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  • Los riesgos de los hijos que se hacen cargo emocionalmente de sus padres

    » La Nacion

    Fecha: 07/03/2026 10:11

    El impacto es absoluto y eterno, la herida es tan profunda que uno siempre tiene que atenderla para asegurarse de que cicatriza bien, es lo primero que dice Lolita Campos, quien se vio forzada a crecer por las circunstancias que la llevaron a ser una niña parentalizada, a crecer de golpe. Cómo sanar esa herida para no repetir el patrón en la propia madurez... La metáfora sería el postoperatorio de una cirugía traumatológica importante: los días de humedad, duele. Cuando ella se pone a dar explicaciones a sus seres cercanos, duele. Cuando se expone de más, duele. La advertencia es positiva: Los días de humedad son parte de la vida y uno sabe que duele. Incluso cuando uno cuenta con herramientas para atravesar el momento, duele, explica la autora de siete libros, tan variados como profundas sus verdades: 28 rulemanes, Peritos de una fuga, Todos los días que fui feliz y Viajar, entre otros. Hoy, Lolita, quien todavía vive el trauma a flor de piel, habla de un hilo invisible que recorre todas las aristas y que uno descubre solo recién cuando es concientizado: el descreimiento de uno mismo, la falta de confianza, la responsabilidad por daño tergiversada por el abuso. Uno descree y, por lo tanto, siempre hay una invalidación emocional constante tras el abuso y una búsqueda de la validación externa permanentemente; hasta en cositas mínimas del día a día, identifica la escritora y poeta. Creo que la necesidad de validación externa constante sucede cuando no se construyó una propia, resume Campos. Pata Liberati, quien estrenó su unipersonal Emocional al cumplir 60 años el pasado 2025, lo resume de la siguiente forma: En la adultez, estos niños parentalizados suelen ser personas sobreadaptadas. Se han acostumbrado a tapar los baches emocionales de sus padres, algo que han aprendido a muy corta edad. Esa hipermadurez en la infancia ha hecho que aprendan a adaptarse con facilidad. En terapia, eso puede usarse a favor, explica Liberati, quien tiene más de 35 años de experiencia al frente de un espacio terapéutico. Esa superadaptabilidad puede convertirse en flexibilidad, capacidad de comprensión, sin que eso tenga un costo sobre la psiquis, expone con esperanza. El gran aprendizaje, según la psicóloga, es aprender a poner límites, no porque no queda otra, sino por elección. Es el gran desafío en estos casos, el mejor escenario, frente a convertirse en adultos infantilizados, como aquellos que quieren vivir a los 40, a los 50 como el típico pendeviejo que no logra salir de ese lugar: Reactivo, inmaduro o débil emocionalmente, explica la terapeuta, quien también es escritora y guionista. El caso Marilyn Hay casos extremos como el de Marilyn Monroe (Norma Jeane) que pasaron a la historia. La madre de Marilyn, Gladys Pearl Baker, sufría de una esquizofrenia paranoide grave y su inestabilidad emocional era total. Desde muy chica, Norma fue su sostén: tuvo que ser la adulta que lidiaba con los brotes psicóticos. Los hijos parentalizados suelen sentir que son responsables del bienestar de sus padres. Marilyn cargó toda su vida con la angustia de no poder salvar, o al menos estabilizar, a Gladys, quien pasó gran parte de su vida internada. Marilyn no podía ser simplemente una nena: sino que tenía que estar siempre alerta, tratando de descifrar cómo agradar a los adultos para que no la abandonaran (no conoció a su padre biológico). La inolvidable rubia pasó por muchísimos hogares de acogida e incluso años en un orfanato. Hay otros casos mucho más leves, como el de la periodista y tarotista Agustina Dandri, quien fue hija única de niña hasta que nacieron sus medios hermanos. Vivió la separación de sus padres de forma traumática, ya que era chica y no tenía las herramientas para procesar lo que sucedía a su alrededor. Ahora de grande, desde otra perspectiva, comprende con mayor claridad: mi mamá estudió su segunda carrera universitaria cuando yo era chica. Era joven, bella y separada. Quería rehacer su vida. Trataba de seguir siendo libre e independiente, mientras hacía su rol como mamá, comparte. Por otro lado, su padre quedó muy dolido tras la separación: Hasta el día de hoy me cuenta anécdotas anécdotas que no solo no le suman a un hijo, sino que me hacen partícipe y tomar partido. Hasta llegué a consolar a mi papá postseparación, confiesa al mismo tiempo que valora muchísimo a este gran hombre en su vida y le da cabida en la actualidad. Patricia Faur se especializa en relaciones tóxicas. Es referente en temas de dependencia emocional, vínculos y estrés. Además de dictar el diplomado en dependencia emocional, es docente en la Universidad Favaloro, donde coordina programas sobre Psiconeuroinmunoendocrinología (el estudio interdisciplinario que aborda cómo las emociones impactan directamente en la salud física). Ser hijo parentalizado (hacerse cargo emocionalmente de sus padres o de alguno de ellos) no es gratis. Tiene consecuencias. La primera es que no hay una pérdida, sino una falta. Uno pierde y hace un duelo por lo que perdió, pero no se puede duelar lo que no se tuvo. Por eso la falta, sentencia la profesional. Al faltar padres capaces de paternar, el niño crece con una falta. Crecer con una falta es crecer con una sensación de déficit: la herida de base es no creerse suficiente, explica. Sentirse insuficiente o tener pensamientos como no debo haber sido suficiente para que me quieran o no debo haber sido suficientemente buena para que no abusen de mí son comunes en estos perfiles. Aparte, implica crecer sobreadaptado, agrega Faur. Hacer cosas de grande cuando sos un niño es lo que desde las neurociencias se describe como una carga alostática o estrés crónico. Desde muy pequeños están sobreadaptados y esto no es sólo una carga psíquica sino que lo paga el cuerpo también. A nivel psíquico, hace que el niño sea proclive a desarrollar mayores trastornos de ansiedad y depresión, sino también cuestiones que tienen que ver con lo psico-neuro-inmune, o sea, cuestiones endocrinas, inmunitarias, producto del estrés prolongado desde la infancia. En adultos que fueron hijos parentalizados en su niñez, vemos que en los vínculos que entablan, sobre todo mujeres, terminan maternando a sus parejas, pone como ejemplo Faur y agrega: terminan llevando este rol de adulto responsable a relaciones donde el otro es una persona infantil, adicta o con alguna otra problemática. Actúa desde un rol codependiente y termina sintiéndose mal, sintiendo que nadie lo cuida, pasando al lugar de víctima nuevamente. Un adulto funcional en lo laboral, en lo económico, en lo profesional, en lo social, pero en lo emocional es como un niño, porque nunca fue niño, concluye la especialista. Algunas secuelas de la parentalización cuando se es adulto - Hipervigilancia: estar siempre pendiente de las necesidades y estados de ánimo de los demás (algo típico de los chicos que crecen con padres impredecibles). - Baja autoestima: sentir que si uno no sirve para algo o no es útil o bello o perfecto, no tiene valor. - Dificultad para poner límites: les cuesta decir que no, lo que habilita a abusadores que detectan esta debilidad y la explotan. - Profunda tristeza: el sentir que a uno le robaron la infancia, que no tuvo un adulto que le diera una base segura, deja un vacío emocional difícil llenar. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. 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