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  • Una escuela de la ciudad implementa un sistema para regular el uso del celular dentro y fuera del aula

    Gualeguaychu » El Dia

    Fecha: 07/03/2026 22:51

    El Colegio Villa Malvina implementó este año un sistema que limita el uso de teléfonos durante la jornada escolar. Los dispositivos se guardan en cajas y sólo se utilizan cuando el docente lo requiere para una actividad pedagógica. Autoridades y educadoras aseguran que ya se observan cambios en la dinámica de las clases y en los vínculos durante los recreos. Con el comienzo del ciclo lectivo 2026 en Gualeguaychú, el Colegio Villa Malvina Seguí de Clavarino (La Salle) incorporó una medida para gestionar el uso de los teléfonos celulares dentro y fuera de las aulas durante el horario escolar. La propuesta busca un equilibrio: evitar tanto la prohibición absoluta de los dispositivos como su utilización indiscriminada por parte de los estudiantes. La iniciativa establece que los celulares ingresan a la escuela junto con los alumnos, pero permanecen guardados en cajas durante la jornada y sólo se utilizan cuando el docente lo requiere para una actividad pedagógica. Para conocer más sobre esta experiencia, Ahora ElDía conversó con Rocío Sánchez, rectora suplente de la institución; Luján Romero, asesora pedagógica del Ciclo Orientado; y Milagros Casanova, docente de Lengua y Literatura de tercer año. Las más leídas Sánchez y Romero señalaron que la propuesta surgió luego de observar la naturalización con la que los estudiantes incorporaron el celular a su vida cotidiana y las dificultades que eso generaba dentro del aula. Según explicaron, al trabajar con adolescentes la autogestión en el uso del teléfono costó cada vez más, sobre todo en este último tiempo, en el que se presentan muchas tentaciones para los estudiantes que generan un bajo rendimiento, una pérdida notable de la atención y esto obviamente repercute en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Otra cuestión que notaron es el impacto que las pantallas podían tener en los vínculos entre los jóvenes. Hemos observado que tenemos adolescencias cada vez más aisladas, individualizadas. Cuando pareciera que estamos todos más conectados, en realidad hay más soledad, más angustia, más individualismo; una escasa mirada al otro, al vínculo, a la palabra para acordar, negociar, conocerse, señalaron. En ese contexto comenzaron a pensar una forma diferente de gestionar la presencia de los dispositivos electrónicos en la escuela. No optamos por la prohibición total de los celulares. Sabemos que en otras provincias esto ha llegado a través del Ministerio o del Consejo de Educación y tampoco optamos por el uso deliberado. Nosotras decimos que nos ubicamos en un enfoque equilibrado, manifestaron. La metodología aplicada es simple. Los dispositivos ingresan a la escuela, los chicos ingresan con ellos, y al momento de iniciar la primera hora de clase el dispositivo se guarda en una caja de almacenamiento preparada para ese fin que está en el escritorio de cada docente; el estudiante apaga el dispositivo y permanece allí durante toda la mañana. No hay acceso al dispositivo en el tiempo de recreo, el dispositivo sólo se saca de ese lugar cuando algún docente lo necesita para trabajar en su aula. Las educadoras indicaron que la medida también busca fortalecer prácticas como la lectura, la escritura y la elaboración propia de contenidos. No queremos decir que no se pueda usar, sino que también queremos que los estudiantes tengan la autonomía intelectual en la construcción del conocimiento, algo fundamental. Apuntamos al esfuerzo cognitivo, que hoy por hoy nos cuesta a todos, incluso a los adultos, explicaron. Para ellas, el desafío no consiste en negar la digitalidad, sino en aprender a convivir con ella de manera consciente. La tecnología nos atraviesa, entonces la escuela tiene un gran desafío para gestionar la falta de atención y lograr que las personas sean capaces de producir conocimiento propio, pero al mismo tiempo ayudarlas a aprender a usarla bien para prepararse para la vida. La rectora suplente también señaló que experiencias similares en otros establecimientos educativos de la ciudad ayudaron a pensar la iniciativa. Sabíamos que el año pasado el Instituto Nuestra Señora de Guadalupe había implementado una medida similar. Estuvimos conversando con ellos y nos compartieron cómo había sido su experiencia, cuáles habían sido las dificultades y también los beneficios, explicó. Además, recordó que la inquietud por el uso del celular venía siendo planteada desde hacía tiempo dentro de la comunidad educativa. Era una preocupación que aparecía de manera sostenida en las jornadas institucionales y en los espacios de trabajo con los docentes. Muchas veces la pregunta era qué hacer con el celular en la escuela. Las docentes también destacaron que la medida fue conversada con las familias y con el equipo docente antes de su implementación. No fue una decisión del equipo directivo, fue algo dialogado con los docentes. También se planteó en reuniones con los padres en diciembre