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  • Un perro desenterró un pie humano de un basural y se reveló un macabro crimen que conmocionó a Chile

    » TN

    Fecha: 09/03/2026 05:46

    En la tarde del 27 de marzo de 2006, un macabro hallazgo estremeció a los vecinos de la comuna de Puente Alto, en la zona sur de Santiago de Chile, cuando un perro callejero que caminaba por un sector cercano a un basural apareció con algo extraño en el hocico. Un joven que lo vio se acercó con curiosidad y descubrió que el animal llevaba un pie humano entre los dientes. Ese fue el principio de uno de los casos policiales más impactantes de la historia reciente del país, al punto de haber inspirado libros, obras de teatro y documentales. Leé también: Dos nenas de 12 años apuñalaron 19 veces a una amiga tras obsesionarse con un personaje de Internet Durante los días siguientes, se encontraron más restos humanos en distintos puntos del sur de la capital, lo cual confirmó que no se trataba de un hecho aislado: alguien había asesinado a una persona y luego descuartizado su cuerpo para abandonar las partes en diferentes lugares. Si bien la víctima tardó varios días en ser identificada, su historia generó una fuerte conmoción en la sociedad chilena. Un crimen escalofriante Tras la denuncia de los vecinos por el hallazgo del pie humano, el fiscal Pablo Sabaj llegó a la escena para iniciar la investigación y las primeras pericias junto a los Carabineros de Chile. Un día después, en el mismo sector de Puente Alto, los policías encontraron la cabeza de la víctima en un estado perturbador: tenía dos impactos de bala calibre 9 milímetros, presentaba cortes en las mejillas y le habían arrancado la nariz. El 29 de marzo aparecieron los brazos del cadáver, aunque sin las manos. Se comprobó que el asesino había arrancado la piel para hacer desaparecer cuatro tatuajes del cuerpo. Un día más tarde, hallaron el pie izquierdo de la víctima. Los descubrimientos continuaron el 3 de abril, cuando dos mujeres que recolectaban plástico en una avenida de Puente Alto denunciaron haber encontrado dentro de una bolsa dos manos a las que les habían arrancado las huellas digitales. Esa misma noche se encontró un torso dentro de un contenedor de basura en la comuna de San Bernardo. El cuerpo estaba mutilado: le habían extraído las vísceras y también los glúteos. Mientras tanto, los investigadores avanzaron con pruebas de ADN y confirmaron que todos esos restos humanos pertenecían a una sola persona. Sin embargo, por el estado en el que se encontraban, se dificultaba la identificación de la víctima. A pesar de ello, los peritos forenses lograron reconstruir las diez huellas digitales a partir de pequeños bordes de piel, que luego fueron comparados con registros oficiales. Además, hubo un detalle que se volvió clave: en uno de los brazos había quedado un tatuaje de Cupido que el asesino no había eliminado. El 6 de abril, diez días después del primer hallazgo, la fiscalía logró identificar a la víctima como Hans Hernán Pozo Vergara, un joven de 20 años que tenía antecedentes por hurto y que había cumplido una condena en la cárcel de San Miguel. El caso generó un gran impacto en la sociedad chilena y rápidamente los medios de comunicación lo apodaron como el caso del Descuartizado de Puente Alto. Se conoció además que le decían El Rucio o El Julipi y que había vivido en situaciones de extrema violencia y marginalidad. Pozo había sido abandonado por su madre cuando tenía cuatro años y pasó su infancia en diferentes hogares para menores. Más tarde, uno de sus tíos se hizo cargo de él, pero la relación familiar se deterioró cuando el joven comenzó a consumir drogas. A los 16 años, empezó a vivir en la calle y a robar. Mientras la Policía de Chile reconstruía su historia, una pista surgió desde otro lado. Días antes de su muerte, Pozo había pasado la noche junto a cuatro hombres en una garita ubicada en la avenida Santa Rosa, en Puente Alto. Cuando los investigadores los interrogaron, todos mencionaron el mismo apellido: Martínez. En paralelo, los peritos aportaron otra información clave: el cadáver de Hans Pozo había sido refrigerado antes de ser abandonado. Según los estudios del equipo forense, las larvas de moscas encontradas en los restos tenían el mismo nivel de desarrollo, lo que indicaba que el cuerpo había permanecido en un ambiente frío y que habían repartido las partes en diferentes días. Finalmente, los investigadores dieron con un sospechoso, Jorge Iván Martínez Arévalo, un hombre de 41 años que trabajaba en la Municipalidad de La Pintana, y que además era dueño de una heladería ubicada junto a su casa, en el mismo sector de Santa Rosa. El trágico final En la tarde del 8 de abril de 2006, efectivos del Carabineros se presentaron en la heladería de Martínez para interrogarlo. Sin embargo, al escuchar que los funcionarios llegaban, el sospechoso activó la alarma contra robos, corrió a su habitación y, después de gritar durante unos segundos, se disparó en la cabeza. La familia del hombre rechazó esa versión y aseguró que fueron los propios policías quienes le dispararon. A pesar de ello, la Justicia determinaría después que la muerte se produjo por una herida autoinfligida. Tras el hecho, la esposa de Martínez encontró una extensa carta de 20 páginas en la que él explicaba su relación con Hans Pozo. En ese escrito afirmaba que el joven lo extorsionaba porque aseguraba ser su hijo biológico y amenazaba con revelar ese secreto a la familia. Martínez expresó además que, para evitarlo, había contratado a dos supuestos policías para que intimidaran a Pozo y lograran que fuera preso por un tiempo. Sin embargo, cuando comenzaron a aparecer las noticias del Descuartizado de Puente Alto, entendió que la situación había escalado a un nivel mucho más grave. En la carta, el comerciante dijo que quienes habían realizado el trabajo comenzaron a exigirle más dinero, lo que lo llevó a dejar una prueba de lo ocurrido en ese documento. Después de su muerte, se realizaron pruebas de ADN que descartaron cualquier vínculo biológico entre Martínez y Pozo. La investigación continuó con el análisis de la heladería del sospechoso. Allí, con pericias realizadas con la técnica del luminol se detectó una mancha de sangre que había sido lavada. Los resultados determinaron que ese rastro pertenecía a la víctima y que su cuerpo había estado en ese lugar después de recibir los disparos. También se encontraron restos de sangre del joven en la camioneta de Martínez y marcas de las mismas balas que lo asesinaron en el sótano de la heladería. El arma utilizada era la misma que el sospechoso utilizó para quitarse la vida. El 14 de abril de 2006, el Servicio Médico Legal entregó los restos de Hans Pozo a su familia adoptiva y su velorio se realizó en una sede social de La Pintana, al cual asistieron cerca de 300 personas. Leé también: La historia del joven de 19 años que asesinó a puñaladas a su vecino y declaró: El diablo me obligó Un año más tarde, en 2007, la fiscalía concluyó que Jorge Martínez Arévalo había sido el autor del homicidio y descuartizamiento. Aún así, la investigación siguió abierta durante varios años para determinar si existían otros involucrados. Finalmente, el 18 de abril de 2013, el fiscal Pablo Sabaj solicitó el sobreseimiento de la causa, ya que no se pudo comprobar la participación de terceros en el crimen.

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