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  • Comer en el trabajo: un nuevo estudio reveló un dato alarmante

    » Clarin

    Fecha: 10/03/2026 14:17

    Un nuevo informe, difundido por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA), pone el foco en un aspecto muy poco estudiado del mercado laboral: cómo comen los trabajadores. Y el resultado que arroja es preocupante: la mayoría de los asalariados sacrifica cantidad o calidad de sus comidas por falta de recursos. El informe "La alimentación y comensalidad en población asalariada de la Argentina" fue elaborado en colaboración con Edenred, una empresa de servicios corporativos, y se basó en una encuesta nacional a 1.171 trabajadores asalariados formales (se excluyó el servicio doméstico) y analizó cómo ellos comían en su jornada laboral. El resultado, enfatiza el texto, expone un panorama crítico: solo el 16,5% de la fuerza laboral está libre de privaciones alimentarias. Es decir, que más de 8 de cada 10 enfrenta algún tipo de vulnerabilidad a la hora de alimentarse. Y lo más preocupante: casi 1 de cada 4 asalariados (22,6%) directamente no come durante su jornada laboral. Ianina Tuñón, investigadora responsable del informe en el ODSA-UCA, explicó que el 61,1% de los asalariados se saltea comidas, lo que ocurre con mayor frecuencia en los jóvenes de entre 18 y 29 años (70,7%). Por otra parte, el 78,5% de los trabajadores opta por alimentos menos nutritivos por motivos económicos, cifra que llega al 86,7% entre quienes cobran menos de $ 800.000. Los autores del estudio resaltaron otro dato relevante: el 56,2% sufre una doble privación, es decir que más de la mitad asalariada en relación de dependencia no hace siempre la comida en el espacio laboral y además opta por alimentos menos nutritivos. ¿Quiénes tienen esta privación alimentaria combinada, lo que "constituye el núcleo más crítico de la inseguridad alimentaria laboral", como remarca el informe? Nuevamente los jóvenes (66,8% vs. 44,5% en mayores de 60), las mujeres (60% vs. 53,3% en varones), los trabajadores no calificados (71,1% vs. 38,5% en profesionales o directivos), los del sector público (70% vs. 50,3% del sector privado), las poblaciones de menores ingresos (68,8% vs. 32,6% en ingresos superiores) y quienes viven en las regiones del país más postergadas, con lo que sube al 62,3% en el NEA y al 65% en el NOA. Entre quienes sí comen en el trabajo, la mayoría tampoco lo hace de la mejor manera: el 41,5% come en el escritorio, incluso si en la empresa hay comedor (allí va el 38,9%). En el caso de que no haya infraestructura, comen junto a la computadora el 53,1% y el 24% elige espacios públicos, como una plaza o un parque. La infraestructura es importante: cuando hay comedor en la empresa, el 60,6% de los empleados lo utiliza. Uno de cada tres (32,3%) come en soledad. Hay una propensión a que sean mayoritariamente mujeres, mayores de 60 años, lógicamente quienes trabajan en forma virtual y también quienes trabajan en empresas pequeñas, detalló Tuñón, quien enfatizó no solo los aspectos económicos que revela el estudio sino también los hábitos que tienen que ver con la comensalidad para contribuir a una alimentación equilibrada y marcó la necesidad de políticas de comunicación fuertes en este sentido. Según la especialista, "no tomar la pausa está vinculado a aspectos de la autopercepción de la salud y del exceso de peso", y se respaldó en datos de la encuesta: el 48,2% califica su dieta como poco saludable. Es una situación bastante grave porque está por arriba del promedio general. Con 36,6% sobrepeso y 40% obesidad, esta problemática de exceso de peso muy significativa da cuenta de las consecuencias que tienen los hábitos alimentarios de la población en el ámbito laboral, donde pasan gran parte de su tiempo, expresó Tuñón y señaló que más allá de aspectos biológicos y cuestiones genéticas, un índice de masa corporal de 30 o más se da en mayor medida en quienes no pueden hacer la pausa para comer, no tienen infraestructura y eligen alimentos poco nutritivos. El informe detalló que actualmente sólo el 44,4% percibe algún tipo de aporte específico de su empleador para su alimentación, mientras que el 55,6% no recibe nada. El pago de este beneficio se da principalmente en las empresas medianas y en las privadas, entre quienes tienen ingresos altos y jornadas extensas, de más de 45 horas semanales. Tuñón alertó también por el carácter regresivo de este beneficio, ya que quienes están recibiendo aporte de parte del empleador son los sectores sociales mas aventajados del mercado laboral formal. ¿Cuánto gastan los trabajadores en comer? El 36,1% menos de $ 5.000 diarios y el 43,9%, entre $ 5.000 y $ 10.000. Sólo el 20% destina más de $ 20.000 a la comida en el trabajo. La mayoría de la gente prepara los alimentos en su casa: el 37,7% coma lo que se llevó en el tupper y el 19,7% lo complementa con algo más. El 21,8% compra en algún comercio cercano y el resto va a comer a su casa. Respecto de la oferta que tienen las empresas, sólo un 32% cuenta con comedor y un 54% tiene algún equipamiento, como un microondas o una heladera. Las compañías grandes son las que tienen mayor equipamiento o servicio de comedor. Bárbara Granatelli, directora de Asuntos Públicos para Europa, América Latina y Medio Oriente de Edenred, señaló que la reforma laboral abre una oportunidad para abordar estas cuestiones porque "la ley de modernización laboral trajo un cambio profundo en la extensión de los servicios de comedor, que se considera un beneficio social y no paga aportes, ni contribuciones ni ganancias, porque considera como comedor externo a los comercios cercanos al lugar de trabajo de la persona". En este sentido, posibilitará ampliar el beneficio sin necesidad de que las empresas cuenten con un espacio físico y la capacidad de gestión que requiere un comedor. Lo que sugirió es la utilización de una tarjeta prepaga, que los trabajadores puedan utilizar sólo para adquirir alimentos destinados a su consumo durante la jornada laboral. No obstante, admitió, es una decisión que queda a arbitrio de las empresas, pero señaló que genera beneficios para ellas porque diversos estudios de la Organización Internacional del Trabajo "muestran que cuando un trabajador está bien alimentado y puede acceder fácilmente a una comida en su hábito laboral, se nota un incremento del 20% de productividad suplementaria. Un trabajador bien alimentado tiene menos accidentes de trabajo y se ausenta menos porque se enferma menos". "La comida en el trabajo no debería ser un beneficio discrecional, sino una inversión estratégica en salud, equidad y productividad", concluye el informe de la UCA. AS Sobre la firma Newsletter Clarín

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