del año pasado como una posibilidad y recibimos todo su apoyo. Los docentes también acompañaron, porque hay una cuestión de coherencia y de poder sostener el lineamiento. A pocos días de su puesta en marcha, aseguran que ya comenzaron a percibirse algunos cambios en la dinámica escolar, especialmente durante los recreos. Se notan cambios en los vínculos. Los chicos incorporan juegos y deportes; antes todo el mundo estaba más ensimismado con el celular y quizás no registraba al otro. Creemos que ese es uno de los cambios más positivos: que puedan dialogar, conversar y encontrarse, destacaron. Según explicaron, la institución también preparó distintos espacios para acompañar ese tiempo libre. Tenemos un patio grande y nos preparamos con toda la artillería para ese momento de ocio: fútbol, mesas de ping pong y distintos juegos que ya estaban disponibles pero que a veces no se usaban cuando el celular ocupaba todo. También hay juegos en las cafeterías y en la biblioteca a los que los chicos pueden acceder cada vez que tienen un tiempo libre. Se ha vuelto a eso: a conversar, a armar grupos. Ahora se ven chicos por todos lados interactuando y adaptándose a esta nueva realidad de la escuela, agregaron. En ese marco, destacaron el acompañamiento de toda la comunidad educativa. Estamos contentos con el acompañamiento de las familias, de los chicos -que muy generosamente sostienen esta propuesta, más allá de que para ellos es lo que más cuesta- y de los docentes, que son quienes llevan adelante la gestión de la clase, ponen el cuerpo y están todos los días con los estudiantes, concluyeron. Por su parte, Milagros Casanova, docente de Lengua y Literatura de tercer año, compartió su mirada desde el trabajo cotidiano en el aula. Es una preocupación que ya veníamos experimentando desde hace tiempo. Por más que uno preparara la clase, tuviera claros los objetivos, las actividades, la secuencia didáctica o la motivación, se notaba que los chicos no estaban realmente presentes. Estaban sentados en el aula, pero su cabeza estaba en otra parte. Aunque el celular estuviera guardado o no lo tuvieran en la mano, se percibía que estaban pendientes de las notificaciones o de algún comentario, explicó. En ese sentido, señaló que esa situación dificultaba el aprovechamiento pleno del tiempo de trabajo en clase. Nunca los tenías del todo disponibles para el saber, para la actividad que habías planificado. En cambio ahora uno nota que ese distractor ya no está. Aparecen las distracciones propias de un adolescente, pero no esa necesidad constante de estar pendientes del teléfono. La docente también recordó que el uso de los celulares generaba conflictos dentro del aula. A veces, cuando uno quería acordar, ya habían sacado una foto o habían compartido algo en un grupo. Eso generaba disturbios, comentarios o situaciones de convivencia que se volvían difíciles de manejar. Terminaba siendo más algo que interrumpía la comunicación que algo que la favorecía. Además, señaló que la medida también ayuda a resguardar la privacidad de lo que ocurre en el espacio educativo. También está la cuestión de la confidencialidad y de la intimidad de lo que sucede en una clase. Si bien la escuela es un espacio público, hay situaciones que forman parte de ese ámbito y que, sin embargo, en muy poco tiempo podían terminar circulando o siendo viralizadas entre los padres. La idea no es quitarles el acceso a la tecnología. Yo trato de verlo de esa manera: no les estamos sacando la posibilidad de usar herramientas tecnológicas ni pretendemos volver al siglo pasado. En la escuela tenemos pantallas y, si es necesario, el celular también se puede usar para alguna actividad específica. Decir no a la tecnología sería absurdo, remarcó Casanova. Sin embargo, aclaró que el problema aparece cuando el teléfono se convierte en un factor permanente de distracción. El celular, tal como está diseñado hoy, está hecho justamente para captar la atención. Y para chicos que todavía están en formación eso representa un desafío mayor. Incluso para un adulto, que ya tiene sus procesos cognitivos más desarrollados, es difícil; para un adolescente que está en pleno proceso de aprendizaje, muchas veces termina siendo un atajo. En ese sentido, mencionó el uso de herramientas como ChatGPT. Era una tentación permanente, un atajo que muchas veces funcionaba como una especie de muleta cerebral. Para la docente, ese cambio resulta significativo en el proceso de aprendizaje. Puede parecer algo muy obvio para nosotros, pero los chicos ya tenían automatizado recurrir al celular o al chat. De esta manera, a pocos días de su implementación, la iniciativa que todavía se encuentra en una etapa de adaptación ya permite vislumbrar algunos cambios en la dinámica escolar. La experiencia del Colegio La Salle se suma así a otras propuestas similares que comienzan a aparecer en instituciones educativas de la ciudad, en un intento por encontrar nuevas formas de convivir con la tecnología sin que ésta desplace el intercambio, la atención en clase y los procesos de aprendizaje.

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