07/03/2026 04:22
07/03/2026 04:21
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
07/03/2026 04:19
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 07/03/2026 02:51
Tras un prolongado pacto de silencio que duró 30 años, la historia de tres hermanas oriundas de la ciudad de San Luis salió a la luz en 2018, durante un reencuentro familiar en Córdoba. Hasta entonces, cada una había decidido no hablar de los abusos sexuales que habían sufrido en la infancia, por parte de su padrastro, durante una década. Habían optado por atravesar ese calvario en soledad hasta que una conversación sobre otro caso de violación destapó ese trauma reprimido. Las tres se dieron cuenta de que habían sido víctimas de las mismas vejaciones y atravesado un largo calvario. Carla, la menor, fue la primera en animarse a contar lo que había vivido. Cuando me recibí de abogada, en 2018, viajé a Córdoba para recibir el título. Mi hermana del medio, Karina, vivía allá. En el viaje estábamos hablando de otro caso de abuso, y yo en ese momento les conté a mi hermana mayor, Lorena, mi pareja y mi mamá que yo también había sido abusada. Cuando llegamos a Córdoba, con la ansiedad de saber si a Karina también le había pasado, ella lo confirmó, recordó sobre ese momento que fue determinante para las tres. Nunca había tenido la sospecha de que ellas habían pasado por lo mismo. A partir de allí nos dio mucha fuerza para enfrentarlo, relató Carla. Por su parte, Karina afirmó: Pensaba que si decía algo iba a destruir mi familia y, además, la vergüenza y el miedo que yo sentía. Desde entonces, las tres buscaron asesoramiento con organizaciones especializadas y se contactaron con grupos de apoyo para mujeres víctimas de abuso sexual infantil, quienes las incentivaron para presentar la denuncia. Para esta nota, las hermanas prefirieron dar nombres ficticios para preservar su verdadera identidad. En uno de esos grupos se enteraron del caso de una joven de 18 años que había denunciado a un hombre por haberla abusado durante su infancia. Al ver la foto, no lo dudaron: era la misma persona que durante diez años abusó sistemáticamente de ellas. Las tres se pusieron a disposición de la víctima para prestar testimonio. El denunciado El hombre de 62 años, señalado por las tres hermanas como el responsable de los abusos sexuales y psicológicos sufridos en la infancia, interpuso un recurso judicial para que las abogadas querellantes no pudieran mencionarlo con nombre y apellido. La medida cautelar interpuesta por la defensa sostiene que hay un plan culpabilizador con venganza social ejecutado por las abogadas a través de manifestaciones públicas categóricas en medios de comunicación y redes sociales. Alega que se refieren a su cliente como abusador en etapas tempranas de la investigación, sin que medie declaración indagatoria ni formulación de cargos firme. La presentación judicial también acredita que el hombre presenta un cuadro de angustia y desesperanza profunda con ideaciones suicidas, las cuales guardan una relación temporal y causal directa con la exposición mediática y el hostigamiento denunciado. Las hermanas denuncian que este hombre había ingresado al círculo familiar a mediados de los años ochenta como amigo de los padres y, tras el divorcio de ellos, entabló una relación sentimental con la madre de las víctimas. Dicen que su presencia en la casa era constante y que gozaba de la confianza de los adultos, quienes lo dejaban al cuidado de las niñas durante las noches y algunas tardes. Las hermanas coinciden en que los abusos se produjeron entre 1985 y 1995, cuando tenían entre 3 y 9 años. Contaron que el hombre utilizaba su rol de cuidador para aislar a cada hermana en habitaciones separadas, donde cometía los ultrajes. Ellas están convencidas de que él utilizaba algún tipo de sustancia para adormecerlas, ya que todas relataron dificultad para recordar cómo llegaban a las habitaciones y una incapacidad para defenderse o moverse al momento de los hechos. Relataron que esas situaciones ocurrieron tanto en la intimidad de la noche como en otros momentos del día, aprovechando cualquier oportunidad en la que no hubiera otros adultos presentes. Era una persona peligrosa, adicto al sexo infantil, o sea un pedófilo. No le importaba que éramos tres criaturas y no le importaba si mis padres estaban cerca. No tenía control y socialmente es peligroso, expresó Karina. Uno de los elementos que refuerzan la preocupación de las denunciantes es la actividad pública del acusado. Según señalaron las abogadas querellantes Estrella Marín y María Fernanda Pereyra Jamenson, el hombre realiza acciones solidarias en barrios vulnerables y publica en sus redes sociales fotografías junto a niñas pequeñas en contextos recreativos. No es una foto circunstancial. Hay reiteración. Son imágenes en distintos momentos y contextos, siempre con menores, siempre en una posición de cercanía, explicaron. Cuando existen denuncias de abuso sexual infantil, la presencia activa y reiterada en ámbitos con niñas debería, como mínimo, encender alertas, afirmaron. Además, indicaron que ese material fue incorporado a la causa como elemento de análisis. Las fotos están en sus redes