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  • Los minutos exactos que pierde el fútbol argentino y a qué ligas les gana

    » La Nacion

    Fecha: 05/03/2026 02:48

    En la Liga Profesional Argentina se juega menos tiempo efectivo que en el Brasileirão, las cinco grandes ligas europeas y la MLS. Y la grieta no se achica: al contrario, se profundiza. Con más de 100 partidos disputados en 2026, el tiempo neto promedio en nuestra primera división es de 48 minutos y 45 segundos, por debajo de los 49 minutos y 50 segundos de 2025 y los 50 minutos y 7 segundos de 2024. En otras palabras, se juega un minuto y cinco segundos menos que el año pasado y un minuto y 22 segundos menos que hace dos temporadas. Una tendencia que atenta contra todo: el nivel deportivo, el espectáculo y el tiempo, ese bien que no se recupera. El fútbol argentino lo pierde, y cada vez más. El tiempo efectivo de juego es un problema que el fútbol arrastra a nivel global desde hace años, y al que federaciones y ligas respondieron con estrategias muy distintas. La FIFA sorprendió en Qatar 2022 al impulsar tiempos añadidos más largos, una receta que luego se llevó al extremo en los Juegos Olímpicos de París y derivó en finales confusos, como aquel Argentina Marruecos de la fase de grupos. La misma idea, aplicada con más criterio, arrojó buenos resultados en la liga mexicana: pasó de estar entre las competencias con menos tiempo neto a registrar promedios cercanos a los de las grandes ligas europeas. Una solución casi de fuerza bruta que es difícil de imaginar en la Argentina, con hinchas no acostumbrados a adiciones largas, en particular cuando su equipo va ganando y juega de local. Tiempo efectivo de juego Cantidad de minutos En otros países se ensayaron incentivos y castigos. En Colombia, hace algunas temporadas, y en Venezuela actualmente, se otorga ventaja de localía en definiciones a los equipos que participan de los partidos con mayor tiempo efectivo. Todo un experimento. En Brasil, en cambio, se sanciona con un córner en contra al arquero que demora la reanudación. Y la medida más extendida a nivel global es el reemplazo parcial de los alcanzapelotas por puntos fijos (círculos señalizados) donde se dejan balones listos para reiniciar el juego cuanto antes. Ninguna de estas soluciones se impuso como definitiva, pero no hay federación que no siga este indicador con preocupación, y la Argentina no es la excepción. El año pasado, Claudio Tapia llamó a hacer un mea culpa de todas las partes. Reconoció errores arbitrales, pero también apuntó a futbolistas que se tiran cuando pueden seguir y a entrenadores que fomentan esas conductas. En la misma línea, la FIFA anunció nuevas sanciones para quienes retrasen deliberadamente el reinicio del juego: hacer tiempo en un saque de arco puede derivar en un córner para el rival y demorar un lateral, en que lo ejecute el equipo contrario. A eso se suman recomendaciones para que, cuando el árbitro adiciona minutos, se juegue efectivamente todo el tiempo añadido. Incluso circula la versión de que se analiza la posibilidad de detener el reloj, como en el básquet, en los tramos finales. ¿Por qué no aplicarlo durante todo el partido? Por dos motivos. El primero, más subjetivo, es que no hay garantía de que se reduzcan las interrupciones ni de que los equipos dejen de enfriar el juego cuando están en ventaja, aunque el reloj no avance. El segundo es práctico: con el reloj detenido, los partidos, especialmente los más trabados y cerrados, podrían extenderse bastante más allá de las dos horas habituales, con impacto en la logística y las transmisiones de TV y streaming, y a contramano de una tendencia que en otros deportes como el hockey, el vóley y el tenis apuntó en los últimos años a acortar la duración. Al fútbol argentino le falta ritmo: hay muchas faltas y jugadores que caen y reclaman atención médica, reinan las discusiones que demoran el juego real y el VAR no ayuda a agilizar Está haciendo efecto la regla de los segundos para que el arquero reponga, igual que el sistema de pelotas ubicadas junto a la línea lateral, cuenta Maximiliano Cuberas desde Brasil, donde integra el cuerpo técnico de Luis Zubeldía en Fluminense. Las sanciones pueden ayudar a que suba el tiempo efectivo, pero la clave es la rigurosidad para aplicarlas, plantea. Atacar los eventos más frecuentes tiene sentido en la Liga Profesional, donde un saque de banda, un saque de arco o una infracción demandan, en promedio, más tiempo de reposición que en otras ligas. Pero es probable que eso, por sí solo, no alcance. El rasgo local es que esas interrupciones ocurren con mayor frecuencia: el juego se corta más y eso también responde al tipo de fútbol que se practica. Según datos de la plataforma Opta, la liga argentina combina secuencias más cortas, menor precisión de pase y mayor presión tras pérdida. Un ejemplo lo ilustra: por partido se registran casi 27 recuperaciones dentro de los seis segundos posteriores a perder la pelota; en Brasil, 18, y en la Premier League, 20. Además, es una de las ligas grandes con menor proporción de resultados remontados (alrededor del 8%) y con menor posesión promedio de los equipos que van ganando (40%). De otra forma: el equipo que se adelanta en el marcador suele hacer todo lo que esté a su alcance para dormir el partido. Si es posible, que no se juegue más. Tiempo perdido en faltas Cantidad