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  • La guerra convirtió en realidad la pesadilla energética: precios al alza, depósitos colapsados de crudo y una logística más cara

    » La Nacion

    Fecha: 04/03/2026 18:35

    La guerra convirtió en realidad la pesadilla energética: precios al alza, depósitos colapsados de crudo y una logística más cara LONDRES. Los analistas de energía que hacían modelos de predicción de las consecuencias de una guerra en Irán siempre temieron que se desencadenaran dos hechos: que la república islámica tomara represalias contra sus vecinos ricos en petróleo y que bloqueara el estrecho de Ormuz, por donde diariamente pasan un tercio del crudo y un quinto del gas licuado que se transportan por mar. Hasta el 28 de febrero, ambos hechos eran una remota eventualidad porque Irán tenía demasiado para perder: podía terminar empujando a los países del Golfo a los brazos de Estados Unidos, su perjurado enemigo, o enemistarse con China, su mayor comprador de petróleo, o incluso estar invitando a que atacaran su propia infraestructura petrolera. Tras el ataque de Estados Unidos e Israel al corazón del régimen de los ayatollahs y el asesinato de su líder supremo, lo que queda de la cúpula iraní está desesperada. Y ambos aspectos de este escenario de pesadilla se desarrollan en simultáneo. Los misiles y drones iraníes impactaron en la mayor refinería de Arabia Saudita, en un complejo de licuefacción de gas en Qatar, en otra refinería en Kuwait y en el polo petrolero de Fujairah en los Emiratos Árabes Unidos (EAU), un importante centro de tránsito y abastecimiento de combustible. Las dos primeras quedaron fuera de servicio, al igual que los yacimientos de gas en Israel y Kurdistán. Ayer, la embajada de Estados Unidos en Arabia Saudita advirtió de un inminente ataque iraní contra Dhahran, el megacomplejo petrolero del reino. Al mismo tiempo, tras los ataques de drones iraníes contra varios buques, el tráfico a través del estrecho de Ormuz está prácticamente frenado y las aseguradoras suspendieron la cobertura de muchas otras naves. El lunes, la Guardia Revolucionaria declaró el cierre del estrecho y advirtió que cualquier barco que intentara cruzar sería incendiado. Los precios de la energía ya están en alza. Desde el 27 de febrero, el barril de crudo Brent, la referencia mundial, subió un 14% hasta alcanzar los 83 dólares por barril. En Europa, un megavatio-hora (MWh) de gas natural cuesta 63 dólares, más del 70% más que la semana pasada. Y en Asia los precios de la energía también se dispararon. El martes, Donald Trump intentó calmar los ánimos, y aseguró que Estados Unidos proporcionaría seguros y garantías a las empresas navieras, y que de ser necesario la Armada norteamericana escoltaría a los petroleros en el Golfo, aunque no dio detalles. El anuncio llegó tras conocerse el creciente pesimismo de los operadores sobre las disrupciones en la provisión de energía. Estados Unidos e Israel lanzaron su campaña durante el fin de semana, con los mercados cerrados. Cuando reabrieron en la mañana de Asia del 2 de marzo, la reacción inicial de los mercados fue contenida. El Brent cerró el día a 78 dólares, solo 5 dólares por encima de su precio de cierre del día anterior. El gas europeo se disparó, pero cerró a 44 euros por MWh, muy por debajo del máximo de más de 310 euros de 2022, poco después de que Vladimir Putin invadiera Ucrania. La mayoría de los operadores bursátiles esperaban que las interrupciones duraran unos días, no semanas. Alerta en el mercado del crudo Pero ahora están revisando rápidamente esa perspectiva. Empezando por el petróleo. El principal problema es el bloqueo del tráfico a través del Golfo. Hoy los precios de los fletes alcanzan niveles récord. Según el sitio rastreador de buques Vortexa, el lunes solo cuatro petroleros cruzaron el Estrecho de Ormuz, en comparación con la media diaria de 52 registrada en febrero. Por allí suelen pasar diariamente unos 14 millones de barriles de crudo y 4 millones de subproductos refinados. Alrededor de una cuarta parte del crudo podría ser desviado a través de oleoductos de Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos que sortean el estrecho, pero el resto quedaría sin vía de salida. El banco JPMorgan Chase estima que a partir del martes 3 de marzo Irak y Kuwait tienen respectivamente unos tres y catorce días antes de alcanzar su límite de almacenamiento y cerrar el suministro de crudo que suelen exportar a través de