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  • Cartas, relojes y cosas perdidas

    » Clarin

    Fecha: 09/03/2026 06:46

    Cuando les cuento a mis hijos que aprendí dactilografía en una máquina de escribir de esas que se venden como adornos retro y que por eso tecleo con las dos manos y mirando la pantalla, me siento antediluviana, pero también, reservorio de un saber raro y precioso: el vértigo casi perdido de sentir que estás pensando con los dedos y que eso se transmite a la página sin distracciones. ¿Algún centennial habrá escuchado hablar de las Academias Pitman? Cavilaba sobre esto cuando me encontré en una esquina de Madrid con un buzón azul (se los llama de alcance y son de uso privativo de los carteros) con cada una de sus cuatro caras tapizada de carteles que aclaran: Esto no es una papelera, Tira la basura en otro sitio y mensajes semejantes, para defenderlo de quienes lo desconocen y lo rodean de bolsas y desperdicios. Signo de esa extrañeza (¿no es un basurero?) y de la nostalgia del tiempo en que solíamos escribirnos es el camino que va haciendo entre los lectores Ya nadie escribe cartas, de la surcoreana Jang Eun-Jin. Ganadora del Premio Munhak Donghe, esa historia sobre la fragilidad de los lazos crece con el boca a boca y va por su duodécima edición. En Buenos Aires, entretanto, Postdata Café Postal hizo de la carencia virtud e invita a los melancólicos del papel a mandar una carta entre pocillos. Cosas y costumbres pueden caer bajo un cono de sombra. Algunos consiguen reciclarse y logran una segunda vida. Otros son absorbidos por un aparato nuevo. Muchos adolescentes abandonan, por ejemplo, el reloj pulsera. La mía acaba de poner en venta el suyo por la web aunque permite navegar, responder mensajes y mide palpitaciones, pasos, horas de sueño, calorías. Me gusta, pero no lo uso, veo todo en el celular, explica. Allá van a las ferias americanas y los mercados de pulgas para delicia de los coleccionistas objetos que supimos regalar y conseguir, pero también palabras, expresiones. Sonrío a solas imaginando la cara que pondría mi hija, educada en cuadrantes digitales, si al preguntar la hora le dijera: Tirame las agujas, muletilla que popularizó Cristina del Valle en la tele de los 80. Para los curiosos de entonces y de ahora vale contar que aquellas academias cuyos cursos de secretariado eran imbatibles, todavía se defienden. La marca resiste en Gran Bretaña como Pitman Training, orientada a capacitar en marketing, diseño y administración. Para teclear, sin embargo, los chicos de hoy se arreglan (y conforman) con dos dedos. Sobre la firma Newsletter Clarín

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