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  • La red del Kremlin que expande operaciones de desinformación en América Latina y en África

    Buenos Aires » Infobae

    Fecha: 09/03/2026 11:05

    El mapa es claro: en él puede verse, en Sudamérica, dos países resaltados que centran la atención: Argentina y Bolivia. La filtración de cientos de documentos internos de una unidad de inteligencia rusa dedicada a la desinformación expuso la dimensión global de la red de influencia extranjera del Kremlin. Con casi 90 agentes especializados en operaciones de desinformación, la denominada La Compañía -fundada por Yevgeny Prigozhin, el Mayordomo de Putin y ex jefe del Grupo Wagner- destinó 7,3 millones de dólares entre enero y octubre de 2024 a promover los intereses de Moscú en al menos 30 países de América Latina, África y Medio Oriente. Según la investigación de los periodistas Léa Peruchon y Eloïse Layan publicada en Forbidden Stories, estas acciones tienen como objetivo consolidar la influencia de Moscú en el extranjero, debilitando la presencia y las alianzas de países con potencias democráticas a través de campañas coordinadas de manipulación de opinión pública y presión política. Entre las cifras más ilustrativas, los 1.431 documentos muestran que para el periodo de enero a octubre de 2024, La Compañía destinó un presupuesto cercano a USD 7,3 millones -aproximadamente USD 750.000 mensuales- para operar las áreas de ciencia política y medios de su programa global de influencia. Solo en agosto de 2024, USD 340.000 financiaron el proyecto antioccidental denominado Magadán. El gasto mensual para publicación de artículos puede superar USD 300.000, con pagos que alcanzaron USD 10.000 por una sola nota sobre Libia y hasta USD 2.500 a periodistas en Argentina, que no fueron identificados. Base en África Central y América Latina La estrategia rusa, descrita en un dossier denominado Confederación de Independencia, identifica a la República Centroafricana como plataforma estratégica e ideológica central. El documento, fechado en agosto de 2023, subraya: Perder el control de la situación en la República Centroafricana debilita la autoridad de Rusia en todo el continente. La Compañía utilizó ese país como laboratorio para sus métodos y amplió el modelo a naciones como Mali, Sudáfrica y Níger, subcontratando a periodistas y financiando medios como la emisora Lengo Sengo, que solo en mayo de 2024 recibió un presupuesto de USD 100.000. El mismo modelo se trasladó al Sahel -una importante región geográfica al sur del Sahara- con la creación de la Alianza de Estados del Sahel (AES) en septiembre de 2023, formada por Malí, Burkina Faso y Níger, estados que atravesaron golpes militares acompañados de retórica antioccidental. Según los archivos, La Compañía afirma haber sido determinante en la génesis de esta alianza y anticipa la expansión de una coalición antioccidental más grande de África desde 2024 en adelante. Las acciones incluyeron bloqueo de medios europeos, expulsión de ONG y rescisión de convenios de cooperación técnico-militar con Occidente. Estos planes no se limitaron al continente africano. En Bolivia, la Compañía intervino tras el denominado golpe de Estado denunciado por el gobierno del ex presidente Luis Arce, desplegando especialistas y estrategias para controlar la narrativa y estabilizar al régimen. Allí se destacó la figura de Sergei Vasilievich Mashkevich, identificado en los documentos como pieza clave en estos operativos: fue responsable de organizar la llegada de expertos a La Paz y de definir estrategias para mitigar el impacto político y mediático de la crisis. En la Argentina, por su parte, la red pagó hasta USD 2.500 a periodistas y, en agosto de 2024, reivindicó la acción de desplegar una pancarta contra el apoyo a Kiev durante un partido de fútbol en el estadio Libertadores de América, según la investigación de Forbidden Stories. Esta acción formó parte de una serie de campañas destinadas a posicionar a Ucrania como un país que apoya a terroristas en África, de acuerdo con la narrativa impulsada por los operadores rusos. Mecanismos de manipulación El mecanismo de despliegue sigue un patrón homogéneo: tras una fase de reconocimiento y contacto con referentes