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» La Nacion
Fecha: 06/03/2026 15:57
Después de más de cinco años con las persianas bajas, el histórico Plaza Dorrego Bar vuelve a recibir a clientes fieles, vecinos y nuevos habitués en sus mesas. En la esquina de Defensa y Humberto Primo, pleno corazón de San Telmo, la misma barra de madera tallada con inscripciones, fechas y mensajes recupera su espÃritu original. Es un clásico del bar que ya luce las mismas estanterÃas cargadas de botellas de época, cajones de cereales y legumbres por peso. Con mesas y sillas de madera, pisos de damero y ventanales que miran a la plaza Dorrego, el tradicional punto de encuentro rescata una de las joyitas del circuito histórico porteño. La restauración integral demandó casi tres años. Su nuevo dueño, Pablo Durán, puso el foco en recuperar buena parte de la memorabilia que marcó durante décadas el espÃritu del bar, inaugurado en 1880, frente a uno de los espacios públicos más antiguos de la ciudad, sede de la Feria de San Telmo, el mercado de antigüedades que también es escenario de encuentros musicales y culturales. Lo encontramos muy deteriorado, las instalaciones de luz y gas estaban al borde del colapso. Ni cocina tenÃa. Todo destruido y abandonado. AbrÃas la puerta de la heladera y se caÃa, comenta Durán, también dueño de otros bares notables, con adn porteño, como el Café La PoesÃa, Hipopótamo, Cao, Miramar, El Federal y Margot. El Dorrego Plaza fue uno de los primeros en integrar el catálogo de Bares Notables, en 1998, apenas un año después de promulgada la normativa que reconoce el valor patrimonial de este tipo de bares. Por su antigüedad, arquitectura, o por haber sido punto de encuentro de la vida cultural y polÃtica, hoy hay 82 en la lista. El proceso de recuperación incluyó una tarea titánica: desmontar la barra de madera, que ya estaba podrida, llevarla a un taller de carpinterÃa y devolverle su estructura original. Las frases y leyendas las dejamos intactas. Forman parte de la mÃstica, explica Durán, que levantó una cocina, a nuevo, para despachar minutas, picadas, pastas caseras, sándwiches, café y pastelerÃa. Mantener la historia también puede ser rentable. Antes se rompÃa y se descartaba lo viejo. Hoy, en cambio, son cada vez más las personas que le dan valor, apunta el dueño, que frecuentaba el bar en su adolescencia. Aquà venÃa con mi novia Laura, hoy mi mujer, recuerda. Guido Sabato, nieto del escritor Ernesto Sabato, se hizo presente en la inauguración, celebrada ayer. Es que el autor de El túnel protagonizó una de las confrontaciones más comentadas de la cultura argentina. Enemistado durante 20 años con Jorge Luis Borges, ambos maestros de la literatura, se reencontraron en 1975 en el Dorrego Plaza Bar. En la misma mesa de madera donde hoy se vuelve a servir café, frente a la barra, Borges y Sabato saldaron sus diferencias polÃticas y se dieron otra oportunidad. El encuentro fue impulsado por Alfredo Serra, periodista de la revista Gente. Y también fue registrado por el periodista Osvaldo Barone, que reprodujo los detalles de esa charla en el libro Diálogos. Es tan importante rescatar ese momento clave para darnos cuenta de que las diferencias también nos pueden nutrir, a pesar de la polarización, señala Sabato, músico, a cargo de la Casa Museo Ernesto Sabato, en Santos Lugares, que realiza circuitos y experiencias los sábados a las 15. Y agrega que el café funciona como espacio de discusión primario, clave para la democracia, para enriquecernos con otras opiniones. El bar nació en un edificio de dos pisos, de estilo italiano: eran los Altos de Besio. En la planta baja, habÃa un almacén de ramos generales con despacho de bebidas, que luego fue El imperial, regenteado por un inmigrante gallego de apellido Vidal. Pasaron las décadas y hubo un hito que cambiarÃa para siempre la historia de la plaza. Para revitalizar la zona, en 1970, el arquitecto José MarÃa Peña convocó a los vecinos a vender cosas usadas. AsÃ, nació una de las ferias de antigüedades más conocidas de Buenos Aires. El bar, asÃ, se sumó a la movida bohemia de la zona. Fue testigo de esa transformación hasta que, en 2020, justo antes de la pandemia, cerró sus puertas. Atrás quedaba el café, los debates culturales y una época de gloria signada por el manà con cáscara. Esa nostalgia del pasado que está tan de moda, recupera a partir de hoy sus rituales porteños. Y a las 19, llegará un regalo para los vecinos del barrio: tocará la Orquesta Juvenil de San Telmo. Un bar notable es un bar que guarda el patrimonio, la identidad de la ciudad. Es un lugar de encuentro referente en el barrio, más allá de mantener su mobiliario lo más original posible; es el bar al que van los vecinos, concluye Durán, el artÃfice del rescate de uno de los bares clave de la escena porteña. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite
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