Ormuz, que asciende a casi 5 millones de barriles diarios, o sea el 5% de toda la producción mundial. De hecho, Irak ya redujo la producción en 1,5 millones de barriles diarios. Los exportadores del Golfo aún no manifestaron razones de fuerza mayor para frenar los envíos ya programados, pero los operadores creen que lo harán, y pronto. También se disparó un indicador de la prima que el Brent impone sobre el petróleo comercializado en Dubái, que refleja el costo de cubrir las ventas de crudo del Atlántico a Asia. Eso revela que para cubrir la escasez de petróleo del Golfo los compradores asiáticos están recurriendo a África Occidental, Brasil, Guyana, Noruega y Estados Unidos. Algunos ya se pelean por los envíos: el 2 de marzo, los barriles de petróleo de Brasil para ser entregados en mayo en China se ofrecían con una prima de 10 dólares respecto al Brent, frente a los 3,40 dólares del 27 de febrero. Los primeros en sufrir las consecuencias serán los compradores asiáticos. Aunque China, Japón y Corea del Sur tienen suficiente petróleo acumulado para varios meses, dependen en gran medida de las importaciones de Medio Oriente. El crudo del Golfo Pérsico representa un tercio de la demanda total de China. La búsqueda de alternativas en Asia impulsará los precios al alza para el resto del mundo. Según Warren Patterson, del banco ING, el mercado está empezando a aceptar que le esperan más de una o dos semanas de interrupciones, lo que podría impulsar el Brent hacia los 100 dólares por barril, y meses de interrupciones podría llevarlo por encima de los 120 dólares, nivel alcanzado por última vez en 2022. Se podría desbloquear el suministro de otras fuentes, pero incluso exprimiendo todos los mecanismos apenas se obtendrían entre 1 y 2 millones de barriles diarios, y tardaría al menos seis meses en materializarse. Europa, que compra poco crudo del Golfo, tampoco está protegida: una quinta parte del diésel que consume pasa por Ormuz. Preocupación por el GNL Pero a los compradores asiáticos el gas licuado les preocupa tanto como el crudo. El año pasado, Qatar suministró el 30% de las importaciones de GNL de China, el 45% de las de India y el 99% de las de Pakistán, y Japón y Corea del Sur también son grandes compradores. Los precios europeos pronto tendrán que ponerse a tono con los asiáticos, porque ambos continentes ya empezaron a competir por los mismos cargamentos pagados al contado. El gas almacenado en Europa que ya está por debajo de los estándares estacionales y un 10% más bajo que hace un año, está a punto de agotarse y el invierno todavía no terminó. Según la consultora Wood Mackenzie, cada semana que el estrecho de Ormuz permanece cerrado, el suministro global se reduce en 1,5 millones de toneladas. Anne-Sophie Corbeau, de la Universidad de Columbia, prevé que si para el fin de semana no se reanudan las exportaciones qataríes, en el mercado cundirá el pánico y los precios podrían dispararse a más de 115 dólares por MWh. Naturalmente, los más afectados serán los grandes importadores de energía, especialmente los países más pobres, donde el costo de la energía tiende a representar una mayor proporción del gasto de los hogares. En Asia, la baja inflación les da a los bancos centrales más margen para ignorar un período de encarecimiento de la energía, siempre que sea breve y la fuga de inversores no los obligue a devaluar su moneda. Pero Europa no tiene tanta suerte. El Banco Central Europeo estima que un aumento del 10% en los precios del petróleo añade 0,4 puntos porcentuales a la inflación de forma directa y casi inmediata, más otros 0,2 puntos indirectos a lo largo de tres años, a medida que las empresas trasladan ese aumento a los consumidores. A pesar de ser el causante de esta crisis del precio de la energía, Estados Unidos sufrirá menos. Su mercado interno de gas está poco conectado con los precios globales debido a su limitada capacidad de exportación. Hasta el momento, los precios del gas Henry Hub, la referencia estadounidense, solo han subido un 10%. El precio de la nafta subirá y enfurecerá a los conductores: un estudio de la sucursal de Dallas de la Reserva Federal sugiere que un aumento del 10% en el precio del crudo aumenta en un 5% el gasto en nafta. Pero si el precio sube demasiado, Estados Unidos siempre puede recurrir a los 415 millones de barriles de sus reservas estratégicas de petróleo. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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