públicas. No es algo que haya que investigar demasiado: él mismo las difunde, enfatizaron. Para las tres hermanas y la nueva víctima de 18 años es muy duro ver esas publicaciones. Sienten que mientras ellas esperan justicia, él continúa desarrollando actividades con menores sin ningún tipo de restricción, se lamentaron. Juicio por la Verdad A pesar de que la acción penal está prescripta, las letradas aseguran que el dolor no prescribe y le pidieron al Poder Judicial de San Luis que investigue lo ocurrido y se exprese al respecto. Durante décadas existió silencio en torno a los hechos y cuando las sobrevivientes lograron hablar, la respuesta del sistema penal fue que ya era tarde. Nosotras creemos que nunca es tarde para la verdad, enfatizaron las abogadas, quienes reclaman un Juicio por la Verdad. En este caso, además de la demora judicial, hay otro elemento que las abogadas consideran especialmente grave: la prohibición de referirse públicamente al acusado. Sobre nosotras rige medida cautelar que les impide brindar declaraciones que puedan implicar la identificación del denunciado. Estamos prácticamente bajo una censura previa, dijeron. Además, señalaron que la restricción impacta directamente en la estrategia de visibilización del caso. En causas de abuso sexual infantil, la difusión responsable muchas veces permite que aparezcan otras víctimas. Pero cuando te imponen una prohibición tan amplia, se dificulta esa posibilidad, indicaron. Las abogadas subrayaron que respetan las decisiones judiciales, pero cuestionaron el alcance de la medida. Entendemos el derecho de defensa y el principio de inocencia. Pero también creemos que no puede convertirse en una herramienta para silenciar a las víctimas o a quienes las representamos, expresaron. Testimonios desgarradores Era despertarse y tenerlo encima nuestro tocándonos y besándonos las partes íntimas. Aparecía entre las frazadas, nosotras no podíamos defendernos ya que no teníamos fuerza para movernos. En distintas ocasiones nos hacía practicarle sexo oral, y él también lo hacía con nosotras, sumado al manoseo y los besos que eran a diario, coincidieron las hermanas. Los abusos -dijeron- no solo ocurrían en las habitaciones sino donde él pudiera y tuviera la posibilidad de hacerlo, sin que nadie lo viera y sin importar si había gente o no en la casa. En otras ocasiones despertábamos con la sensación de apretar fuerte las piernas y hacer fuerza ya que estaba encima intentando penetrarnos, cosa que no sabemos cómo lograba. Calculamos que usaba geles íntimos o aceites, ya que recordamos algo suave en la piel, sumado a la paciencia que él tenía para lograr su objetivo, metiéndonos sus dedos en la vagina y obligándonos a besarlo a él en la boca y el pene, recordaron. El modus operandi era mantenerlas en habitaciones separadas con las puertas cerradas, siempre en silencio y a oscuras. Karina contó que llevaba a la habitación de sus padres y Lorena dijo que la violaba en su habitación. Únicamente las juntaba en algunas ocasiones. A Carla y Karina, que compartían habitación, las ponía en un colchón en el piso y él se acostaba en el medio. Me hice pis hasta los 10 años, me comía las uñas de tal forma que me debían llevar al médico porque se me infectaba hasta el brazo. Era muy rebelde y estaba siempre muy enojada. Creo que fui la más afectada de mis tres hermanas por el hecho de ser la menor, admitió Carla sobre el impacto psicológico de lo vivido. Karina, por su parte, señaló que Olivera utilizaba excusas para invadir su intimidad en otros momentos del día: Solía intentar entrar al baño cuando me estaba bañando para ayudarme a bañarme, para alcanzarme la toalla, el champú, o con cualquier excusa. La mujer contó que el abuso prolongado afectó su autopercepción y su vida adulta. El miedo lo vivo a diario, tengo pesadillas hasta el día de hoy, espantosas. El rechazo a mi cuerpo, dificultades en mis relaciones de pareja y tendencia a relacionarme con personas que me dominaban, reconoció. Lorena también se refirió a las secuelas emocionales y las consecuencias sobre su capacidad para diferenciar lo permitido de lo prohibido. Estaba todo como muy naturalizado, me costó mucho defenderme, poder hablar, una especie de parálisis en todos los aspectos de mi vida, fobias que me siguen sucediendo en la actualidad, un temor grandísimo a todo y una excesiva culpa por algo que no hice, remarcó. A 30 años de los abusos, Carla tiene 41 años; Karina, 43 años; y Lorena 46 años. Remarcan que, aunque el proceso de denuncia significó enfrentar recuerdos dolorosos y atravesar una nueva instancia de exposición, decidieron dar el paso definitivo cuando supieron que el hombre había sido denunciado por el abuso de otra adolescente, quien actualmente tiene 18 años. Al reconocer que la violencia no se había detenido y que el acusado continuaba vinculado a espacios con niños, las tres eligieron presentarse ante la justicia y ofrecerse como testigos en la causa de la joven. Para ellas, el tiempo no borra lo que ocurrió ni anula la posibilidad de que se escuchen sus voces. Y subrayan que romper el silencio puede abrir el camino a la reparación y a la protección de otras infancias.
Ver noticia original