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  • El cisne negro no solo llega desde Irán - Informe Digital

    Parana » Informe Digital

    Fecha: 05/03/2026 22:08

    En economía y en política, a veces los acontecimientos que cambian el clima no nacen en casa. Llegan de afuera, inesperados, con la fuerza de esos cisnes negros que desordenan todos los cálculos previos. La guerra de EE.UU. e Israel con Irán, que volvió a sacudir al tablero internacional, es uno de esos eventos que ningún funcionario argentino tenía en su hoja de ruta para 2026. Y, aunque los efectos por ahora apenas se sienten, ya muchos han decidido elevar sus alertas. El primer impacto apareció donde siempre aparece cuando el conflicto se instala en Medio Oriente: el precio del petróleo. Desde el viernes 27 de febrero, cuando se desató la ofensiva militar, el barril Brent saltó más de 10% y llegó a ubicarse en torno de los US$ 84-85, tras haber cerrado la semana previa cerca de los 73 dólares. Es una incógnita dónde terminará en las próximas ruedas, dependerá en gran medida de que Estados Unidos logre garantizar la circulación de buques petroleros por el Estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo global. Para la Argentina, esa dinámica tiene una primera traducción evidente: si se sostienen los precios, como exportador de crudo, podría ver una mejora en sus ingresos de dólares. Aunque sería más por una apreciación de sus exportaciones que por la posibilidad de aumentar las cantidades de crudo que coloca en el exterior. Hoy todo el mundo lo que produce lo vende, explica el CEO de una petrolera con la condición de no ser identificado. Lo mismo sucede con el gas natural licuado (GNL), cuyo precio se disparó todavía más que el del petróleo. Aunque en Vaca Muerta las reservas son enormes, no tiene todavía la Argentina la capacidad de transportar y vender ese gas al exterior. Si esto nos hubiera agarrado en 2027, ya con los proyectos de GNL avanzados, sería otra historia, se lamentó el ejecutivo. En otras palabras, en el corto plazo, no tiene cómo la Argentina abastecer la demanda de países que hasta ahora dependían del gas de Medio Oriente. Los años de desinversión pesan cuando se ven las oportunidades pasar de largo. Es cierto, no obstante, que la situación de Medio Oriente refuerza una lógica que hace tiempo impera en el mercado, que apunta a la necesidad de fomentar aquellos proveedores ubicados en zonas donde no hay conflicto. La geopolítica -dice el economista Marcelo Elizondo, especializado en negocios y economía internacional-, está siendo cada vez más influyente para decidir dónde invertir. Pero, como con la minería, acá los beneficios se verán a mediano-largo plazo. Paciencia. La guerra sí podría tener un efecto más de corto plazo en la economía y es que el aumento del petróleo podría presionar indefectiblemente sobre el precio de los combustibles, justo cuando el Gobierno necesita desesperadamente contener la inflación. Las naftas son una de esas variables que, cuando se mueven, arrastran al resto: transporte, logística, alimentos. Para marzo, las consultoras privadas estiman que el índice de precios al consumidor (IPC) podría ubicarse entre 2,6% y 3%. No es un momento para echarle más nafta al indicador. Sobre todo porque la actividad económica sigue sin levantar vuelo. Al menos, no en los sectores que más demandan mano de obra, como el comercio o la construcción. No sólo el equipo económico reconoce, en privado, cierta frustración al respecto. Operaciones de venta, como la de Carrefour, que hace meses negocia su salida del país, dependen en gran medida de que el consumo muestre un repunte. Los franceses decidieron darle seis meses al negocio para ver si mejora y así mejoran las ofertas de los interesados -todavía en carrera el empresario Francisco De Narváez y la chilena Cencosud-, pero difícilmente puedan mostrar mejores números, reconoció una persona al tanto de la transacción. Y es que las ventas de los supermercados siguen planchadas. Quienes participan del negocio aseguran que las ventas están hoy casi en los mismos niveles de fines de 2023. También en el campo siguen de cerca el conflicto en Irán como un evento disruptivo. Si bien podría mejorar en algo los precios de las commodities (en el caso de guerra de Ucrania fue más directo, pero porque tanto el país invadido como Rusia eran grandes productores de trigo y de maíz), también puede encarecer el precio de los fertilizantes -ya sucedió esta semana con la urea- y del gasoil, en plena temporada de cosecha de soja. Vuelo a la calidad Si bien por ahora no hay grandes cimbronazos, la