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» La Nacion
Fecha: 07/03/2026 08:46
a fondo Los héroes de Bahía Blanca Una inundación histórica, una respuesta conmovedora 7 de junio de 2025 0 seconds of 0 secondsVolume 90% Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts Atajos de Teclado Shortcuts Open/Close/ or ? Reproducir/PausaEspaciadora Subir el Volumen Bajar el Volumen Adelantar Retroceder Activar/Ocultar Subtítulosc Pantalla Completa/Salir de la Pantalla Completaf Silenciar/Activar Sonidom Decrease Caption Size- Increase Caption Size+ or = Adelantar %0-9 BAHÍA BLANCA.- Alerta amarilla. Casi como un juego perverso, la amenaza de fuertes tormentas fue el pronóstico repetido durante las semanas posteriores al último 7 de marzo, el día que esta ciudad amaneció bajo un diluvio inédito, con más de un metro de agua en las calles, autos apilados, heladeras a la deriva, pesados muebles perdidos en la correntada y vecinos desesperados por salvar todo lo posible. Sobre todo, vidas humanas. No alcanzó. Se perdieron 18, desde una bebé de un año y medio hasta una mujer de 98 años. La furia de esta inundación histórica fue imposible de frenar y ese número no fue más elevado gracias a una comunidad en la que se combinaron la solidaridad y la valentía para ayudar y rescatar a cientos en situación de sumo riesgo. Mascotas también. Con kayaks y motos acuáticas, incluso nadando, a pesar del peligro. Héroes en el agua, anónimos en su mayoría, puro coraje. Aquel día cayeron más de 300 milímetros de lluvia en no más de seis horas. Lo suficiente para convertir a gran parte de esta ciudad y las vecinas localidades de General Cerri e Ingeniero White en literales y profundas lagunas. Los vecinos buscaban refugio en los techos de casas, comercios o establecimientos industriales. Más de 35.000 familias fueron afectadas. Unos 15.000 vehículos semisumergidos, condenados a chatarra. Una enorme ola nacional de solidaridad conmovió durante esos días, con cientos de camiones y trenes cargados con ayuda que llegaba desde distintos puntos del país. Ropa, colchones, artículos de limpieza, alimentos y hasta muebles. Tanto como para superar ampliamente la capacidad para recibir, organizar y distribuir a los damnificados. También desbordaron las donaciones. Cáritas acaba de confirmar que recaudó 1.036.891.692 pesos que destinará a asistencia directa, vivienda y trabajo para inundados. Impresionante e inolvidable. El agua escurrió pronto y dejó viviendas y locales desnudos puertas adentro porque la mayoría del mobiliario y de los equipos electrónicos alcanzados por el agua fueron a la basura. Para tantos no hubo más alternativa que limpiar, llorar, insultar y empezar de nuevo. En eso andan los bahienses aún hoy, cuando ya transcurrieron tres meses desde aquel trágico viernes que dejó huellas en todo sentido: las marcas de la altura que alcanzó el agua se mantienen en varias fachadas, a mitad de la pared y hasta por encima de puertas y ventanas. Durante la conmemoración del 25 de mayo, el intendente local, Federico Susbielles, resaltó las virtudes de quienes convivieron con el desastre: Fue una circunstancia que nos puso a prueba individual y colectivamente, y que mostró la mejor versión de la ciudadanía bahiense, con niveles de solidaridad, de temple y de coraje que dejaron en claro de qué está hecha esta ciudad. Lo que siguió fue otro tema. Se respira tristeza, pasó la emergencia y la sensación entre la gente es como cuando se vive un duelo, dice a LA NACION Germán Sasso, una de las voces destacadas de Bahía Blanca, con un espacio radial donde la comunidad vuelca a diario sus sensaciones de impotencia, dolor y angustia que todavía predominan. La metáfora de Sasso tiene elementos de literalidad. Hace apenas tres semanas se confirmó que restos óseos hallados en un sector de costa de la Base Naval Puerto Belgrano, en el estuario de Bahía Blanca, correspondían a Delfina