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» Clarin
Fecha: 09/03/2026 14:16
Toda la cuadra quedó desencajada. Es la calle Rehov Yehuda Halevi de Tel Aviv, frente al Kiryat Sefer Park, blanco del primer misil iraní que el escudo protector de Israel no pudo atajar y convirtió la manzana en una escenografía en coma, a contramano de la vitalidad del resto de la ciudad. Esto no es una trinchera. Es un barrio de edificios de no más de cinco pisos en el centro de la capital que el misil perforó como si fuera telgopor. Un bloque entero de departamentos voló por los aires sin dejar rastros. Y provocó heridas de muerte a las construcciones de los alrededores: al menos tres deberán ser demolidas por los daños estructurales en sus cimientos. La mayoría de la gente que vivía allí se salvó porque llegó a refugiarse en el búnker anti-misiles bajo tierra. La única vecina que murió fue una señora de 101 años que, en el apuro, trastabilló y se cayó mientras intentaba obedecer la señal de alarma. A las pocas horas, el gobierno municipal desplegó un manto de aliento nacionalista sobre los escombros. Plantó banderas de Israel delante de la empalizada para que la memoria emotiva de los israelíes no reviva el espanto que se vivió allí. Entre la rutina y la emergencia Nosotros estamos acá, en la rutina y en la emergencia, se lee sobre las vallas. Este lunes, sobre un estacionamiento en construcción cerca del aeropuerto Ben Gurion cayó otro misil iraní. Murieron dos obreros. Fue milagroso. Estamos enfrente y no sufrimos daños, dice la propietaria de la cafetería Tatti, un local con aire palermitano y pastelería refinada. Roni Kaplan, el portavoz de las fuerzas de defensa de Israel, fue el único que entró en la zona donde cayó el misil. Kaplan confirmó a Clarín que el ataque de Irán se produjo con misiles que contenían bombas racimo, difíciles de detener por el efecto de dispersión de daños que provocan. Los judíos no se irán Joseph Cohen, un rabino de 29 años criaba a sus hijos en un departamento del edificio de al lado al que fue destrozado por el primer misil iraní que descargó su ira sobre Tel Aviv. El día del bombardeo, apenas recibió la alerta en su celular, bajó al refugio con su esposa y sus tres hijos, de 4, 2 años y tres meses. Apenas cerró la puerta del búnker, el estruendo del misil que estaba haciendo añicos los juguetes de sus chicos y la vida que los Cohen llevaban allí le retumbó en la planta de los pies. Sentí el estallido antes de que me pudiera sentar, cuenta el rabino a Clarín. Quiero decir que, a pesar de que todo quedó destruido, los judíos nunca se irán, los judíos permanecerán aquí. Se lo hemos prometido a Dios, dice Joseph. Y aunque todo esté hecho pedazos, le agradezco a Dios que nos haya salvado a mí y a mi familia, agrega. Un empleado municipal custodia el ingreso a su edificio para evitar que los curiosos ingresen a pispear. El rabino tiene autorización para subir a rescatar lo que pueda. Un par de horas después, sale con dos valijas, una negra, de las grandes, y otra más pequeña, violeta. Cruza con el equipaje en el que pudo condensar los años que vivió allí y se sienta a conversar con los voluntarios de una carpa blanca en la que los vecinos que no pueden regresar a sus casas, por temor a que se derrumben después del bombardeo, encuentran compañía, galletitas, agua y jugos. Un grupo de adolescentes con remeras blancas y cascos rojos ayudan a limpiar. Traen escobas, escobillones y palas. Son de la organización One heart (Un corazón) que brinda asistencia civil en tiempos de emergencia. No sé si esta guerra es legal o no. Sólo sé que hay un país que se llama Irán y que todos los días hace una asamblea en su consejo de seguridad donde dicen: Muerte a Estados Unidos y muerte a Israel. En mi religión, en el judaísmo, si alguien trata de matarte, vos lo matas primero, dice el rabino. Sobre la firma Newsletter Clarín
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