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» Clarin
Fecha: 05/03/2026 10:45
Para la gente de San Telmo la emoción ante la catarata de recuerdos es inevitable. En la esquina de Defensa y Humberto Primo aquel coloso que estaba dormido desde hacía cinco años ahora está despierto, y abre de vuelta sus persianas al mundo que lo vio nacer y lo acunó desde 1880. No es un día más para los vecinos y comerciantes que hicieron la historia del Plaza Dorrego Bar. Poner un pie en este lugar, incluso sin haberlo conocido antes, tiene una magia particular. Las historias aparecen solas y hasta teletransportan a algún momento puntual: el encuentro de Jorge Luis Borges y Ernesto Sabato, las visitas de Ástor Piazzolla y Horacio Ferrer, los amores, las disputas y los proyectos que se forjaron entre esas cuatro paredes. El alma de este bar está intacto, así como el de cada uno de los viejos clientes que lo conocen de toda la vida. No fue fácil ponerlo de pie luego de haber estado cerrado por cinco años y Pablo Durán -su dueño- lo sabe a la perfección. Entre idas y venidas, le llevó tres años poner la firma para quedarse con la propiedad, y luego dos más para reacondicionar el espacio con una obra de puesta en valor. El lugar estaba destruido. El trabajo valió la pena, y desde este viernes el Plaza Dorrego Bar volverá a funcionar todos los días de 8 a 2 de la mañana, y ofrecerá un servicio de bebidas, picadas, platos y minutas. A las 19, como homenaje, tocará la Orquesta Juvenil de San Telmo con sus setenta integrantes, al aire libre y para todo público. Clarín reúne a Durán y a los vecinos de San Telmo en una mesa del bar. La emoción y la expectativa por la reapertura no tardan en aparecer en las caras de todos. Especialmente al ver que el bar que tanto extrañaban fue recuperado de forma estupenda, y qué está igual a como lo recordaban en sus años gloriosos. Nosotros desarmamos todo, la barra no servía ni para hacer un asado. Estaba todo podrido. Tengo un galpón con mesas, sillas, maderas, donde trabajamos para el cuidado de todos los bares. Desarmamos todo, lo llevamos para allá y empezamos con la obra para hacer la cocina, los baños, las instalaciones eléctricas, de agua, gas. Están los baños nuevos arriba, hicimos una losa, la cocina abajo. Una vez que terminamos con todo eso empezamos a traer las cosas. Parte se montó allá y parte acá en el bar, explica Durán sobre el proceso de recuperación. Pablo tiene ya una amplia experiencia en el rescate de bares notables, y de hecho también tiene a su cargo otros emblemas porteños como el Café La Poesía, Hipopótamo, Cao, Miramar, El Federal y Margot. Las mesas son originales, las sillas también. Se hizo todo un trabajo de recuperación y restauración. El piso no lo cambiamos, se recuperó también. Lo que se agregó fue un mármol viejo en la barra. La exhibidora de jamón también es nueva, añade. El Plaza Dorrego lucirá las estanterías, los cajones de cereales y además las legumbres por peso y los pisos de damero de siempre. ¿Cómo llegó a este bar? Durán dice que desde chico tuvo la pasión por la restauración; primero lo hizo con las bicicletas, luego con los autos y después se pasó al rubro de los bares. Iba mucho a los bares con mi papá, que era gallego y murió joven, eran siempre estos bares. Los vecinos que se sientan a charlar también hace su aporte a la historia de este bar tan popular. Juan Carlos Pallarols, platero argentino de renombre internacional, es un cliente fiel del Plaza Dorrego Bar, al que conoce como muy pocos. Tiene su taller a pocos metros, por lo que este bar siempre funcionó como central de reuniones con sus amigos, personalidades ilustres de todo el mundo. Para Pallarols el trabajo de puesta en valor fue excelente y señala que esto se nota incluso en lo más mínimo: en los mensajes tallados por los habitués en las maderas de la barra y las mesas que se conservan. Antes, dice, el bar estuvo mucho tiempo abandonado, con las mismas maderas astilladas y con muy poca inversión. Venían Piazzolla y Ferrer. Él venía con Lulú, su esposa. Venía mucho el gordo (Jorge) Porcel también, recuerda Pallarols. Este bar fue