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  • Ganar feo en el rugby y el ejemplo de un tenista normal ante el fantástico Boris Becker

    » La Nacion

    Fecha: 10/03/2026 09:22

    Ganar feo en el rugby y el ejemplo de un tenista normal ante el fantástico Boris Becker Boris Becker era hermoso. Si los dioses griegos existieran en nuestra época y contaran sus proezas lo harían representados por aquél alemán que en la década del ochenta era invencible cada vez que se ponía shorts y tomaba una raqueta de tenis. Era un súper atleta, talentoso, con tiros temibles. Pero había alguien en el mundo de tenis, alguien muchísimo menos talentoso (según él mismo, para nada talentoso, si tenemos que graficar mejor la idea) que le ganaba bastante seguido. Ese era Brad Gilbert. Gilbert era, lo que se puede decir, un gran jugador del combate mental. Estaba convencido de que lo que alguien no recibió, o no pudo desarrollar al nivel de tipos como Becker, lo puede complementar con astucia. Y es justamente saberse inferior lo que lo ponía en una situación de apelar al ingenio y pensar estratégicamente. No solo astucia, sino también ambición por sentarse en la mesa de los grandes era lo que movía a Brad Gilbert. Así empezó a notar detalles, porciones de información que obtenía de ver una y otra vez a sus grandes rivales, como Becker. Por ejemplo, que cuando las cosas no iban como él quería perdía el control. Detalles, como que cuando la devolución del tiro iba a un lugar diferente al que las probabilidades ofrecía, modificaba sus movimientos de tal manera que lo hacían fallar. Entonces llegó un momento Eureka: estudiar para hacerlo fallar seguido al punto de la crisis nerviosa... Ganar feo, es como llamó Gilbert a su método. No todos son Guardiola Hace poco, en una conversación con alguien hablábamos sobre Guardiola. Ambos lo admiramos. Compartimos detalles sobre su liderazgo, su manera de trabajar en los grupos, su obsesión por cierta belleza estética del juego como una condición distintiva a la que jamás va a renunciar. En un momento me creí Guardiola, me dijo él, pero no soy Guardiola y me di más de un golpe. Y yo también me reconocí alguna vez perdido en esa idealización. Los ídolos sirven como referencias hacia una idea, pero jamás conviene querer parecerse a ellos. El deporte suele caer en esas discusiones un poco vacías sobre la estética. Me viene a la mente aquél reproche de Bielsa a un entrenador italiano cuyo equipo se pasó tirando pelotazos para ganarle, como si todos debieran vivir en ese mismo planeta sentimental e ideológico en materia deportiva. Bielsa es también un ídolo, un referente, alguien que enaltece el mundo deportivo con sus valores, su dialéctica y, sobre todo, su ética de trabajo. Pero en esta columna quiero poner también en tensión esa idea romántica que a veces se ubica como un muro para profundizar en la comprensión del juego. En esto, Bielsa debe coincidir: el deporte debe ser un medio para llegar a una inteligencia. Y alguien preguntará ¿Que tipo de inteligencia? Pienso que si la inteligencia no está al servicio de todos, es solamente un ejercicio egocéntrico. Por eso me gusta traer a Brad Gilbert, porque le habla a los que no tienen el talento de los equipos de Guardiola. Las victorias feas en el rugby Rassie Erasmus ha creado una dinastía con los Springboks en los últimos 8 años ganando los últimos dos mundiales. Y más allá de los títulos, que no dejan de ser una evidencia en un proceso deportivo, lo logró instalando un sello, una manera de hacerlo. Y no es precisamente hermosa, como Guardiola lo hubiese hecho. Los Springboks históricamente han sido un gigante, que por momentos han estado dormidos. Imagino a Erasmus, en los años previos a asumir su rol, relamiéndose por explotar esa fortaleza. Es precisamente esa palabra, la fortaleza, la que distingue a los equipos sudafricanos, que cuando están convencidos y decididos, funcionan como una entidad demoledora. El rugby, es claro, más aún en el plano internacional es un juego en el que para ganar es clave