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» La Nacion
Fecha: 09/03/2026 11:35
El decreto 4161, publicado el 9 de marzo de 1956 por la Revolución Libertadora, vetaba a la población la posibilidad de mencionar al mandatario derrocado en septiembre de 1955 - 12 minutos de lectura' El decreto 4161 prohibía en todo el territorio del país la utilización de símbolos peronistas: fotografías o esculturas de sus dirigentes, el escudo y la bandera del movimiento, así como las expresiones peronismo, peronista, justicialismo y justicialista, entre otras. También impedía mencionar al presidente depuesto o a sus familiares, difundir sus discursos o interpretar canciones como la Marcha de los Muchachos Peronistas o Evita Capitana". La pena por incumplir esta norma variaba de 30 días a seis años de prisión y penas que iban de 500 a un millón de pesos. El decreto, que fue publicado el 9 de marzo de 1956, hace exactamente 70 años, lleva la firma del presidente de facto general Pedro Eugenio Aramburu quien reemplazó a Lonardi en noviembre del 55, su vicepresidente almirante Isaac Rojas y otros funcionarios del régimen como Laureano Landaburu, Francisco Martínez o Álvaro Alsogaray. Entre los considerandos de la medida se señala que todos esos nombres y símbolos del régimen derrocado tuvieron por fin la difusión de una doctrina y una posición política que ofende el sentimiento democrático del pueblo argentino. Esta medida de desperonización da cuenta de hasta dónde llegaban las pasiones, los odios y los enfrentamientos en aquellos tiempos de la historia argentina. Al principio, en octubre de 1955, la Libertadora fue muy celebrada y todos los partidos políticos la apoyaron. Poco a poco, las medidas arbitrarias le van restando esa imagen inicial. Entiendo que el decreto de prohibición de nombres y símbolos peronistas es una de ellas. Mucha gente había sido bienintencionadamente peronista... no tenía sentido que les prohibieran cantar la marcha, dice Ariel Kocik, periodista, docente investigador de historia y autor de varios libros sobre el peronismo, en diálogo con LA NACION. La disolución del Partido Peronista Ariel, ¿cómo se llega a decretar directamente la prohibición de nombrar a un expresidente y a un partido? ¿Qué condiciones políticas y sociales pueden llevar a eso? En realidad son dos decretos. El primero es el 3855, de noviembre de 1955, que disolvió el Partido Peronista masculino y el femenino. Los hacen porque consideran que ese partido violó la Constitución al imponer la Doctrina Nacional a todos los argentinos. ¿Qué era lo de la Doctrina Nacional? Era una ley de la nación, la del Segundo Plan Quinquenal, que estableció en 1952 la obligatoriedad de imponer como Doctrina Nacional la doctrina peronista. Era lícito, por ejemplo, que se enseñara en las escuelas. La idea es que el partido es el Estado. Es el auténtico representante de la nacionalidad y todos los recursos del país se subordinan a los intereses del partido gobernante. Una similitud que, más allá de las diferencias, siempre se hace con el fascismo. También, desde el año 1951, el país estaba bajo estado de guerra interno. ¿Qué implicaba eso? Se impuso después de un intento de levantamiento de Benjamín Menéndez contra el gobierno. Los antiperonistas decían que esa ley lisa y llanamente suprimió la Constitución Nacional. No había guerra en la Argentina y Perón se cansaba de decir que era una tierra de paz, pero prolongó el estado de guerra de forma indefinida. Era una legislación totalmente represiva. Prohibición y resistencia Entonces, primero se disuelve el partido y después se prohíbe decir el nombre de Perón, ¿es así? Sí, en marzo del 56 se prohibía eso y el uso de imágenes, símbolos, expresiones significativas, doctrinas, artículos y obras artísticas que aludieran al peronismo. Se prohibía la terminología y todo lo relacionado. ¿Era necesario, para los objetivos del nuevo gobierno, tomar la medida de la desperonización? En esa época lo que se justificaba, en principio, era el derrocamiento de Perón, porque su gobierno no daba para más. La prohibición del nombre era más polémica. Mucha gente incluso veía justificado el hecho de que fueran a prisión los que robaron y torturaron durante el peronismo. Pero la medida del decreto 4161 ya pasaba a ser una tontería. ¿Hubo argentinos presos por violar la ley de desperonización? No veo muchos relatos de personas que hayan ido presas solamente por nombrar a Perón o algún símbolo peronista. Sí hubo detenidos con causas relacionadas a algún tipo de acción de sabotaje, que comenzaban a ser más violentos. Lo que se llamó la resistencia entonces eran pequeños grupos muy improvisados que ponían alguna bomba, o saboteaban la producción. Se lanzaban a la acción y algunos grupos de militares los