construido en el año 1880 en dos plantas. Fue conocido como los Altos de Besio, debido a su propietario, quien en la planta baja tenía un almacén de ramos generales con despacho de bebida. Posteriormente, se llamó Bar almacén El Imperial, luego Bar San Pedro Telmo y desde el año 1989 es conocido como Bar Plaza Dorrego. Teresa Gargiulo, vecina de San Telmo y dueña de un comercio de botones en la Feria de Antigüedades, confiesa que lloró cuando vio que la esquina de Dorrego y Humberto Primo levantó sus persianas después de tanto silencio. Esa feria cambió la historia de la plaza y de todo lo que la rodea. En 1970, el arquitecto José María Peña, por entonces el director del Museo de la Ciudad de Buenos Aires, quiso darle más vitalidad a San Telmo y se le ocurrió convocar a una treintena de vecinos a vender cosas usadas. Así nació esta feria a la que solían sumarse artistas como Osvaldo Giesso, Enio Iommi y Jorge Nigro. El rol del Dorrego Plaza Bar fue clave en ese proceso. Se hizo parte de la movida cultural y turística motivada por la feria. Hemos tenido días maravillosos, temporadas maravillosas y otras más bajas. Acá veníamos con las chicas a tomar el té. Acá venía con el hombre que amaba, que ahora ya no está más. Fui muy feliz. Cuando vi que estaba reabriendo me puse a llorar, me emocionó mucho. Todos se preguntaban qué había pasado cuando cerró, los mozos quisieron hacerse cargo cuando el inquilino dejó colgado el local y se fue, rememora Teresa, que hace más de 50 años es feriante. A ella se suman otras vecinas y comerciantes del barrio que defienden la Feria de Antigüedades y la historia compartida con el bar: Pochi Grey, reconocida actriz y vedette argentina que tiene 42 años trabajando en la feria, y Vanina, la vicepresidente de esta feria. Es una postal de San Telmo el Bar Dorrego, es innegable. Hay cuadros y cosas que hacen a esta esquina, destaca Vanina. Pochi recuerda con anhelo aquellos tiempos en los que visitaba el bar: Veníamos a comer sánguches de lomo, completos, era riquísimo. Volver a tomar café acá es un placer, como era antes. Eleonora Dorrego también se hace presente en el bar como vecina, pero también como representante de la descendencia del coronel Dorrego, por quien lleva nombre la plaza y este bar. Es tataranieta de Luis Dorrego, hermano mayor del destacado militar. Yo siempre digo que la vida ya estaba escrita desde antes de que uno naciera. Un día mi marido me regaló un departamento, resulta que cuando vamos a escriturar me entero que esa propiedad era originalmente de Cosme Argerich. El abuelo de él fue quien, por pedido de Rosas, levantó el cuerpo de Dorrego y lo reconoció por la chaqueta que tenía puesta. Las casualidades no existen. Su abuelo fue el que levantó el cuerpo de Dorrego. No me quiero ir nunca de este barrio, comenta Eleonora. En este mismo lugar, en una de las mesas, se produjo el inolvidable encuentro entre Sabato y Borges. Fue en 1975, cuando el periodista Alfredo Serra los reunió para hacerles una entrevista en la revista Gente tras 20 años de enemistad. Quien había logrado juntarlos anteriormente para realizarles siete entrevistas que serían volcadas al libro Diálogos fue el periodista y escritor Osvaldo Barone. Este jueves a las18 se hará la apertura oficial con una lectura de fragmentos del libro Diálogos leídos por Guido Sabato, nieto del escritor y por Victoria Kodama, que es una de las sobrinas de María Kodama. En el brindis van a estar también otra de las nietas de Sabato y otra sobrina más de Kodama y su familia. Se espera la presencia de funcionarios de la Ciudad. Así también asociaciones del barrio, la Junta de Estudios Históricos de San Telmo, la presidenta de Bomberos Voluntarios en Puerto Madero y el cura de la Parroquia de San Pedro González Telmo que bendecirá el bar. Un bar es un lugar de encuentro. Es el lugar donde todos se encuentran para un negocio, para una pelea, para un amor, para arreglar el mundo o para estar uno mismo con un libro. Hoy hay más conciencia de respetar y de cuidar, concluye Durán. SC Sobre la firma Newsletter Clarín
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