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» Clarin
Fecha: 07/03/2026 23:39
Dos días después de su visita a la Casa Blanca y estrechar la mano de Donald Trump, Lionel Messi saltó a la cancha con su Inter Miami para hacer lo que mejor sabe, lo que lo hizo famoso y lo que desde hace más de 20 años sirve de inspiración para buena parte del planeta: jugar a la pelotita. El 10 argentino se aflojó el nudo de la corbata y vestido de rosa fue titular en la victoria por 2-1 como visitante del DC United, por la tercera jornada de la MLS. Por momentos todo es raro en los Estados Unidos. Más allá de las polémicas, las opiniones a favor y en contra, o la utilización mezquina de la memoria de Diego Maradona, lo más extraño del paso de la delegación de Inter Miami por la Casa Blanca fue verlo a Trump en modo showman hablando del ataque a Irán, el futuro de Cuba y la intervención en Venezuela, mientras elogiaba la facha de Rodrigo De Paul y compañía, o le preguntaba a su público que se decidiera por el mejor entre Messi y Pelé. Fue un show triste el que brindó el líder republicano, que sorprendió también a los agasajados, como reconoció Javier Mascherano. Nos dijeron que la visita sería simplemente para felicitarnos por nuestro título y que sólo hablaríamos de fútbol, pero no fue así. Llegamos temprano, esperamos, vimos muy poco de la Casa Blanca y solo vimos al presidente durante el momento que se mostró en la televisión, comentó el hoy entrenador, a quien en estas horas le recordaron en las redes una vieja entrevista suya en la que decía que un asado ideal para él sería con el Papa Francisco, la Madre Teresa de Calcuta y Mahatma Gandhi. A diferencia del Jefecito, Messi no habló del encuentro con Trump, y quizá nunca lo haga. Desde su arribo a USA en julio de 2023, sólo habló con los periodistas locales el día de su presentación y fue para responder tres o cuatro preguntas de ocasión. Todos creen que el acuerdo tácito de su presencia en la MLS incluye que no forme parte de las ruedas de prensa a las que sí están obligados a acudir el resto de las figuras terrenales. Hay que entenderlo: a los 38 años de edad, Messi es mucho más que un futbolista, es un empresario y una marca en sí misma. Y como dirían en Rosario, "business son business". Del despacho de House of Cards a un estadio de la NFL. Para recibir a Inter Miami, el DC United se puso en "modo Messi" y mudó su localía de Washington a un escenario mucho más amplio, el que suelen utilizar los Ravens de Baltimore, 60 kilómetros al norte de la capital. Se sabe que la expectativa por ver al 10 trasciende fronteras e ideologías pero el fenómeno no deja de sorprender. Desde una hora y media antes del partido ya había gente haciendo cola para entrar al M&T Bank Stadium, cosa poco frecuente en esas latitudes, y el tráfico inusual entre ambas ciudades hizo que muchos se perdieran el inicio. La jugada salió redonda: fue sold out de 72.026 espectadores, un poco menos de los 75 mil que hace dos semanas vieron el debut en Los Ángeles. El público gritó por Messi, incluso los que lucían la camiseta de DC United y "sufrían" por la derrota de uno de los equipos pioneros en la MLS, campeón en tres de las cuatro primeras ligas, pero que el año pasado fue último y en un fútbol normal se habría ido al descenso. En ese contexto, el campeón rosado hizo negocio. A la media hora de juego, Inter Miami ya ganaba 2-0 por los goles de Rodrigo De Paul y de Leo. El tanto del Motorcito nació con una pérdida infantil de la defensa local y la pelota le cayó al volante mientras el capitán arrastraba cinco marcas. Entró al área y no falló: la puso en un ángulo. Messi apareció un ratito después aprvechando un pase en profundidad de Mateo Silvetti y definió con sutileza. Parecía que se venía la goleada, pero no. El 10 llegaba a este duelo necesitado de dos goles para alcanzar los 900 en su carrera. Sin embargo, su Inter jugó con el piloto automático, y ni siquiera el descuento del DC United lo sacó de ese ritmo de amistoso que le imprimió a la tarde en Baltimore, quizá reservando energías porque el miércoles visita a Nashville por los octavos de la Concachampions. Cuando el árbitro pitó el final, Messi se fue derechito al vestuario, sin saludar a nadie: en su agenda ya no hay reuniones de protocolo ni fotos incómodas. Sobre la firma Newsletter Clarín
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