políticos, La Compañía lanza operaciones de desestabilización amplificadas por medios colaboracionistas y campañas en redes sociales. En Namibia, antes de las elecciones de 2024, difundieron una carta falsa supuestamente firmada por el Reino Unido, acusando a la oposición de recibir financiamiento secreto a cambio de concesiones petroleras. El resultado fue inmediato: la noticia alcanzó a 1,7 millones de personas en redes sociales y debilitó a los opositores, según los informes internos. En Senegal, el plan presentado por los hombres de Putin-Prigozhin en agosto de 2023 preveía la organización de un golpe de Estado para instalar un régimen favorable al Kremlin, incluso solicitando al Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia el apoyo directo a las fuerzas armadas locales. La meta explícita era suprimir o fomentar protestas civiles, según el escenario seleccionado. Las campañas también incluyeron presiones económicas. Los documentos reseñan la injerencia en el nuevo código minero de Malí y en el mega proyecto ferroviario Corredor de Lobito en Angola, así como el lobby mediático que contribuyó a la anulación de los permisos de la empresa francesa Orano para explotar yacimientos de uranio en Níger. Prigozhin, el SVR y la permanencia de la estructura secreta Aunque Prigozhin -eliminado por Rusia en pleno vuelo en agosto de 2023- fue el artífice original de La Compañía a pedido de Putin, la organización se reestructuró y perduró bajo la tutela directa del SVR. Los documentos relevados exhiben cómo la relación entre ambas entidades pasó de la colaboración al control directo a finales de 2023, aunque rastrear los canales de financiamiento es complicado porque parte de los fondos se administra en efectivo. Junto a Mashkevich, otros ex colaboradores del Mayordomo como Sergei Sergeyevich Klyukin responsable de 34 analistas que cubren 15 países y Artem Vitalyevich Gorny, a cargo de las finanzas, siguen operando la red desde oficinas en San Petersburgo y en el terreno, según los movimientos de pasajes a ciudades como Bamako, Johannesburgo y Dubái identificados en las evidencias. Las operaciones abundan en recursos simbólicos. Por ejemplo, el 23 de agosto de 2024, La Compañía encargó 245 claveles por 12.347 rublos (cerca de USD 160), utilizados en un acto de homenaje a Prigozhin en el primer aniversario de su muerte, como consta en los recibos internos. Prigozhin, como tantos rusos ligados a la autocracia, pecó de rebelde durante el inicio de la invasión a Ucrania y cuestionó la forma en que Putin estaba comandando la situación en el frente de batalla. Se alzó, avanzó con parte de sus mercenarios sobre la capital y fue ultimado en pleno vuelo semanas después. Tácticas de manipulación en el terreno La red operacional abarca desde campañas digitales hasta acciones de desprestigio poco creíbles que bordean lo absurdo. En Sudáfrica, los agentes ordenaron la fabricación de tazas con consignas racistas con motivo del cumpleaños del líder del partido opositor Democratic Alliance, aumentando al extremo su percepción histórica como partido blanco y erosionando su imagen pública. En el mundo árabe, el denominado Proyecto Lipetsk intervino en la política libia, con el objetivo declarado de crear caos en la situación militar y política del oeste de Libia. Todo este despliegue, contenido en docenas de archivos con nombres en clave como Proyecto Magadán o Proyecto RCA Media, fue ejecutado en el marco del programa Sur Global entre febrero y mayo de 2024. Para lograr resultados, La Compañía dividió sus procedimientos en etapas: relevamiento de actores, infiltración de líderes de opinión, ataque informativo y amplificación mediática. Los métodos escogidos responden a diagnósticos específicos según país y la evidencia reunida consigna la identificación nominal de al menos 60 agentes (de un total cercano a 100) dedicados a la operación. Los documentos filtrados, destinados al uso interno de la red, exhiben también un sesgo ineludible: sus autores destacan logros e inflan el alcance de sus campañas, atribuyéndose a veces éxitos ajenos e ignorando sus fracasos. Se desconoce si esta práctica ya fue advertida por sus jefes de inteligencia del SVR.

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