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Concordia » Despertar Entrerriano
Fecha: 05/03/2026 06:23
De 20 a 470 socios: la recuperación de la histórica Biblioteca Olegario Víctor Andrade Ubicada en calle Primero de Mayo, entre Pellegrini e Hipólito Yrigoyen, la Biblioteca Popular Olegario Víctor Andrade atraviesa una nueva etapa de recuperación institucional y edilicia. Con 470 socios activos, horarios ampliados y una agenda cultural en marcha, la histórica institución busca consolidarse nuevamente como un espacio abierto, accesible y vivo para toda la comunidad. Despertar Entrerriano dialogó con su secretaria, Amalia Ayala, y su tesorero, Omar Lagraña, quienes detallaron el presente, los desafíos y el valor patrimonial de una de las bibliotecas más antiguas del país. Fundada en 1872 por iniciativa del poeta Olegario Víctor Andrade, la biblioteca nació en un contexto donde la alfabetización era una bandera política y cultural. Décadas más tarde, el edificio actual construido hacia 1926 y próximo a cumplir su centenario se convirtió en parte del patrimonio arquitectónico de Concordia. Incluso fue proyectado por el mismo arquitecto que diseñó el Palacio Arruabarrena, un dato que refuerza su valor histórico. Hoy, tras años de altibajos institucionales, la comisión directiva renovada trabaja para devolverle protagonismo a un espacio que supo ser faro cultural de la ciudad. Una institución que estuvo al borde y decidió reorganizarse: Más horarios, más accesibilidad y un crecimiento sostenido Cuando la actual comisión comenzó a involucrarse, a fines de 2024, la biblioteca tenía apenas 20 socios activos. Había personas que querían pagar la cuota y encontraban la biblioteca cerrada. Eso generaba desánimo y pérdida de asociados, explicó Omar Lagraña. En mayo de 2025 se realizó una elección histórica: por primera vez en muchos años se presentaron dos listas. Fue un hecho sano institucionalmente. Significó que había interés por la biblioteca. El que ganaba sabía que heredaba problemas, pero también una oportunidad, señalaron. Al asumir, se encontraron con una situación compleja: instalaciones deterioradas, filtraciones, mobiliario dañado, sectores clausurados y una administración desordenada. Tuvimos que empezar por lo básico: revisar techos, arreglar cerraduras, ordenar inventarios y recuperar espacios que estaban inutilizados, detallaron. El trabajo fue completamente ad honorem. Se reorganizó la documentación, se regularizó la relación con organismos nacionales y se actualizaron trámites ante la CONABIP, entidad que nuclea a las bibliotecas populares del país y otorga apoyo técnico y programas de financiamiento. Uno de los primeros cambios fue ampliar la franja horaria. Actualmente la biblioteca abre lunes, miércoles y viernes de 10 a 12, y de lunes a jueves de 18 a 20. El viernes por la tarde se destina a tareas internas y reuniones de comisión. También se habilitó un número de WhatsApp institucional, se incorporó el pago por transferencia bancaria y se flexibilizó el proceso de asociación. Con fotocopia de DNI y un servicio que acredite domicilio ya se puede asociar. Incluso aceptamos que nos envíen la documentación por mensaje y hacemos el trámite de manera digital, explicaron. La cuota mensual es de 2.000 pesos. Existe la posibilidad de abonar el año completo en cuotas y, en casos particulares, se prioriza el acceso por sobre la formalidad económica. Si alguien viene a estudiar y no puede pagar, no le vamos a cerrar la puerta. El espíritu de biblioteca popular implica inclusión real, remarcaron. El resultado fue notorio: en menos de un año pasaron de 20 a 470 socios activos. Eso demuestra que la comunidad responde cuando el espacio está abierto y funcionando, sostuvieron. Un patrimonio bibliográfico que atraviesa generaciones El acervo de la biblioteca es uno de sus mayores tesoros. Conserva ejemplares que datan de finales del siglo XIX, algunos fechados alrededor de 1876 y 1880. Varios contienen firmas originales y dedicatorias manuscritas de la época. Encontrar un libro con una dedicatoria antigua es encontrarse con la historia viva. Son materiales que sólo pueden consultarse en sala y requieren un cuidado especial, explicaron. El material está organizado por secciones. Se consolidó una nueva área de Historia Local, que reúne investigaciones y publicaciones sobre Concordia y la región. También se fortaleció la sección de autores locales y entrerrianos, con el objetivo de dar visibilidad a la producción literaria regional. En el ámbito jurídico, la biblioteca resguarda material histórico vinculado a la vida institucional de la ciudad. Además, se proyecta una sección dedicada al teatro independiente, en articulación con espacios culturales como La Cigarrera, Pueblo Viejo y Arandú. Los socios pueden retirar entre dos y tres libros por un plazo de hasta 60 días, con posibilidad de renovación, una política pensada para acompañar tiempos de estudio prolongados. El valor de la biblioteca no se limita a sus libros. En su interior se conservan bustos de Andrade y del poeta Damián P. Garat, un piano centenario y piezas escultóricas que forman parte del patrimonio histórico local. La planta superior, que durante años estuvo prácticamente inutilizada, se encuentra en proceso de recuperación. Allí se proyecta la realización de cursos arancelados y talleres culturales a partir de abril, dictados por docentes reconocidos de la ciudad. En el exterior, una mesa permanente de libros gratuitos invita a vecinos y transeúntes a llevarse ejemplares sin requisitos. Además, la comisión impulsó una iniciativa de libros viajeros: dejar ejemplares en plazas y espacios públicos para fomentar la circulación espontánea de la lectura. El concepto de biblioteca popular hoy Durante la conversación, los directivos reflexionaron sobre el significado actual del término biblioteca popular. No es pública en el sentido de depender del Estado municipal. Es una institución civil, con comisión elegida por socios. Pero el concepto popular tiene que ver con ser un espacio abierto, inclusivo y comunitario, explicaron. Históricamente, las bibliotecas populares en Argentina surgieron vinculadas a movimientos sociales y obreros, bajo la premisa de que el acceso al conocimiento era un derecho. Esa identidad sigue presente. Acá la gente viene por un libro y termina conversando, compartiendo historias. Se genera un clima que va más allá del préstamo, señalaron. A casi 154 años de su fundación y a punto de cumplir un siglo en su edificio actual, la Biblioteca Popular Olegario Víctor Andrade transita una etapa de reconstrucción que combina gestión administrativa, preservación patrimonial y apertura comunitaria. Cuando una biblioteca crece, no crece sola. Crece la comunidad que la sostiene. Y eso es lo que estamos intentando recuperar, paso a paso, concluyeron. Fuente: Despertar Entrerriano
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