas y canciones pop. Y a pesar de los vaivenes de la salud (fue operada dos veces por un cáncer de mamas, por ejemplo), las adicciones y las constantes recaídas y recuperaciones, nunca dejó de cantar y de maravillar a las audiencias con su potente voz de contralto y su enorme capacidad interpretativa, a lo largo y ancho del mundo, incluso en compañía de figuras legendarias como Frank Sinatra, Sammy Davis Jr y Charles Aznavour o, un poco más cerca en el tiempo, al lado de Luciano Pavarotti. En la Argentina se presentó como cantante en cuatro ocasiones: tres veces en el Luna Park (en 1993, en 1995 cuando incluso bailó un tango con Julio Bocca, y en 2012) y una en el Teatro Gran Rex (en 2007, momento en el que además participó del programa de Susana Giménez). Aunque pocos lo recuerden, también visitó el país en los 1979, luego de que Magdalena Ruiz Guiñazú la fuera a buscar a Rio de Janeiro y la convenciera, a pedido de Cacho Fontana (por ese entonces director general de Canal 11), de que participara de una entrevista en los estudios de esa emisora e interpretara, además, cuatro canciones acompañada por la orquesta de Horacio Malvicino. Liza y el amor Como sus padres, tuvo una vida personal agitada. Además de su relación con Scorsese, y de otra también muy publicitada con Peter Sellers, Liza se casó en cuatro oportunidades. La primera fue con el músico Peter Allen (con el que estuvo entre 1967 y 1972), el protegido de su madre Judy. Después vendría Jack Haley Jr, hijo del mismísimo Hombre de hojalata, Jack Haley (1974-1979), el compañero de su madre en El Mago de Oz. Tras las terceras nupcias con el escultor Marc Gero (1979-1992), su pareja más longeva, llegó el breve matrimonio con el promotor de conciertos David Guest (2002-2003), y si bien la pareja había anunciado la adopción de un bebé (que sería el primer hijo de Liza) todo quedó en la nada cuando la actriz descubrió la homosexualidad de su nuevo consorte, algo que ya le había sucedido en varias ocasiones con los hombres, empezando con su primer marido. Desde entonces Liza no volvió a creer en el amor, o al menos a intentar formar una pareja. Se refugió en el afecto de su familia de origen (en ese sentido fue clave la reconciliación con su medio hermana Lorna Luft, también cantante, con la que había estado mucho tiempo distanciada) y, especialmente, en el de sus más íntimos amigos. No es de extrañar, por esto, que cuando el pianista y cantante Michael Fierstein (su más fiel confidente) se trasladó por cuestiones profesionales a Los Angeles, Liza (todo un ícono de Nueva York) no dudó en abandonar su amplísimo piso del Upper East Side (con vistas al Central Park) para montar un nuevo hogar en el corazón de Hollywood, el lugar donde nació y comenzó su leyenda. Liza y la salud Otro de los motivos que decidió su mudanza para siempre a la costa oeste de los Estados Unidos, en 2015, fue la inclemencia del tiempo. Hacía años que Liza venía sufriendo de reuma y artritis (afección por la cual debió someterse a un reemplazo completo de cadera) y los inviernos neoyorkinos conspiraban contra su mejoría. Su estadía permanente en la zona de playa, a medio camino entre Malibú y Beverly Hills, con temperaturas cálidas la mayor parte del año, auspiciaban sino una recuperación al menos una moderación de los síntomas. Pero lamentablemente su salud se vio deteriorada al reaparecer algunas secuelas de la encefalitis viral sufrida en 2000 (problemas motrices, sensoriales y períodos de confusión). Y lo que era una condición privada se hizo pública en la entrega de los Oscar de 2022, cuando fue invitada para sorprender a la teleaudiencia mundial (a 50 años del estreno de Cabaret) y anunciar el premio más importante de la noche, el de Mejor Película. Pero la sorpresa de la velada terminó siendo la cachetada que Will Smith le dio a Chris Rock y, a la hora de pronunciar el nombre de CODA. Señales del corazón junto a Lady Gaga, Liza en sillas de ruedas- se mostró balbuceante y perdida. De todos modos, fue distinguida por sus pares con una ovación de pie y su sola presencia se erigió en el momento más sensible y amoroso de la jornada, en contraposición a la violencia vivida un rato antes en ese mismo escenario. Un par de días después, su amigo fiel (el cantante y músico de jazz y pop clásico) Michael Fierstein se mostró enojado por la manera en que Liza había sido expuesta en la ceremonia. Al parecer ella había pedido aparecer sentada en una silla de director (todo un símbolo cinematográfico) y no en una para personas con discapacidad, como a último momento fue obligada a utilizar. Si es así, como ella misma ahora asegura en la autobiografía que acaba de publicar (Kids, Wait Till You Hear This!) la Academia de Hollywood se perdió de homenajear en vida y como correspondía a uno de los mayores íconos del espectáculo norteamericano de todos los tiempos. ¿Y si este año intentan reparar el agravio invitándola nuevamente?
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