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  • El verdadero riesgo no son los therians: es la deshumanización

    Concepcion del Uruguay » La Pirámide

    Fecha: 11/03/2026 14:24

    El verdadero riesgo no son los therians: es la deshumanización En los últimos meses, videos de adolescentes que se identifican como therians (jóvenes que adoptan de forma simbólica comportamientos o rasgos asociados a animales), circularon con rapidez en redes sociales. Algunos analistas que estudiaron el fenómeno advierten que los therians no deberían leerse como una curiosidad de internet, sino como un síntoma de malestar generacional. La identificación animal funcionaría, en muchos casos, como mecanismo de evasión frente a la ansiedad, refugio simbólico o búsqueda de pertenencia en comunidades digitales. El problema, sin embargo, no se agota ahí: explorar identidades no resuelve necesariamente los conflictos que las originan. Si la identificación se vuelve un escudo permanente frente a la realidad, puede derivar en aislamiento o desconexión con el mundo material (esfera física y tangible). Ese malestar aparece también en indicadores más amplios. Un informe global sobre salud mental, el Global Mind Health Report 2025, elaborado por la organización Sapien Labs a partir de respuestas de más de un millón de personas en 85 países, detectó un deterioro sostenido en el bienestar psicológico de los adultos jóvenes, en el cual casi la mitad presenta problemas clínicamente relevantes. La brecha generacional es notoria: los mayores de 55 años mantienen niveles de bienestar psicológico cercanos al estándar saludable, mientras que cada generación joven muestra más dificultades para afrontar la vida. Los investigadores identificaron factores estructurales que explican buena parte del fenómeno: deterioro de vínculos familiares, pérdida de sentido de propósito o espiritualidad, uso temprano de celulares y consumo elevado de ultra procesados. En el estudio concluyen que el deterioro describe una crisis ambiental y cultural. En ese contexto, el fenómeno de identidades extremas se empieza a mostrar como señal de alerta. La psicoanalista Mariela Notari lo plantea con una frase breve: Se necesita de otro para constituirse psíquicamente. La adolescencia es el momento en que esas referencias entran en crisis; las identificaciones de la infancia deben ser revisadas y reconfiguradas. El adolescente necesita encontrar modelos, ideales y horizontes que le permitan construir una respuesta propia frente al mundo. Como explica Notari, se trata de producir una especie de desenlace de esa constitución en progreso es decir que el adolescente vaya esbozando una posible respuesta para vivir en esta sociedad. Cuando esos modelos se vuelven difusos o inconsistentes, la identidad queda expuesta a una búsqueda más errática. La psicóloga Carolina Joannas recuerda que este proceso no es necesariamente patológico, la adolescencia siempre implicó experimentación identitaria. En otras épocas adoptaba la forma de tribus urbanas, subculturas musicales o comunidades juveniles, hoy esas búsquedas se expresan en nuevas comunidades digitales. En muchos casos, estas identificaciones funcionan como exploración simbólica y pertenencia grupal. No implican ruptura con la realidad ni deterioro del funcionamiento cotidiano, como señala Joannas, se trata de procesos donde el joven puede hablar del tema con cierta flexibilidad: la persona puede hablar del tema con flexibilidad (me gusta, me representa, me ayuda), no hay ruptura marcada con la realidad. Otra cosa muy distinta es cuando aparecen señales de alerta clínica: certeza absoluta de transformarse físicamente en animal, alucinaciones, conductas de riesgo o deterioro abrupto en la vida cotidiana. Pero incluso en esos casos, advierten los profesionales, el diagnóstico no puede surgir de la viralidad ni del juicio colectivo. La reacción social, de hecho, puede agravar el problema. Notari advierte que la adolescencia es un período de vulnerabilidad subjetiva donde confluyen factores como soledad, bullying o dificultades de pertenencia. En ese contexto, etiquetar puede ser profundamente dañino. Siempre es un riesgo etiquetar, porque cierra en un sentido. La etiqueta detiene y encierra en un solo sentido: el que nombra y nada más. La adolescencia, en cambio, es precisamente lo contrario de una etiqueta: es un proceso abierto de resignificación. Frente a esa fragilidad identitaria, muchos jóvenes adoptan lo que Joannas describe como trajes imaginarios: identidades transitorias que les permiten atravesar el proceso de transformación psíquica. Criticarlas o patologizarlas de inmediato puede aplastar la función protectora que cumplen en ese momento. Pero el fenómeno también obliga a mirar más allá de los individuos La cultura contemporánea ofrece menos relatos colectivos que en generaciones anteriores. La psicología ya había observado este desplazamiento, Joannas recuerda la idea de que hoy los jóvenes ya no encuentran grandes ideales o proyectos comunes con los que identificarse. En su lugar aparecen microcomunidades basadas en rasgos específicos de identidad o consumo cultural. Esa fragmentación tiene consecuencias profundas. Como menciona la psicóloga Carolina Joannas citando a Cristina Rother de Hornstein, a los adolescentes se les han roto los espejos en los que se miraban. No solo el espejo de la infancia, sino también el del mundo adulto. Las instituciones, las narrativas colectivas y las promesas de futuro se volvieron más inciertas. En ese paisaje, la identidad se construye entre fragmentos. Por eso la pregunta más relevante no es si algunos jóvenes dicen ser animales, sino qué experiencia emocional del mundo humano los lleva a formular esa frase. Notari ofrece una respuesta, Las carencias que restan humanidad son muchas. El individualismo y el sufrimiento también son muchos. La paradoja es evidente, una cultura obsesionada con el rendimiento, la exposición permanente y la optimización de la vida cotidiana puede terminar generando subjetividades más frágiles y solitarias. Frente a eso, la reacción pública suele elegir el camino más fácil: las risas y el sarcasmo, pero hay otra posibilidad. La psicóloga Joannas recupera una idea trabajada por Alicia Stolkiner a partir del concepto de hospitalidad desarrollado por Jacques Derrida y Anne Dufourmantelle: Hospitalidad es una posición de apertura al otro, a lo diverso. Estás abierto a lo que el otro diverso trae y que te cuestiona y desarma Ser hospitalario aunque duela. La hospitalidad no implica aceptar acríticamente cualquier fenómeno cultural, implica algo más difícil: escuchar antes de condenar. Quizás ese sea el verdadero desafío, no entender, pero tampoco deshumanizar. Porque si algo revela este debate es que el problema no son solo los jóvenes que buscan nuevas identidades. El problema está en una sociedad que parece haber olvidado cómo mirar a sus propios adolescentes sin convertirlos en objeto de burla o espectáculo. Y entonces la escena inicial (los videos virales, las risas, los insultos, el sarcasmo) cambia de sentido Tal vez el fenómeno no dice tanto sobre ellos, tal vez dice demasiado sobre nosotros. Agradezco la colaboración y aportes profesionales de Lic. Mariela M. Notari (M.P. 1365, psicoanalista), Carolina Joannas (Lic. en Psicología, Mg. en Salud Mental, M.P. 0943) y Lucas Giqueaux (psicólogo, M.P. 2658). Para este artículo también se consultó Un megaestudio alertó sobre la salud mental de los menores de 34 años: las diferencias con los mayores de 55, publicado por Infobae.

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