cumplir con ciertos requisitos. A grandes rasgos, una excelente obtención, un 9 que sea la pesadilla de todo rival (e incluso del árbitro) por su conocimiento de cada espacio en la cancha y en las reglas, un pateador preciso y una defensa asfixiante ya son argumentos para pelear por ser la nación dominante. En el check list. Sudáfrica tiene todas. Sumemos: Un plantel tan grande que podría presentar 2 equipos en el mundial. La capacidad atlética y específica tanto para los forwards como para los backs donde tiene velocistas que podrían competir en atletismo. Y ahora multipliquemos. Tienen a Rassie Erasmus, el hombre que llevó el método de Brad Gilbert al lugar de esa seríe que protagonizaba Osvaldo Laport con Grecia Colmenares, Mas allá del horizonte. Escuché muchas veces que Sudáfrica juega a patear, como desmereciendo esa táctica, como si desprenderse de la pelota fuera jugar mal. Hay una idea en el rugby, de que jugar bien es que haya muchos pases y que los wines toquen continuamente la pelota. Probablemente eso funcionaba en el siglo XX, pero el juego hoy es mucho mas complejo. Los jugadores son súper atletas y las defensas muros más impenetrables que la selva de Chaco. No, al rugby no se puede jugar como Gales y Francia nos mostraron en una época. Francia de 2026 es un caso único, una obra en construcción por su autor Fabien Galthie que lleva tiempo y disciplina. Las tácticas de Rassie Erasmus son criticadas porque desafían la estética romántica del rugby. Para muchos puristas, el rugby es un deporte de continuidad y destreza; para Rassie, es un deporte de ocupación territorial y presión extrema. Patear, para ellos, no es entregar la posesión, es una táctica que está pensada desde una comprensión profunda de la mente humana. Y es ahí donde Erasmus es un genio: comprende a la mente humana y sabe que suele ceder ante ciertas emociones. Para eso los Boks son especialistas en Quitar tiempo y espacio. La mente deja de ser racional si continuamente actúa sin tiempo y espacio. En el deporte sirve entender algo: se trata de Actuar o Reaccionar. El que actúa es quien impone su estrategia por sobre el otro. El que reacciona lo hace porque carece de tiempo y espacio, entonces se ve obligado a actuar de una manera que no elegiría. Podemos decir que más que un Head Coach, Rassie Erasmus es un arquitecto de escenarios donde optimiza sus recursos que ponen bajo una presión tal que son pocos los que pueden resistirla. Después está el tema de los semáforos, esas luces que usó para pasar mensajes a la cancha, algo de lo que se habló mas que del juego en sí y puso de mal humor de nuevo a los puristas. O también el de los juegos mentales previos al partido donde deja picando alguna declaración. Por ejemplo, sus halagos hacia Gonzalo Quesada por su trabajo en Italia justo en la previa contra Inglaterra en el 6 Naciones. Los Ingleses, es claro, son un rival indirecto, uno de los candidatos, ya sea por historia o recursos, y aprovechando un Seis Naciones en el que andan a lo tumbos, ¿por qué no tirar un poco mas de confusión al coctel diciendo que su próximo rival tiene un excelente entrenador y que podría ganar el duelo entre ambos? Antes de enojarse, creo que es mejor ejercicio entender los principios del juego. Y todo deporte con pelota tiene que ver con anticiparse y con generar ilusiones en el campo de juego. Te hago creer que voy por acá para, en realidad, ir por allá. La estrategia deportiva consiste exactamente en eso. Incluso Guardiola qué con el Barcelona que casi todos amamos jugaba este juego de posesión eterna que impacientaba a los rivales ( y sus críticos) para en el momento que creían oportuno buscar marcar goles. Tener tiempo y espacio, de eso se trata todo. El rugby, el tenis, el fútbol. Incluso en los negocios tener más dinero puede ser una forma de pensar en tener más tiempo y espacio para tomar decisiones. Ganar feo no es más que un título provocador, o quizá sea solo una manera de nombrar otro camino para llegar al mismo lugar.

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