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» La Nacion
Fecha: 08/03/2026 01:49
por JORGE FERNÁNDEZ DÍAZ 08/03/2026 0 seconds of 1 minute, 30 secondsVolume 90% Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts Atajos de Teclado Shortcuts Open/Close/ or ? Reproducir/PausaEspaciadora Subir el Volumen Bajar el Volumen Adelantar Retroceder Activar/Ocultar Subtítulosc Pantalla Completa/Salir de la Pantalla Completaf Silenciar/Activar Sonidom Decrease Caption Size- Increase Caption Size+ or = Adelantar %0-9 En las redes sociales se hace llamar Gerónimo15, por el líder de los apaches chiricahua que escapó de aquella reserva india y se levantó contra la caballería en el desierto de Arizona. Era la declaración de principios de un joven rebelde que creía estar luchando sin piedad contra la opresión kirchnerista, que tuvo infinidad de refriegas en X con sus enemigos ideológicos, que patrullaba a los disidentes y a los tibios para disciplinarlos, y que trabó amistad durante la pandemia con algunos derechistas de última generación, a la postre caciques de las autodenominadas Fuerzas del Cielo. Gerónimo es un tuitero y youtuber exitoso e influyente, ganó fama y dinero gracias a sus seguidores, y se transformó con el tiempo en pieza fundamental del triunfo de los libertarios. Un devoto de la nueva élite, y un talibán de la era de la polarización y la revolución tecnológica. A su rival, sin embargo, lo llaman simplemente Tato y es un ex justicialista del conurbano bonaerense que cambió muchas veces de piel, que tiene notable conocimiento del tablero y que se quedó afuera del partido de Perón por una lapicera caprichosa y por una interna sectaria. Despechado y sin mucho que perder, comienza a trabajar para el León: la suerte y la falta de escrúpulos lo colocan rápidamente en la cresta de la ola y los exitosos comicios de medio término lo dejan incluso a las puertas del nuevo entorno presidencial. Gerónimo y Tato son parecidos y diferentes: uno tiene la fe de los dogmáticos; el otro, la fe de los conversos. Los dos entonan en los actos la casta tiene miedo, pero el primero considera acertadamente que el segundo es un mero farsante. Tato, por su parte, desprecia a su némesis por considerar que vive en un frasco y que confunde la tuitería con la vida real. Gerónimo advierte que la batalla se gana más en los celulares que en los distritos, y que el nuevo territorio no es de barro o asfalto sino de pura virtualidad. Reproducen, en ese sentido, las tensiones crecientes entre las alas de este gobierno celestiales y terrenales, pero existe entre estos dos personajes específicos algo mucho más patológico. Los informes dicen que todo comenzó antes, cuando el actual presidente ni siquiera estaba en el radar del electorado. Gerónimo y Tato, durante esa prehistoria, empezaron a trenzarse con dureza en las redes sociales, y protagonizaron virulentas polémicas que derivaban en el insulto y en las mutuas amenazas de muerte. Estaban en veredas opuestas, y se habían elegido obsesivamente como antagonistas perfectos sin sospechar que, por culpa de la comicidad del destino y la dinámica de nuestra política, alguna vez terminarían dentro del mismo barco. La guerra entre facciones habilita a Gerónimo a retomar los hostigamientos, y a Tato a aguantar en silencio los puntazos y al final a responder con extrema agresividad. En los pasillos de un canal de noticias se carajean y en un festival derechoso se van a las manos y tienen que separarlos para que no se lastimen. Son llamados al orden por separado, pero bajo la misma consigna: Busquen a los malos afuera y no adentro; no nos peleemos entre nosotros. Algunos de sus jefes son citados en la residencia de Olivos para intentar aclarar los malentendidos y acordar una especie de tregua; en un movimiento con un líder mesiánico son imprescindibles los dos: creyentes y pragmáticos. Provisoriamente, la reprimenda oficial da resultado casi todos enfundan la katana por disciplina partidaria, pero estos dos no se resignan: cada uno, a su manera, sigue echando más leña al fuego en el off the record con los medios y hacen uso a discreción de la difamación pública y privada; continúan enredados en sus broncas personales, que no respetan la lógica colectiva, y en un duelo eterno que ya no pueden evitar. A veces, con el odio pasa lo mismo que con el amor: el sentimiento puede más que cualquier regla o conveniencia, avisa Cálgaris. Le refiere al director de la agencia norteamericana un relato de Joseph Conrad sobre la inexplicable y perpetua inquina entre dos húsares napoleónicos, pero el socio del