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  • Qué es el síndrome de Angelman, el raro trastorno genético que altera el desarrollo neurológico desde la infancia

    » La Nacion

    Fecha: 11/03/2026 11:48

    Qué es el síndrome de Angelman, el raro trastorno genético que altera el desarrollo neurológico desde la infancia El 28 de febrero se conmemoró el Día Mundial de las Enfermedades Raras, una fecha que busca visibilizar condiciones poco frecuentes pero de alto impacto sanitario y social. Entre ellas se encuentra el Síndrome de Angelman (SA), un trastorno genético del neurodesarrollo que, pese a los avances en diagnóstico molecular, continúa enfrentando demoras diagnósticas y errores clínicos frecuentes. Se estima que cerca del 50% de las personas con SA reciben inicialmente diagnósticos equivocados y que más del 70% espera al menos un año para acceder a la confirmación correcta. Se trata de una condición poco conocida pero profundamente transformadora para las familias. El SA afecta aproximadamente a 1 de cada 12.000 a 20.000 nacimientos, según datos de la Mayo Clinic y de otras fuentes internacionales. En la Argentina no existen cifras oficiales consolidadas de prevalencia, aunque especialistas locales coinciden en que el número estimado sería similar al reportado a nivel global, además de los posibles subdiagnósticos. El desafío frente a esta enfermedad no es solo médico, es también social, educativo y emocional. El síndrome de Angelman es un trastorno genético del neurodesarrollo, explica el genetista Gabriel Ércoli. Se caracteriza por un retraso global del desarrollo o una discapacidad intelectual severa, un compromiso marcado del lenguaje hablado y dificultades en el movimiento y el equilibrio. También presenta un perfil conductual distintivo, con risa frecuente, excitabilidad e hiperactividad motora. Las convulsiones son habituales, al igual que la microcefalia, afección en la que la cabeza es más pequeña de lo esperado para la edad. Los primeros signos suelen advertirse alrededor de los seis meses, aunque el patrón clínico típico se vuelve más evidente después del primer año de vida. Signos que deberían alertar La sospecha clínica suele comenzar con demoras claras en los hitos del desarrollo entre los seis y doce meses, sin pérdida de habilidades previamente adquiridas. Un dato orientador es el lenguaje expresivo mínimo o ausente, con mejor comprensión y comunicación no verbal que capacidad de hablar. En el consultorio se repite mucho una frase: Nos entiende más de lo que puede decir, señala Ércoli. El trastorno del movimiento es otra pista relevante: marcha inestable (ataxia), temblor de extremidades, aleteo de manos, excitabilidad y sonrisa frecuente conforman un cuadro sugestivo. Las cifras ayudan a dimensionar la carga clínica: las convulsiones aparecen en alrededor del 90% de los casos; los problemas de sueño en el 80% al 90%; los trastornos gastrointestinales en torno al 85%. El estrabismo se describe en el 40% al 50% y la escoliosis puede presentarse hasta en la mitad de los pacientes, especialmente en la adultez. En los primeros años, muchos niños presentan retraso psicomotor inespecífico y convulsiones, lo que abre un amplio abanico diagnóstico. Puede confundirse con parálisis cerebral, encefalopatías estáticas o enfermedades mitocondriales. También existe superposición con otros trastornos del neurodesarrollo, incluido el espectro autista. Muchas veces el diagnóstico llega cuando se deja de evaluar un síntoma suelto y se reconoce el patrón completo, explica Ércoli. Incluso cuando la sospecha es fuerte, cerca del 10% puede quedar sin confirmación molecular con estudios estándar, lo que prolonga la incertidumbre. Por qué se produce En términos simples, el problema se origina en el funcionamiento de un gen clave para el cerebro, llamado UBE3A. En las neuronas, por un mecanismo natural, solo funciona la copia que proviene de la madre. Cuando esa copia no trabaja correctamente, el cerebro pierde una herramienta esencial para regular y ordenar el funcionamiento de sus células. Cuando esa copia materna no se expresa o no funciona, se altera un mecanismo básico para el funcionamiento neuronal, detalla Ércoli. Y lo explica con una imagen: En ciertas neuronas se pierde una herramienta de control de calidad, y eso impacta sobre el desarrollo de los circuitos del cerebro. El síndrome se produce por alteraciones en una zona específica del cromosoma 15 (15q11.2-q13), que terminan afectando el funcionamiento del gen UBE3A de origen materno, que es el que debe estar activo en el cerebro. En la mayoría de los casos entre el 65% y el 75% falta un fragmento de ese cromosoma, lo que se conoce como deleción. En otros pacientes, el niño hereda dos copias del cromosoma 15 del padre y ninguna de la madre (disomía uniparental paterna), lo que ocurre en aproximadamente el 3% al 7% de los casos. También pueden existir defectos en el mecanismo de impronta que regula qué copia del gen debe activarse o cambios específicos en la secuencia del gen UBE3A, que explican cerca del 11% de los diagnósticos. El estudio de metilación detecta aproximadamente el 80% de los casos, y el análisis de secuencia agrega otro 11%, lo que permite identificar una alteración causal en cerca del 90% de los cuadros clínicos típicos. En la mayoría de las familias se trata de una alteración de novo, es decir, no heredada, con bajo riesgo de recurrencia. Sin embargo, en situaciones menos frecuentes puede existir riesgo elevado en futuros embarazos, por lo que el asesoramiento genético resulta clave. Evolución en adolescencia y adultez La médica genetista Valeria San Rame señala que se conoce mucho sobre la infancia, pero menos sobre la vida adulta. En la adolescencia suelen disminuir las crisis epilépticas y mejorar parcialmente los trastornos del sueño, aunque puede aumentar la ansiedad. También aparecen afecciones musculoesqueléticas como escoliosis y mayor rigidez. En la adultez, las personas mantienen lo aprendido y sostienen habilidades adquiridas a lo largo del tiempo, aunque continúan necesitando apoyos. Las convulsiones tienden a disminuir en la adolescencia, pero pueden reaparecer en la adultez, generalmente con menor frecuencia que en la infancia, indica San Rame. Persisten, además, los trastornos del sueño, el trastorno del movimiento, la ansiedad, el reflujo gastroesofágico, el estreñimiento, la escoliosis y otros problemas ortopédicos. En la adultez también pueden incrementarse el sobrepeso, los problemas de salud bucodental y las afecciones oftalmológicas, destaca la especialista. La información sobre envejecimiento y expectativa de vida todavía es limitada, aunque en los últimos años comenzó a ampliarse. Con acompañamiento adecuado, muchas personas con síndrome de Angelman pueden tener una buena calidad de vida, señala la genetista. La expectativa de vida parecería ser cercana a la normal, aunque no existen datos definitivos. La vida independiente no suele ser posible. Hoy no existe una cura definitiva. El abordaje se centra en tratar las manifestaciones y prevenir complicaciones. La rehabilitación es un eje central desde los primeros años. El abordaje debe comenzar lo antes posible, subraya San Rame. La estimulación temprana permite aprovechar la plasticidad cerebral de los primeros años e intentar potenciar la adquisición de habilidades dentro de las características propias del síndrome. La fisioterapia y la terapia ocupacional favorecen el desarrollo motor y la autonomía, y la fonoaudiología cumple un rol clave en la comunicación no verbal, a través de sistemas aumentativos y alternativos. Sin embargo, advierte la genetista, el equilibrio es fundamental: Más horas de terapia no siempre significan mejores resultados, y muchas veces generan una sobrecarga en el niño y las familias.

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