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» TN
Fecha: 07/03/2026 21:09
Ángel Cappa dio su opinión sobre el encuentro de Lionel Messi con Donald Trump en la Casa Blanca y se mostró totalmente en desacuerdo con el accionar del futbolista argentino junto al presidente de Estados Unidos. A los hinchas de fútbol, a quienes disfrutamos cada vez que Messi nos asombra con alguna jugada recién inventada, fue como una cachetada en plena estupidez sentimental. No apareció separado de sus compañeros de equipo junto a unos personajes cualquiera: lo hizo junto a dos de los peores criminales de nuestra historia contemporánea. ¿Fue obligado? ¿Lo hizo plenamente consciente? No lo sabemos ni lo sabremos. Pero, en todo caso: qué lástima, Messi, escribió el extécnico de Racing Club, Huracán y River Plate en una columna de opinión para La Vida en Orsai. Como cualquier persona, tiene derecho a pensar como le dé la gana de política y de lo que sea. Pero acaba de aparecer junto a Mas Canosa, miembro destacado de la mafia internacional, y de Donald Trump, uno de los terroristas mundiales más temidos: un tipo que va por el mundo bombardeando países extranjeros, matando gente impunemente y poniendo en peligro a la humanidad entera con la amenaza de una guerra mundial devastadora, agregó. Luego reflexionó sobre los vínculos de la política con el deporte y sus figuras: Desde que el fútbol es el deporte de mayor convocatoria del mundo, los políticos buscan el apoyo de los triunfadores. Especialmente de los ídolos. Fotografiándose con ellos piensan que comparten algo de su idolatría y aceptación popular. Hay veces que el deportista no tiene cómo eludir el acercamiento interesado del político. El fútbol se nutre, mayoritariamente, de jugadores pertenecientes a los barrios más humildes, a la clase obrera. Es decir, a los más castigados por las élites del poder. Sin embargo, el sistema tiene los mecanismos adecuados para que, como ya sabemos, las víctimas odien a los verdugos y, al mismo tiempo, quieran imitarlos. Por eso, cuando acceden a una situación económica holgada, o muy holgada, piensan que ya forman parte de la clase social dominante y adoptan no solo su forma de vivir, sino también de pensar. Desconocen que nunca son aceptados como nuevos miembros de las clases elitistas. El dinero nunca es el pasaporte para acceder al estatus al que aspiran, cerró.
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