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» TN
Fecha: 06/03/2026 06:59
Cada 30 días una perfumería baja la persiana en la Argentina. El dato surge de un relevamiento de la Cámara Argentina de Perfumerías y sintetiza el deterioro de un sector que no logra recuperar el nivel de ventas previo a la pandemia y que ahora enfrenta un frente adicional: el crecimiento del comercio ilegal de cosméticos, principalmente de origen chino, y de perfumes árabes. El impacto se da en un mercado que alcanza a 60.000 puestos de trabajo en todo el país y que, según los empresarios, arrastra una caída sostenida del consumo desde hace más de una década. La pérdida del poder adquisitivo golpea con fuerza a los productos considerados no esenciales, como perfumes y maquillaje, que registran las mayores retracciones en facturación. Leé también: Crece la morosidad: más de 40% de las familias tienen dificultades para pagar las cuotas de los electrodomésticos A ese escenario se suma un desfasaje de precios y costos. En 2024, mientras la inflación aumentó 117,8%, según el Indec, los precios del rubro subieron 40%, de acuerdo a los datos de la Cámara. En paralelo, durante 2025 el salario de comercio acumuló un incremento cercano al 70% por paritarias y bonos obligatorios. Con ventas en baja, alquileres y servicios ajustados por inflación y mayores costos laborales, la rentabilidad se volvió nula para muchos locales de acuerdo con el sector y, los comercios con menor capacidad para resistir, terminan cerrando. Ventas en retroceso y competencia desigual El proceso de cierre comenzó hace 10 años, explicó Julio Vázquez, presidente de la Cámara Argentina de Perfumerías, en diálogo con TN. Señaló que la competencia directa de mayoristas, supermercados y farmacias fue el primer golpe, al que luego se sumaron la pandemia y la crisis económica. Según detalló, el segmento más afectado es el de beauty, que incluye maquillaje y productos de belleza. Un producto nacional puede costar $10.000, mientras que uno ilegal se consigue por $3000, afirmó. En un contexto de ingresos deteriorados, el precio se convirtió en el principal factor de decisión de compra. Las ventas de perfumes importados también retrocedieron con fuerza. El fenómeno de las fragancias árabes, que ganó visibilidad en redes sociales, expuso otra tensión: conviven versiones originales con falsificaciones o productos que no cumplen con las normas. Nosotros solo comercializamos aquellos que están nacionalizados y en regla, aclaró Vázquez, pero denunció que no pasa lo mismo por otros canales de venta. El dirigente insistió en que el problema no es la competencia por precio, sino la informalidad. No tenemos inconveniente en competir, siempre que las reglas sean iguales y leales, sostuvo. El riesgo sanitario y el pedido de más controles El punto más sensible es el sanitario. La Cámara advirtió que buena parte de los productos que ingresan de manera irregular no cuentan con aprobación ni controles de la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Se trata de artículos que se aplican directamente sobre la piel, como labiales o máscaras de pestañas, y que podrían provocar alergias o reacciones adversas. Estos productos ilegales falsifican formulaciones, certificados de la ANMAT y establecimientos elaboradores. Es grave porque son productos que se aplican sobre la piel, alertó Vázquez. Recordó además que el organismo suspendió recientemente la venta de marcas de cosmética infantil por incumplimientos en requisitos básicos. El empresario describió incluso un circuito paralelo con envases originales. Existe una industria detrás de los frascos vacíos, afirmó. Según explicó, se detectó la recolección de envases en la vía pública para rellenarlos con líquidos sin calidad ni persistencia y volver a sellarlos como si fueran originales. Ante ese escenario, algunas perfumerías implementaron descuentos a quienes entregaran el envase vacío para su destrucción. Desde la Cámara reclamaron que se refuercen los controles en Aduana y en los canales de comercialización informal, con el objetivo de proteger la salud pública y preservar la competencia leal. El trasfondo es económico, pero también sanitario. Un mercado en retroceso donde la caída del consumo convive con productos más baratos que, según el sector formal, operan por fuera de toda regulación.
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