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  • El día que Entre Ríos se enfrentó a los unitarios por la Constitución de 1826

    Concordia » El Heraldo

    Fecha: 07/03/2026 14:49

    El día que Entre Ríos se enfrentó a los unitarios por la Constitución de 1826 A principios de la década de 1820 las Provincias Unidas del Río de la Plata atravesaban una etapa de profunda inestabilidad política, económica y militar. Después de diez años de desangre producto principalmente de las luchas internas, dos proyectos de país pugnaban por la hegemonía nacional. Los federales defendían la autonomía de las provincias, mientras que los unitarios proponían un Estado centralizado con sede en Buenos Aires. En ese contexto político y social se inscribe la sanción de la Constitución unitaria por el Congreso en Buenos Aires el 24 de diciembre de 1826, impulsada por grupos que pretendían ordenar institucionalmente el país bajo un poder central fuerte. Sin embargo, algunas provincias rechazaron ese texto y actuaron en consecuencia, como las provincias de Corrientes y Córdoba que se habían negado el año anterior a acatar las decisiones del Congreso. Entre Ríos siguió la misma línea, declarando que no reconocía la nueva constitución y, de hecho, separándose de la unión. ¿Cuáles fueron las causas de la resistencia entrerriana? Las causas del rechazo entrerriano son múltiples, donde se combinan factores estructurales y coyunturales. En primer lugar, el federalismo tenía un amplio apoyo en los sectores rurales, los estancieros y las autoridades locales que defendían la autonomía provincial y desconfiaban de la concentración de poder en manos porteñas. En segundo término, el proyecto constitucional de 1826 resultó percibido como un intento de imponer un régimen centralista que atentaba contra las facultades provinciales, incluyendo la designación de autoridades, la administración de rentas y la organización de las fuerzas militares provinciales. Asimismo, la elaboración de la constitución se dio en un contexto de prisa y polarización política. Las deliberaciones y votaciones se percibieron como dominadas por intereses porteños que no representaba cabalmente a las provincias del interior. Por último, no debemos dejar de pensar en la presión externa del Imperio del Brasil en beligerancia por la Banda Oriental y las rivalidades internas que incentivaron a líderes provinciales a reafirmar su independencia política y militar. La declaración de no reconocimiento y la separación La decisión de la Legislatura de Entre Ríos de no reconocer la constitución sancionada el 24 de diciembre de 1826 fue el paso formal de una ruptura política. Esa resolución implicó que la provincia quedaba fuera de la unión constitucional propuesta por el Congreso, al no aceptar las normas y autoridades emanadas del nuevo texto. Además, desconocía a las autoridades de los órganos centrales y mantenía su propio ordenamiento y potestades. La separación se trató de una reafirmación de las autonomías provinciales mediante la negativa a integrar instituciones que consideraban ilegítimas o gravosas. Así, Entre Ríos, siguiendo el camino trazado por Corrientes y Córdoba, se afirmó como provincia autónoma respecto del nuevo proyecto político. La ruptura generó tensiones políticas evidentes entre Buenos Aires y las provincias del litoral. Desde la capital se consideró la necesidad de afirmar la autoridad del Congreso y del Estado central, mientras que las provincias disconformes procuraban respaldo interno y la conformación de nuevas alianzas. Estas tensiones se tradujeron en una resistencia inicial más política y jurídica que militarizada, pero con el transcurso del tiempo se incrementaron las posibilidades de una intervención porteña que obligó a las provincias a fortalecer su organización militar de naturaleza defensiva. La separación de Entre Ríos produjo una mayor fragmentación del espacio político nacional, ya que debilitó la legitimidad de la constitución unitaria y mostró la incapacidad del Congreso de 1826 para alcanzar una adhesión sin fisuras. La actitud entrerriana, junto con la de Corrientes y Córdoba, erosionó la percepción de un país políticamente centralizado y alimentó la idea de un conflicto prolongado entre unitarios y federales. Para la provincia misma supuso mantener un mayor control sobre sus recursos y autoridades, pero también el costo de permanecer fuera de un marco constitucional que, a ojos de Buenos Aires, podía implicar ventajas comerciales y diplomáticas. En el terreno militar, la provincia debió reforzar su aparato para disuadir intervenciones externas o internas. Repercusiones en el orden nacional y el derrumbe del proyecto unitario La negativa de varias provincias a aceptar la constitución de 1826 contribuyó al rápido descrédito del proyecto unitarista impulsado por el Congreso. La falta de adhesión general y la resistencia de provincias clave hicieron inviable una implementación homogénea de la norma constitucional. Además, el uso de la vía legislativa desde Buenos Aires sin un consenso federal demostró que el intento de centralización no contaba con el apoyo político necesario para sostenerse. La decisión de la Legislatura de Entre Ríos de no reconocer la Constitución de 1826 y la consiguiente separación representan un capítulo importante en la histórica tensión entre unidad institucional y autonomía provincial en nuestro país. Este suceso subraya cómo la legitimidad política no exige solamente la sanción de textos, sino que, además depende de la demanda de consensos, representatividad y aceptación territorial.

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