tensión externa altera otro frente sensible para el Gobierno: el financiero. La reacción inicial de los mercados fue la clásica ante un shock geopolítico: huida de los activos de riesgo. En el caso argentino, eso se reflejó rápidamente en los bonos. El riesgo país llegó a rozar los 600 puntos básicos y cerró alrededor de 550, uno de los niveles más altos del año. El fly to quality [vuelo a la calidad] podría generar presión cambiaría en varios países inclusive Argentina, advierte Elizondo. En el mercado cambiario local, no obstante, muchos se sorprendieron precisamente porque el peso parece estar completamente ajeno a las bombas del exterior. A diferencia del real brasileño, el peso apenas se depreció. La realidad es que es un fenómeno que ya lleva semanas y que provocó varias consultas de técnicos del FMI entre actores locales, según confiaron. El FMI, que tiene previsto tratar el caso argentino a fin de mes, no tendría mayores objeciones a la gestión de Caputo. Es posible que exprese su deseo a una mayor acumulación de reservas, pero en este nuevo contexto de guerra en Medio Oriente, difícilmente pueda presionar por que se aceleren las compras. Los inversores sofisticados esperan señales de cómo impacta la guerra en la economía norteamericana para saber qué puede pasar con la política monetaria de la Reserva Federal. Presiones inflacionarias podrían provocar que la Fed no realice los recortes de tasas previstos para el mercado este año. Tasas más altas en los Estados Unidos desincentivan los flujos de inversiones hacia países emergentes como la Argentina. Se podrá vivir sin Wall Street, como pregona ahora el equipo económico, pero no eternamente. Ya varias provincias que tenían previsto salir a emitir deuda en el mercado internacional comenzaron a temer por el timing. La semana pasada, a Entre Ríos le costó colocar su bono 2033 por US$300 millones. En gateras están Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Neuquen, y Chubut. No todas cuentan aún con la autorización necesaria del Ministerio de Economía de Luis Caputo. La especulación en el mercado es que las autorizaciones se retacearon durante el verano con la idea de que la Nación saliera primero con su propio bono internacional. Pero, al final del camino, el cambio de estrategia del Gobierno que muchos atribuyen directamente al presidente, Javier Milei y que terminó con la salida del secretario de Finanzas, Alejandro Lew, dejó a todos a mitad de camino: ni la Nación ni las provincias lograron aprovechar los días de bonanza financiera. En el mundo empresario, con todo, la atención también se empieza a concentrar en un evento que, en otras circunstancias, monopolizaría la conversación económica local: la Argentina Week en Nueva York. La expectativa es alta. Buena parte del establishment argentino se prepara para desfilar por Manhattan: banqueros, CEO de las principales compañías, ejecutivos de multinacionales y también algunos funcionarios. El objetivo es el de siempre: explicar el rumbo del país, seducir inversores y medir el humor de los fondos. La Argentina, pese a todo el tembladeral global, sigue de moda. El Gobierno tiene resultados para mostrar. Aunque, localmente, la interna está caldeada. En algún punto, pareciera que el principal riesgo para la administración libertaria no viene de Tehrán sino de su propio gabinete. Los cambios en el Ministerio de Justicia, que dejaron en una situación de vulnerabilidad al otrora todopoderoso asesor Santiago Caputo, mantienen a muchos analistas políticos atentos. ¿Habrá represalias? Muchos creen que la avanzada de Karina Milei en terrenos hasta ahora dominados por Caputo no terminará en el área de Justicia. Podrá llevar algunos meses, pero la puja no termina acá. En este tablero empiezan a aparecer nombres que, aunque todavía suenen lejanos, se mencionan en voz baja cuando se piensa en 2027. Uno de ellos es el de Jorge Brito. El banquero expresidente de River aparece en algunas conversaciones del peronismo como un posible outsider capaz de tender puentes entre el mundo empresario y la política. No es una candidatura en construcción ni mucho menos. Pero sí una hipótesis que algunos dirigentes empiezan a imaginar frente a un peronismo que todavía busca reorganizarse. Por ahora, todo eso pertenece al terreno de las especulaciones. La urgencia del presente es otra: navegar un escenario internacional incierto y sostener la estabilidad económica. Porque si algo enseña la política argentina es que los cisnes negros del mundo pueden incomodar. Los propios pueden ser devastadores.

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