de segundos La cuestión de la ventaja es clave: cuando un equipo está arriba en el marcador, un saque de arco demora en promedio 15 segundos más que cuando va perdiendo (36 contra 21 segundos) y un saque de banda, 9 segundos más (22 contra 13). Y hay un dato llamativo: en el Clausura 2025, la mayor brecha en saques de arco la registraron Boca y Racing (26 segundos), y no uno de los equipos de menor presupuesto. En los laterales, las mayores diferencias fueron de Atlético Tucumán y Talleres (14 segundos). Con experiencia dirigiendo España, Brasil y la Argentina, entre otros destinos, Maximiliano Cuberas confirma y a la vez matiza lo que marcan los datos: En Brasil se percibe que el tiempo efectivo es mayor que en la Argentina. Es cierto que el ritmo puede bajar por las temperaturas y por la cantidad de partidos del calendario, pero igual es un fútbol muy dinámico. No sé si más o menos intenso que el argentino: es distinto. Puede que en Brasil la intensidad esté más asociada a jugadores explosivos y potentes, y en la Argentina, a un despliegue más aeróbico, de recorridos más largos. También se siente más el contacto en la Argentina, en parte por diferencias técnicas: en Brasil sobra técnica. Más que a la Serie A de Brasil, la Liga Profesional Argentina se parece, al menos desde los datos, a otra competencia numerosa: el Championship inglés. Y acá conviene evitar conclusiones apresuradas. La segunda división de Inglaterra figura entre las diez ligas mejor valoradas del mundo, tanto en el consenso general como en mediciones basadas en datos, como las de Opta. El Power Ranking de Opta se actualiza semanalmente y funciona con un sistema similar al ELO del ajedrez: asigna puntajes a los clubes y, a partir de ellos, construye un ordenamiento de ligas según el rendimiento de sus equipos. En esa tabla, la LPF suele alternar entre el noveno y el undécimo puesto a nivel global. Pero cuando se mira otra dimensión la paridad interna con un indicador comparable al coeficiente de Gini usado en economía, aparece un dato distintivo: la liga argentina es, junto con el Championship, una de las más parejas. En el extremo opuesto, quedan torneos con mayor concentración de poder deportivo, como la liga de Portugal o la escocesa. En síntesis, por equilibrio competitivo, la Argentina aparece entre las ligas más parejas del mundo. Consultado al respecto, Cuberas subraya que en la práctica, paridad y competitividad no son lo mismo: Cuando hablamos de una liga pareja hay que precisar de qué hablamos: si de quiénes pueden ganar el campeonato o de que cualquiera le puede ganar a cualquiera. En términos de candidatos al título, el sistema permite que se amplíen las posibilidades. Es lo que viví en México, Colombia y la Argentina. Puede ser injusto, como pasó con Estudiantes en 2025, pero vuelve al torneo competitivo. En cambio, si hablamos de que cualquiera le puede ganar a cualquiera, Brasil me parece el más competitivo. Tenés unos 14 equipos con nivel de cuartos de final de Libertadores, cuatro descensos, clubes privatizados y, además, equipos que juegan en el norte con temperaturas altas. De las ligas donde me tocó dirigir, diría que la de Brasil es la más competitiva. Tiempo perdido en saques de arco Cantidad de segundos La paridad y la intensidad de la liga argentina han sido una constante, incluso con los cambios de formato y el aumento del número de equipos. Los indicadores estadísticos que influyen sobre el tiempo neto se mantienen relativamente estables desde la temporada 2018. Tampoco se modificó la notoria rotación de técnicos, pese al menor número de descensos y a las mayores posibilidades de pelear el título que ofrece el sistema: hay una presión de fondo que atraviesa al fútbol argentino. Es tentador recurrir a la vieja frase de Humberto Maturana se juega como se vive, pero sin la extrapolación sociológica fácil. En clave más futbolera, el tiempo efectivo parece ser más consecuencia de cómo se juega que de cómo se cobra. No es casualidad que, hasta ahora, el partido con más juego neto del Apertura haya sido el 0-0 entre dos equipos de buen trato de pelota, Argentinos y Belgrano (64 minutos con 46 segundos). En el otro extremo aparecen el 1-1 entre Newells e Independiente (36 minutos con 52 segundos) y el 0-0 entre Deportivo Riestra y Huracán (39 minutos y 7 segundos). Tiempo perdido en los saques laterales Cantidad de segundos En este contexto, la clave es no leer el tiempo efectivo de manera determinante: en muchos casos, los 0-0 se juegan más que los partidos con varios goles. Además, ese capital inicial de intensidad y paridad puede ser un buen punto de partida para evitar caer en el otro extremo: aquello que se le critica al fútbol europeo actual, partidos exasperantes que casi no se cortan y se ahogan en secuencias larguísimas de pases laterales que terminan en un centro intrascendente. Estos datos abren más debates de los que cierran. Y es probable que el tiempo neto funcione mejor como disparador para revisar el juego y la identidad de la principal competencia local que como herramienta para señalar comportamientos puntuales de sus protagonistas. Créditos - Edición periodística Andrés Eliceche @aeliceche /Florencia Fernández Blanco @florfb - Edición visual e infografía Mariana Trigo Viera @mariantv Compartir Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados

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