ayudaban a generar actos contra las autoridades. ¿Tantas prohibiciones no terminaron favoreciendo de alguna manera la persistencia del peronismo? Para mí favoreció en cuanto a la mística. Cuando el peronismo es derrocado en cierto modo hay una liberación de una opresión que ejercía el mismo Estado Peronista y aflora una nueva serie de protestas que vuelve a encender la pasión. La vieja burocracia de sindicatos fue reemplazada por nuevas camadas más combativas. Hubo varias huelgas desde el 56 y a lo largo de los años. ¿Los sindicatos fueron importantes en esa primera resistencia? Sí. Además, un detalle, los sindicatos fueron también un factor importante para refinanciar al peronismo. Al igual que muchos sindicatos, la CGT había sido intervenida, pero en el congreso normalizador de esa entidad del año 57 volvieron a ganar los peronistas, lo que fue una derrota para el presidente Aramburu. Un ramito de no me olvides en la solapa Más allá de estas acciones de resistencia, los relatos justicialistas de entonces aseveran que los partidarios del general Perón habían encontrado una ingeniosa manera de reconocerse entre ellos, burlando las prohibiciones. Se dice que, en aquellos tiempos, el código clandestino para identificarse como peronista era llevar un ramito de no me olvides. Los hombres portaban estas flores en la solapa de sus sacos. Y las mujeres, en el cabello. Además de que el nombre de esta pequeña flor de pétalos celestes y centro amarillo era elocuente en la insistencia en no olvidar al líder depuesto, muchos aseveraban que se trataba de la preferida de Eva Perón, esposa del presidente, fallecida en 1952. Hasta se escribió una oda a las no me olvides, que se atribuye al escritor y ensayista ligado al movimiento justicialista, Arturo Jauretche. No me olvides, no me olvides, no me olvides, volveremos otra vez, dice una de sus estrofas. Fútbol y Marcha Peronista Kocik añade otro escenario en que la gente enfatizaba su apoyo al partido proscripto: las canchas de fútbol. La hinchada de Quilmes cantaba La marcha peronista. Hubo un hincha que lo relató en una nota. El equipo jugaba creo que contra El Porvenir y en la caravana hacia el estadio se empieza a cantar la marcha. Con ganas. Con bronca. La gente alrededor aplaudía y se sumaba a lo que era visto como un acto de valentía. Fue una de las primeras veces que la cantaron masivamente después de la prohibición. Después se hizo una costumbre. La amistad entre Quilmes y Nueva Chicago se hizo por el peronismo, cuenta el historiador. Todo se llamaba Perón Ariel, la prohibición de mencionar a Perón era, si se quiere, extrema, pero eso no quita que, especialmente en el segundo mandato del general, muchas cosas llevaran su nombre. La provincia de Chaco, por ejemplo, era Presidente Perón. Había también un abuso, ¿no? Sí, mirá. Hay una parte del tomo dos del libro Historia del peronismo, de Hugo Gambini, que enumera todas las cosas que llevaban el nombre Presidente Perón, o Eva Perón, o 17 de octubre: provincias, ciudades, barrios, calles, avenidas, plazas, paseos, salones, hospitales, escuelas, puentes, estaciones ferroviarias, aviones, buques, etc, fueron denominados así. Te leo un párrafo de ese libro: Hasta la Biblioteca de la Corte Suprema de Justicia se llamó Eva Perón. Pero el récord de servilismo lo ostentaría el gobernador de Buenos Aires (Carlos Vicente) Aloé, que dispuso que todos los cuerpos celestes descubiertos en el observatorio de Eva Perón (así se llamaba la ciudad de La Plata) fuesen consagrados a Eva Perón e identificados con nombres que exalten sus virtudes. Así se determinó que tres nuevos astros fueran denominados Abanderada, Mártir y Descamisada. Si después del decreto no se podía mencionar a Perón, ¿Cómo se lo llamaba en los diarios, por ejemplo? Tirano prófugo era lo más habitual. Un golpe bien recibido Para poner bien en contexto aquella época: dijiste que el derrocamiento de Perón estaba justificado, porque no daba para más, ¿a qué te referías? Porque económicamente había una crisis y ya era prácticamente imposible sostener el sistema de felicidad social. Con el estado de guerra interno, el autoritarismo era clarísimo. Si hacías una huelga, por ejemplo, eras un virtual enemigo de la nación, en términos militares. La policía podía entrar en la casa de un opositor y llevarlo por una cuestión de seguridad nacional. Había un régimen de tortura organizado en todo el país. Era difícil justificar eso como una democracia legítima. Entonces, ¿la Revolución Libertadora tuvo un cierto consenso en su momento? En sus inicios, la Libertadora fue muy celebrada y todos los partidos políticos la apoyaron. Incluido Alfredo Palacios. La apoyaron también (Julio) Cortázar, ni hablar (Jorge Luis) Borges o (Emilio) Petorutti. Todo el arte y toda