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  • «Concordia queda detrás de la casa de Grinman»: el presidente de la Cámara Argentina de Comercio fue quien compró y demolió la casona de Zorraquín, frente a San Carlos, para ampliar su jardín

    Concordia » Diario Junio

    Fecha: 04/03/2026 23:07

    «¿Sabés dónde queda Concordia? En el patio trasero de la mansión de Alasino», era una expresión que ya circulaba como un chiste en la ciudad, pero fue popularizada por el periodista Jorge Lanata a finales de la década del 90 a través de su programa de televisión «Día D». Fue la cobertura nacional la que la convirtió en un símbolo de la época. En 1996, el equipo de Lanata realizó un informe sobre el patrimonio del entonces senador Augusto Alasino. Al mostrar las imágenes aéreas de su lujosa mansión ubicada en inmediaciones del parque San Carlos, Lanata utilizó la ironía local para ilustrar la magnitud de la propiedad frente al resto de la ciudad, que ya era pobre entre las pobres. 30 años después la historia parece repetirse casi como un calco, pero esta vez el protagonista no es un ex senador nacional oriundo de la ciudad, considerado uno de los 12 apóstoles de Menem, sino un dirigente empresarial, presidente de la influyente Cámara Argentina de Comercio, un jubilado, autónomo, sin empleados registrados y con inconsistencias impositivas entre AFIP y ATER. Un vocero del establishment que elogia el costo social del ajuste siendo un empresario mínimo en los papeles, que facturaría por asesorías y negocios relacionados a la renta inmobiliaria. Esta vez la historia se podría reescribir diciendo que «Concordia queda atrás de la casa de Grinman», aunque tiene un condimento extra: La propiedad que compró Grinman para demoler y ampliar su soñado jardín no es otra que donde estaba asentada una histórica casa rural atribuida a Federico Zorraquín, primer presidente municipal de Concordia, conocida en el ámbito familiar como La Redonda. Que estaba ubicada en la esquina de San Carlos y Belgrano, haciendo cruz con el acceso al Parque San Carlos. Una construcción de fines del siglo XIX, con tipología rural a cuatro aguas, galería perimetral y protección por ordenanza municipal por ser anterior a 1940. Escombros de la casa demolida, hoy no queda ni el polvo De quedar en el camino a ampliar el jardín Según pudo reconstruir este medio a partir de diversas fuentes y documentación, el inmueble lindante a la mansión de Grinman, la ex casa de Zorraquín, fue adquirida con la condición de que se autorice su demolición. El objetivo no era un desarrollo inmobiliario al menos no hay proyecto aprobado conocido sino algo más simple y -tal vez- más brutal: eliminar la casa para ampliar el parque de la propiedad: una mansión compuesta por dos inmuebles muy importantes conectados internamente entre sí. Uno de ellos con frente sobre calle Mateo Araujo, de 329.19 Mts2 (Partida Municipal Nº1088); y otro con ingreso por calle San Carlos, de 692.53Mts2 (Partida Municipal Nº 80461). En suma, unos aproximados 1000 Mts2, a los que habría que sumar unos estimativos 700 Mts2, correspondientes a la ex propiedad histórica adjudicada a la familia Zorraquín. Tal como informó este medio, el propio Consejo Asesor de Protección del Patrimonio (CAPP) había emitido, el 21 de enero de 2024, un dictamen técnico categórico en el que no aconsejaba la demolición. El expediente N.º 1.350.843 reconstruía con detalle el valor histórico, arquitectónico y dominial del inmueble, acreditando su pertenencia a la familia Zorraquín y su relevancia en la trama fundacional de Concordia. La conclusión fue no demoler, incluso se planteaban alternativas de subdivisión respetando la construcción existente. Pese al dictamen adverso, el Ejecutivo municipal avanzó con la autorización. Distintas fuentes del ámbito patrimonial señalaron que existió una reunión con la viceintendenta Magdalena Reta de Urquiza en apariencia la facilitadora política de este permiso ejecutivo para la demolición- en la que habría solicitado moderar la postura técnica inicial, porque conservar esa casona «impedirá el desarrollo urbano» (pese a que como se informó no habría proyecto de tal tipo), y poner el foco en los árboles del terreno más que en la edificación. Finalmente, la autorización para demoler fue otorgada por el intendente Francisco Azcué. La Regional Noreste del Colegio de Arquitectura y Urbanismo de Entre Ríos habló de pérdida irreparable y acusó a la gestión municipal de improvisados, faltos de planificación y arrogantes. Los profesionales recordaron que participan ad honorem en el Consejo y que su recomendación fue desoída. Poco antes, paradójicamente el Municipio había reglamentado la Ordenanza N° 38.649 creando el Premio a Intervenciones Edilicias Patrimoniales, que otorga beneficios impositivos a quienes preserven edificios históricos, mientras, en paralelo, se firmaba el permiso para demoler una de las pocas viviendas rurales del siglo XIX que quedaban en pie. Grinman, un apóstol del sacrificio ajeno La enorme mansión y la demolición de la casa histórica causa estupor cuando se la conecta con lo que representa Mario Natalio Grinman, el presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios es una voz activa en defensa de cualquier modelo político-económico donde la variable sea el ajuste a las clases populares. Hace pocos días, en declaraciones radiales, sostuvo que el momento no es fácil, que el consumo cayó, pero que no se trata de recesión sino de amesetamiento. Y dejó la frase que retumbó: Algunos vamos a quedar en el camino, como parte del precio que hay que pagar para lograr «una Argentina normal». En una nota anterior de DIARIOJUNIO, se detalló que Grinman figura como jubilado y autónomo, sin empleados registrados a su cargo. En AFIP declara actividades vinculadas a impresión, asesoramiento empresarial y, desde mayo de 2025, servicios inmobiliarios. Sin embargo, en ATER solo apareció registrada una actividad -la imprenta- y al consultar su CUIT en el ente provincial surgió la leyenda: Contribuyente no válido. La obscenidad de la secuencia completa no parece tener parangón: El dirigente que explica que el ajuste es inevitable, que el dolor social es el peaje hacia la normalidad, que algunos deben resignarse a caer, el hombre que pontifica sobre sacrificios colectivos no encarna, en los papeles, el perfil del empresario que sufre los avatares económicos y que arriesga capital productivo con planteles de trabajadores a su cargo. Y ahora se sumó este otro dato espeluznante: con el aval político y administrativo de la gestión actual consolidó su patrimonio inmobiliario en una de las zonas más cotizadas de Concordia, incluso a costa del patrimonio histórico común de la ciudad.

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