Partagás y los lentes de metal no ha leído una sola novela en toda su vida. La CIA paralela está inquieta por una información crucial que el coronel consiguió entre los pliegues de la SIDE: al parecer un amigo de la Casa le pasó a Gerónimo una foto destructiva. Y puede ser el punto médano, explica Cálgaris cargando la cazoleta de su pipa: alude a un máximo de ebullición que no siempre se alcanza en un escándalo mediático, y suele suceder cuando un elemento de una compleja investigación periodística es tan elocuente que explica por sí solo todo el enredo, traduce al común de la gente un asunto que hasta entonces le parecía demasiado críptico, salta el cerco de los lectores politizados y es comentado de manera indignada o jocosa en las sobremesas y en la calle. Ocurrió con un dirigente que estaba involucrado en un negociado y todos los días salían en los diarios documentos e indicios que lo incriminaban, pero recién se popularizó su falta de escrúpulos cuando un gran cronista judicial reparó en que el susodicho tenía registrado su domicilio personal en un lugar donde sólo había un médano. La gestión del anterior gobierno estaba llena de graves irregularidades, pero su titular cayó en desgracia recién cuando se conoció la frívola imagen de un cumpleaños un gesto de privilegio en pleno dolor de la cuarentena. Cálgaris describe la foto que tiene Gerónimo y que, aparentemente, ya le ha trasladado a un periodista comprometido con el proyecto: se trata de una calurosa noche de diciembre, donde Tato aparece celebrando su natalicio en una piscina, a pura carcajada y champagne con un operador de altísimo vuelo del Instituto Patria. La toma sugiere que son amigos íntimos y Gerónimo sabe que su mera publicación asimilará a su contendiente con la alta traición y lo arrojará fuera del palacio. No percibe o no parece importarle que, leída la imagen con la debida mala leche, la opinión pública podría pensar también que todos son lo mismo y que unos y otros están negociando bajo la mesa indultos y asientos en la Corte Suprema, y que ese affaire podría representar el punto médano: haría un gran daño reputacional al adalid del antikirchnerismo porque revelaría que la cólera es una actuación y que practica la hipocresía y el doble discurso. Una granada de mano contra uno, pero que haría estallar por los aires a todos. Al tuitero la tirria no lo deja pensar. Pregunta el yanqui, un tanto ansioso, qué plan propone Leandro Cálgaris para la ocasión. Algo rápido y fulminante: provocarle ya mismo un apagón a Gerónimo hackers de la agencia atacarán como pirañas todos sus celulares y computadoras, y harán irrecuperables todos sus archivos, se le avisará al Gobierno para que convoque de urgencia al periodista un conocido mercenario, y le ordene borrar de inmediato la imagen a riesgo de que le cancelen la pauta millonaria con que una empresa del Estado lo agasaja cada mes. También se le informará que los servicios de inteligencia lo estarán vigilando de cerca: como es un simple pirata se asustará sin ofenderse. Pero puede ser insuficiente reflexiona el coronel, largando el humo por la nariz. El celestial pudo haber guardado una copia en un pendrive: debe entregarlo y jurar sobre la Biblia. Y el terrenal tiene que operar enseguida para ver quién de su entorno tomó semejante foto y con quién la compartió. De paso, en Balcarce 50 están obligados a darles un ultimátum a estos dos boludos, y amenazarlos a uno con ser declarado zurdo y hereje, y al otro, con dejarlo a la intemperie. Se hace puntualmente lo que Cálgaris sugiere; dos semanas después el amo del Partagás sirve tres vasos de Talisker y celebra con alivio que la crisis parece conjurada y que Presidencia de la Nación está muy agradecida. Cálgaris saborea el whisky, pero niega con la cabeza. Al final dice: Una foto así no desaparece nunca, amigo mío. Sólo duerme un tiempo, hasta que alguien la despierta. . - LANZAMIENTO REMIL, UN HÉROE INFAME - HISTORIA 1 LA NAVIDAD DE LOS CORRUPTOS - HISTORIA 2 HAY QUE SALVAR AL PRESIDENTE - HISTORIA 3 EL BOTÍN DE TODA UNA VIDA - HISTORIA 4 UNA SORPRESA EN EL TREN FANTASMA - HISTORIA 5 OPERACIÓN ZAPATOS SUCIOS - HISTORIA 6 UN ESPÍA BOLIVARIANO - HISTORIA 7 LA DULCE DEBILIDAD DEL GOBERNADOR - HISTORIA 8 EL TESTAFERRO SE PRESENTA A COBRAR - HISTORIA 9 PERSECUCIÓN EN LOS PIRINEOS Créditos - Producción Matías Boela /Virginia Santeusanio - Realización Audiovisual y animación con IA Francisco Ferrari - Edición gráfica Andrea Platón /Alejandra Bliffeld Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados
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