Hecker, de 18 meses, la última víctima fatal de la lista. En el marco del mismo operativo, el 6 de abril, se había dado con el cuerpo de su hermana, Pilar, de casi 5 años, también arrastrado por el agua a lo largo de más de 40 kilómetros. Ante el duro golpe por las vidas perdidas y el inevitable desafío de volver a ponerse de pie con tanto de lo material perdido, una ciudad que quedó deteriorada, destruida en algunos puntos, pide a gritos obras y reconstrucción. Pavimento, canales de desagüe y edificaciones particulares sufrieron daños gravísimos por el enorme volumen de agua que desbordó pronto el sistema de pluviales, ganó las calles y, en sentido de la pendiente, arrasó con todo en su final camino hacia el mar. A aquel espaldarazo solidario inicial con elementos de primera necesidad se suma, poco a poco, la asistencia del Estado. La provincia de Buenos Aires dio el primer paso y para principios de abril había otorgado un subsidio de 800.000 pesos por familia damnificada y una alternativa de compra en 36 cuotas sin interés para reponer electrodomésticos. El gobierno nacional, con otros tiempos, también hizo lo suyo: liberó pronto una partida para que el municipio atienda la emergencia y, entre fines de abril y principios de mayo, comenzó a brindar ayuda de dos a tres millones de pesos a familias afectadas. Hay reclamos de los que aún no recibieron la asistencia, pero el mecanismo comprometido está en funcionamiento. En cuanto a la obra pública todo implica más costos y, sobre todo, planificación. Gran parte de la infraestructura hídrica de Bahía Blanca y sus alrededores quedó tambaleante después de tanta agua. La comisión especial conformada por profesionales del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos de la provincia de Buenos Aires y el comité de expertos que asesora al municipio acaban de presentar un plan para reconstruir y ampliar el canal del arroyo Maldonado, que atraviesa el tejido urbano bahiense y fue desbordado el día de la tragedia, con un presupuesto de 109.000 millones de pesos. El proyecto contempla ganar ancho a nivel de calle y sumar un paredón de contención resistente. Será a lo largo de una traza de seis kilómetros de extensión que incluye 16 puentes vehiculares y una capacidad de caudal de 900 metros cúbicos por segundo, el triple de lo que tenía el diseño original. Por ahora es tiempo de obras menores pero urgentes y de reparar al ritmo que se pueda el interior de las viviendas particulares, en un contexto económico que no acompaña. Era una casa nueva, se perdió todo, dice Mirna, vecina de General Cerri. Pero le resta valor al aspecto material cuando lo compara con la patriada de un familiar y de amigos que a bordo de un camión arriesgaron su vida, en un camino con casi un metro y medio de agua, para ir por ella, su esposo y sus dos hijos pequeños, que se habían resguardado sobre el techo. Estaban empapados y sentían un frío impiadoso. Entre lágrimas, Mirna celebra que hasta al perro pudieron salvar. Hay familias que perdieron a algún ser querido, y nosotros estamos todos juntos, destaca. Y pinta un futuro con más optimismo: Hay que empezar de vuelta y seguir para adelante. Créditos - Dirección y producción general Matías Boela /Cecilia Miljiker - Texto y producción Darío Palavecino - Producción María Sol Coliva /María Sol Testa Renzi - Producción y entrevistas Cecilia Miljiker - Edición, realización audiovisual y coordinación de postproducción Francisco Ferrari - Cámara Tomás Coudures (Iwok Films) /Axel Indik (Iwok Films) - Edición de video Matías Aimar - Postproducción de sonido Daniel Celina - Edición gráfica y visual Andrea Platón /María Catalina Álvarez - Agradecimientos Agustín Madamás (drone de archivo) - Edición fotográfica Aníbal Greco - Edición periodística Florencia Fernández Blanco Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados
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