la intelectualidad. Incluso el que tuvo una postura favorable a la Revolución Libertadora fue Rodolfo Walsh. ¿Creían que era la única salida posible? Es que en ese momento el peronismo estaba muy demonizado por lo que había pasado en todos esos años. Leés a Luis Alberto Romero, a Tulio Halperín Donghi, uno de los más grandes historiadores que dio la Argentina, y cuando ves lo que escribía en el 56 llamaba directamente dictadura al régimen peronista. Perseguidores perseguidos Otro condimento que aporta Kocik para entender, aunque no justificar, algunas medidas extremas del régimen que derrocó a Perón está en el hecho de que muchos marinos, militares y dirigentes del nuevo gobierno venían de haber estado presos durante el peronismo. La persecución pasó de un lado para el otro. El investigador menciona como ejemplo a Juan Ovidio Zavala, nombrado director nacional de Institutos Penales por la Revolución Libertadora, que venía justamente de haber sido torturado salvajemente durante el peronismo. Como corolario de esta historia, vale decir que Zavala tuvo detenido bajo su jurisdicción al comisario Juan Simón Etchart, que era el que lo había torturado. Pero en lugar de tomar revancha, decidió perdonarlo. Kocik añade que algunos referentes del justicialismo comprendieron cuál era la situación y justificaron el accionar de los vencedores. Es el caso del exdiputado peronista John William Cooke, que, en octubre de 1955, decía: Quienes detentan el gobierno hicieron una revolución y triunfaron por las armas. Este es un título que, nos guste o no, es perfectamente válido en el terreno descamado de los hechos. Aún dentro de la imprecisión de su programa, resulta claro que muchos de sus hombres persiguen determinadas realizaciones de bien público que consideraron imprescindible imponer por la espada. Presos en la Penitenciaría Nacional El citado exlegislador dio sus declaraciones mientras se encontraba detenido en la Penitenciaría Nacional (donde actualmente se encuentra el Parque Las Heras). Allí habían terminado también detenidos otros dirigentes del gobierno depuesto como Jorge Antonio, Guillermo Patricio Kelly, Héctor Cámpora, el mencionado Etchart y Salomón Waserman. También estuvo allí unos 41 días el cantante Hugo del Carril, el más reconocido intérprete de La Marcha peronista. Les tocaba a ellos lo que le había tocado a los opositores antes: pagar con la cárcel, explica Kocik para continuar armando un panorama de la época. Luego, el investigador enumera los cargos por los que habían sido encerrados estos y otros reos: Había investigaciones por corrupción, Etchart y Waserman enfrentaban cargos por torturas, y algunos legisladores estaban acusados de poner su vida a disposición del presidente de la nación (un legislador en teoría se debe al pueblo) y complicidad con el agravio a ciudadanos opositores. El cantar del exvicepresidente Pese al encierro, estos hombres supieron mantenerse fieles a su ideología. Pero hubo otro exfuncionario muy importante del régimen peronista, el contralmirante Alberto Teisaire, que llegó a ser vicepresidente de Perón. Al ser detenido, el marino se decidió a brindar un tremendo testimonio contra el expresidente. Trató al mandatario depuesto de tirano y además aseguró que el líder no abrigó sentimientos de amistad para con nadie. Teisaire, que había llegado a ser el número 2 del peronismo, una vez detenido cantó tantas acusaciones contra Perón y su gobierno, que de inmediato recibió un recordado mote. Lo llamaron el cantor de las cosas nuestras, en referencia al apodo del folklorista de entonces Antonio Tormo, explica Kocik. Se deroga el decreto 4161 El investigador asevera, para concluir, que con el correr del tiempo las medidas impuestas por la dictadura de Aramburu de prohibir la mención de Perón y hacer uso de los símbolos de su partido se fueron haciendo más laxas. Sin embargo, vale recordar que la Revolución Libertadora siguió actuando con violencia contra cualquier intento de retorno al poder del partido depuesto. Un ejemplo de ello fueron los fusilamientos de militares y civiles ordenados por el Ejecutivo en junio de 1956 tras un alzamiento peronista. En 1958, si bien el peronismo y su líder continuaban proscriptos, el presidente democrático Arturo Frondizi lanzó una amnistía para todos los peronistas que se encontraban detenidos. Pero pasarían seis años más para que el decreto 4161 fuera derogado. Fue el 18 de noviembre de 1964. Presidía el país el radical Arturo Umberto Illa. Definitivamente ya no estaba vedado mencionar a Perón en la Argentina. Sin embargo, el general, exiliado en España, todavía tenía prohibido volver a poner su humanidad en suelo argentino. Se lo podía nombrar, pero no se lo podía votar.
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