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» Clarin
Fecha: 07/03/2026 15:36
Aferrada al pecho de su mamá, Amely mira la cámara con serenidad, con esos ojos negros y grandes que la muestran muy atenta a lo que pasa a su alrededor. Es una bebé sana, risueña, tranquila, que con tan solo un año ganó muchas batallas. Una luchadora, como definen Sonia Scardapane y Luciana Marrero, las médicas del Hospital Interzonal José Penna con las que Amely vivió la madrugada más oscura de Bahía Blanca, esa en donde las inundaciones se llevaron todo. Incluso las vidas de 18 personas. Clarín se encuentra con estas cuatro mujeres que quedaron unidas para siempre por lo que pasó el 7 de marzo de 2025. La foto une todas las piezas de una historia de amor. Saira Delmiro es quien carga a su hijita, la pequeña Amely, mientras las dos son custodiadas por los brazos de Sonia y de Luciana, que apenas la ven se emocionan. Todas sienten que lo que compartieron las cambió para siempre. Sonia es la médica neonatóloga que cuidó a Amely y la sacó de la sala mientras el agua subía; Luciana es la enfermera que la abrigó con su propia piel para mantenerla con vida. Pasó un año desde el día en que Amely y otros bebés de Neonatología, ubicado en el subsuelo del hospital, fueron salvados de la inundación por un grupo de mujeres aguerridas. Amely era la más chiquita de todos: con solo 21 días de vida había nacido prematura y necesitaba del uso de CPAP -un aparato de presión positiva continua en la vía respiratoria- para poder mantenerse estable. Las cuatro bajan ahora hasta el subsuelo del hospital en compañía del equipo de Clarín. Sonia y Luciana muestran el pasillo y la entrada de Neonatología, que se reorganizó y que sigue funcionando bajo tierra luego del desesperante episodio que tuvieron que vivir médicos y bebés esa madrugada. Aquella área del hospital llena de recién nacidos fue la primera en la que empezó a entrar el agua de a poco. La luz se cortó a las 6 de la mañana, cuando llegaban las enfermeras del siguiente turno. El generador funcionó por poco tiempo. Con todo en contra, las profesionales de la salud que se encontraban atendiendo en ese turno se convirtieron en heroínas. No había protocolo para lo que pasó, y sigue sin haberlo. Actuamos por instinto, confiesa Luciana. Con el agua hasta las rodillas y sin otra iluminación que la de celulares, las médicas y enfermeras organizaron una cadena humana para sacar a los 16 bebés que había en sala. La médica Sonia Scardapane decidió permanecer abajo con Amely, y empezó a darle presión con una mascarilla mientras empujaba lentamente la incubadora hacia la salida. En medio de la oscuridad y para darle un aliento, le repetía: A ver, pasamos tantas, tantas Amely, vamos a pasar esta otra vez. El momento quedó inmortalizado en una foto que se viralizó. Al tener un kilo y estar en la incubadora fue la más complicada de mover inicialmente, así que yo me quedé con ella, acompañándola hasta que pudiéramos evacuarla a pediatría, donde se la llevó con el resto de mis compañeras. El traslado se hizo en la incubadora hasta la escalera; la pediatría tenía función en el primer piso, y el ascensor no andaba. Inicialmente estuvo en una cunita, pero no regulaba la temperatura, rememora Sonia. Por su estado y la falta de incubadora, hubo que poner a Amely en contacto piel a piel, algo habitual entre una madre y un hijo, útil para regular la temperatura del bebé. Como la mamá de Amely no estaba en ese momento en el hospital y no tenía posibilidad de ingresar por la inundación, Luciana, que es una enfermera del servicio, hizo COPAP (contacto piel a piel) con ella y mantuvo la temperatura de Amely. Luciana Marrero sonríe mientras escucha el relato de Sonia atentamente y, al mismo tiempo, juega con la pequeña Amely. Ese 7 de marzo ella ya había terminado su turno cuando la inundación llegó a Bahía Blanca. Estaba en la parada de colectivo, esperando el suyo para poder volver a casa, pero ante la imposibilidad de los caminos decidió volver al hospital. Ahí se encontró con pasillos inundados y con sus compañeras intentando sacar a los bebés. Rápidamente se sumó a la organización y el reparto de enfermeras que iban entre el subsuelo y el primer piso, a ella le tocó recibir a la más chiquita: Amely. Ella estuvo en mi pecho y ahí reguló bien la temperatura. Fue derivada a OSECAC, la Obra Social de Empleados de Comercio, que está en el centro de la ciudad. Así que todo ese trayecto fue muy dificultoso, porque primero nos vino a buscar en su vehículo particular el jefe del servicio. Llegamos hasta una estación de servicio y la verdad que del otro lado había un metro sesenta de agua y no podíamos pasar, cuenta Luciana. Las calles de Bahía Blanca ya eran intransitables, pero la voluntad de Luciana y las demás enfermeras se había vuelto inquebrantable. No iban a parar hasta lograr el objetivo: trasladar con éxito a todos los bebés. Vino una ambulancia, nos trasladó unas cuadras más, pero tampoco fue posible pasar, y finalmente pudimos llegar en el camión del Ejército. Salimos en fotos y videos sonriendo, la gente no entendía por qué y nos criticaba, pero sonreímos porque habíamos cumplido el objetivo. Eran sonrisas de felicidad, añade. En esas fotos se la ve sosteniendo contra su pecho a Amely. Saira, la mamá de la beba, estaba en su casa al momento de la inundación. Le costó algunas horas poder salir de su barrio, porque el agua había entrado a cada una de las casas y había arrasado con todo. Luchó para salir y hacer a pie la distancia que la separaba de su hija. Cuando llegó y le dijeron que Amely ya no estaba, sintió desesperación y miedo. Vi un video que me mandó una vecina de mi mamá. La neo estaba inundada y en ese momento no podía salir porque estaba todo lleno de agua. Vine acá como a las 4 y media o 5 de la tarde, y me dijeron que Amely no estaba, que la habían trasladado. Llegué a Osecac como a las diez y media de la noche porque tuve que ir caminando como pude, dice Saira, que no puede evitar que los ojos se le llenen de lágrimas al recordar cómo ese día en donde el mundo parecía caerse a pedazos, lo único que quería era ver a su hija y saber que estaba bien. Tenía muchas ganas de verla, hacía un día que no la veía. Cuando llegué estuve esperando un rato porque me tenía que cambiar, tenía que sacarme el barro. Después pude verla y ahí respiré, porque sabía que la habían cuidado y ella estaba bien. Amely se sigue atendiendo en el Hospital Penna, y su mamá está en contacto con Luciana, con quien se escribe frecuentemente por chat y hablan sobre la nena. Hoy en día es una bebé muy sana gracias a Dios. Es terrible, ya cumplió el año en febrero, pero estoy muy agradecida porque si no hubiera sido por ellas, quizás hoy no estaríamos acá, concluye Saira, que con tan solo 17 años se reparte para criar a su bebita de la mejor forma apoyada en una red de contención que está firme para acompañarlas. Según fuentes del Ministerio de Salud de la Provincia de Buenos Aires, Neonatología es una de las salas que forma parte de la recuperación total del nivel -1 junto a Emergencias, UTI, Partos, Lavadero, Esterilización, Cocina y Comedor, e Internación de Salud Mental. Bahía Blanca. Enviada especial MG Sobre la firma Newsletter Clarín
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