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» La Nacion
Fecha: 11/03/2026 17:13
Bullying Entrá a la guía de Fundación La Nación y encontrá los tips de los expertos sobre cómo prevenir, actuar y encontrar ayuda frente a este problema El viernes 5 de septiembre del año pasado, una niña de nueve años de la ciudad de Tucumán no dio más. Paula, su mamá, recuerda que desde hacía meses repetía la misma frase: No quiero ir a la escuela. Ese día, después de recibir varios audios en su celular que, según cuenta su madre, habían sido enviados por compañeras de curso, la niña intentó quitarse la vida. En uno de los mensajes le decían: Ya vas a ver lo que te va a pasar el lunes cuando vuelvas a la escuela, reconstruye Paula. La llevaron de urgencia al hospital, donde llegó con un cuadro gravísimo. Estuvo dos semanas en terapia intensiva y tres meses internada en el Hospital Avellaneda. Nos hicieron entrar a despedirla. Nos dijeron que no había esperanza, explica su madre. Contra esos pronósticos iniciales, la niña sobrevivió y hace pocas semanas cumplió 10 años. Pero su vida y la de su familia cambió por completo. Le cuesta caminar. También armar una frase larga. Escribe, pero invierte letras o desordena palabras. Está en tratamiento: fisioterapia, terapia ocupacional, psicología, fonoaudiología, psiquiatría y neurología. Era una nena superalegre. Hoy me dice que tiene miedo de compartir tiempo con otros chicos porque son malos, cuenta Paula. A veces acepta ir a una plaza, pero evita jugar con chicos. Me duele el alma tener a mi hija así, agrega su madre, que está pidiendo una maestra domiciliaria para su hija, pero aún no lo consigue. Su historia pone sobre la mesa la cara más dura del bullying: el enorme impacto que esta forma de violencia entre pares puede tener en la salud mental de niñas, niños y adolescentes. El fenómeno se repite cada año con el comienzo de clases: chicos y chicas que no quieren ir a la escuela. Los especialistas insisten en que esta negativa persistente no debe minimizarse. Que un chico llore para no entrar al colegio, que quiera escaparse o que se niegue sistemáticamente a asistir puede ser una señal de alarma. Además, advierten que estos episodios aparecen a edades más tempranas. Vemos cada vez más casos graves de bullying en la escuela primaria, no solo en la secundaria, señala Silvia Ongini, psiquiatra infantojuvenil del Departamento de Pediatría del Hospital de Clínicas. Según relata su madre, el hostigamiento contra la niña tucumana comenzó a mediados del año pasado. Ahí empezó el martirio. Eran tres chicas que le hacían la vida imposible, dice Paula. Su hija no le contaba algunas cosas y Paula empezó a enterarse por otros chicos o por madres del curso. Una de las mamás que tenía un kiosco, por ejemplo, me contó que estas nenas le sacaban todo lo que compraba. Había días en que sacarla de la cama era una pelea. No quería ir a la escuela, recuerda. En agosto pasado, la niña le pidió a su madre que hablara con los padres de las chicas que la hostigaban. Paula dice que intentó hacerlo: envió mensajes y buscó contacto. En la escuela, agrega, tampoco se tomaron medidas. Ese viernes le pedí al papá de mi hija que hablara con el papá de una de las nenas cuando la fuera a retirar de la escuela, recuerda. El padre de esa nena le preguntó delante de todos si le había hecho algo a mi hija y la nena lo negó, dice Paula. Horas después ocurrió el episodio que cambiaría todo. Ese día hacía mucho frío. La hija de Paula había vuelto de la escuela y estaba en su habitación. A la noche, la madre salió a hacer unas compras a un comercio a pocas cuadras de su casa. Su marido estaba trabajando. En la casa quedaron sus dos hijas: la niña de 9 años y su hermanita de 6. Cuando estaba terminando de hacer las compras, me sonó el teléfono. Era mi hija más chica, dice Paula. Mientras corría desesperada hacia su casa, llamó a su pareja y le dijo que algo le había pasado a su hija mayor. Entré y le pregunté a mi hija más chica dónde estaba su hermana. Me dijo que en el baño, recuerda. Lo que vino después es un remolino confuso. Salió a la calle con su hija en brazos, prácticamente sin ver nada. Un vecino los llevó de urgencia al hospital. Si no era por él, no llegábamos, asegura Paula. El año pasado, LA NACION contó la historia de Nazareno, un adolescente de 13 años que en 2024 se quitó la vida tras sufrir bullying durante años. Su caso, como el de la niña tucumana, volvió a poner en agenda el impacto que el hostigamiento escolar puede tener en la salud mental de los chicos. Ongini explica que el bullying provoca sentimientos de soledad, aislamiento y rechazo. Y agrega: Eso está en la raíz de muchos trastornos de ansiedad y depresión. Advierte que el impacto traumático puede prolongarse durante años. Ansiedad, depresión, aislamiento, baja autoestima. El impacto traumático del bullying es muy serio y muchas veces, si no se trabaja, afecta a lo largo de toda la vida. Cuando el hostigamiento se prolonga y el chico siente que nadie lo escucha, el riesgo aumenta. Después de pedir ayuda reiteradas veces y sentir que el contexto es negligente y no valida lo que sufre, el chico siente que nada va a cambiar, que sólo debe aguantar. Es cuando pueden surgir ideas de muerte, describe Candelaria Irazusta, psicóloga infantojuvenil y fundadora de Anti Bullying Argentina. Según un informe reciente de Unicef, el principal factor que afecta la salud mental de niños y preadolescentes menores de 14 años es la discriminación, el bullying y el ciberbullying: así lo mencionó el 43% de los chicos consultados. En el caso de su hija, Paula está convencida de que la escuela podría haber tomado medidas a tiempo: Yo siempre le enseñé a mi hija que si alguien le hacía algo, pidiera ayuda. Y cuando lo hizo, no la escucharon. La familia vive el presente día a día, entre tratamientos médicos y cuidados permanentes. La tenía totalmente sana. Y hoy estamos pasando todo esto, dice Paula. Hay algo que todavía le duele especialmente: cuando el caso salió a la luz, recuerda, muchas voces lo presentaron como un hecho aislado. Pero para ella no lo es. Lo único que pido es que estas cosas no vuelvan a pasar. No le deseo a ningún papá que pase el sufrimiento que estamos pasando nosotros, concluye.
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