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Parana » Cuestion Entrerriana
Fecha: 06/03/2026 15:05
Michael Jordan, ganador de seis títulos de la NBA y considerado por muchos como el mejor basquetbolista de la historia, tiene una visión tan clara como polémica sobre cómo alcanzar los objetivos: Para tener éxito hay que ser egoísta, o si no nunca lo lograrás. En realidad, su pensamiento recogido en citas de distintos libros es más amplio y se completa de la siguiente manera: Una vez que alcanzás tu máximo nivel es importante dejar de aislarte, mantenerte accesible y ser generoso con los demás. La frase generó debate porque Jordan construyó su legado en un deporte colectivo, donde el éxito depende del funcionamiento del equipo. Por eso, muchos consideran que la ambición personal debería tener un límite cuando el objetivo mayor es el triunfo colectivo. El alero que hizo historia en los años 90 con Chicago Bulls, equipo con el que ganó seis anillos de campeón, hoy tiene 63 años y recientemente se alejó de Charlotte Hornets, la franquicia de la NBA de la que fue propietario mayoritario durante más de una década. Algunos interpretan que, cuando habló de ser egoísta para triunfar, Jordan se refería en realidad a la necesidad de concentrar tiempo, energía y enfoque en los propios objetivos, evitando distracciones, dudas o la necesidad de agradar a todo el mundo. Hay que ser egoísta para tener éxito El legendario deportista también remarcó que el éxito exige entrenar más que los demás, practicar durante horas, estudiar al rival y prepararse mentalmente para soportar situaciones de máxima presión. Otro aspecto clave en su filosofía tiene que ver con la relación con el fracaso, algo que el propio Jordan suele mencionar para explicar su trayectoria. He errado más de 9 mil tiros en mi carrera. He perdido casi 300 partidos. He fallado una y otra vez. Pero esa es la razón por la que tuve éxito. Todos mis héroes han fracasado en algún momento, y esa es mi mayor motivación, afirmó. Además de su talento y una capacidad física extraordinaria que le permitía permanecer suspendido en el aire una fracción de segundo más que el resto, Jordan se destacó por una personalidad competitiva feroz y un deseo permanente de superación. Esa mentalidad lo llevó a ser elegido jugador más valioso de las finales de la NBA en cinco oportunidades, consolidando un legado que lo ubica un escalón por encima del resto en la historia del básquet. Dentro de la cancha parecía capaz de todo. Con 1,96 metros de altura una estatura moderada para competir con los pivots gigantes de la NBA se imponía en los rebotes gracias a su increíble salto, tenía altos porcentajes en triples, era casi infalible desde la línea de tiros libres y además destacaba como asistidor. Era el jugador al que siempre se le daba la pelota para definir los partidos con el último tiro contra la chicharra. Su mentalidad ganadora fue reconocida por compañeros, rivales y entrenadores. No quería perder ni siquiera en los entrenamientos y utilizaba cualquier desafío como combustible para motivarse. La serie documental The Last Dance (El último baile) mostró su carrera con un enfoque crudo, poniendo especial atención en su regreso al básquet tras retirarse temporalmente para probar suerte en el béisbol. Ese retrato también generó controversia. Scottie Pippen, su histórico compañero en Chicago Bulls, criticó duramente el documental. Según su visión, la serie exageró el protagonismo de Jordan y minimizó el papel del resto del equipo. Michael fue egoísta. El documental no nos dio el crédito que merecíamos por ayudarlo a convertirse en el mejor de todos los tiempos, sostuvo Pippen, reavivando el debate sobre hasta qué punto el éxito de Jordan fue individual o colectivo.
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