04/03/2026 14:08
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:04
04/03/2026 14:03
04/03/2026 14:03
Buenos Aires » Infobae
Fecha: 04/03/2026 12:37
Cerró Beer Market. La distribuidora de bebidas con alcohol con fuerte presencia en la Ciudad de Buenos Aires enfrentaba dificultades financieras desde el año pasado, un periodo marcado por la caída en mercado interno y el cambio en los hábitos de consumo, tanto a nivel local, como mundial. En noviembre pasado atrás había cumplido 10 años. La empresa, fundada por Leandro Sangiacomo, Juan Ignacio Albistur y Ariel Krug, confirmó el cierre definitivo a sus más de 100 empleados, quienes recibirán una indemnización en el marco del Procedimiento Preventivo de Crisis en el que había ingresado al inicio de su crisis. El final fue rápido. En pocos días dejaron de operar los locales y la página web quedó fuera de línea. De acuerdo con los registros oficiales del Banco Central, la firma acumula 76 cheques rechazados por más de $300 millones y una deuda bancaria que supera los $1.900 millones. Parte de esos pasivos ya figuraban en categorías de riesgo elevado, lo que reflejaba el deterioro financiero que venía arrastrando. El proyecto nació en noviembre de 2015, cuando sus fundadores decidieron transformar la experiencia que tenían de la organización de festivales cerveceros, como el Baires Beer Festival, en un negocio minorista. La idea era crear un mercado de bebidas con identidad propia, inspirado en el modelo de las liquor stores de Estados Unidos, con mayor variedad, precios competitivos y una experiencia distinta a la de las vinotecas tradicionales y los comercios de cercanía. La apuesta funcionó durante varios años. Beer Market logró posicionarse en la Ciudad de Buenos Aires en la venta especializada y el delivery de bebidas alcohólicas. Introdujo prácticas comerciales que luego se replicaron en el rubro, como los combos armados, la fuerte presencia de latas individuales y las propuestas cruzadas entre distintas categorías. El crecimiento fue territorial y sostenido. Llegó a tener 20 locales y dos centros de distribución, con presencia en más de diez barrios porteños y en la zona norte del conurbano, en plazas como Florida, Victoria, Martínez, San Isidro y Beccar. En paralelo desarrolló su tienda online, con envíos en el día en determinadas zonas y promociones bancarias que apuntalaban el consumo. Hace poco más de un año, cuando se cumplían nueve años de la primera apertura, Sangiacomo repasó en un posteo que realizó en sus redes sociales el recorrido de la compañía. Destacó la expansión, el equipo que rondaba las 90 personas y la dificultad de sostener un proyecto en la Argentina atravesada por crisis macroeconómicas, cambios políticos y la pandemia. En ese mensaje agradecía al equipo y hablaba de un camino construido con creatividad y riesgo en un mercado competitivo. Cinco meses después anunció su salida tras diez años en la empresa. La conducción quedó en manos de Ariel Krug, cofundador y hasta entonces director comercial. El recambio se dio en un contexto que ya mostraba señales de tensión operativa y financiera. Durante 2025 el consumo masivo mostró caídas en varios rubros y el segmento de bebidas no fue la excepción. A eso se sumaron alquileres comerciales en alza, costos financieros más altos y una competencia creciente de supermercados y aplicaciones de delivery que ampliaron su oferta. En los últimos meses comenzaron a cerrar sucursales con el argumento de la caída en las ventas y el peso de los costos fijos. Hoy la página oficial solo muestra un mensaje que indica que la tienda está en renovación. Caída del consumo de alcohol Más allá de la coyuntura local, en el último tiempo, la caída en el consumo de alcohol en le mundo empezó a relacionarse, según estudios de analistas internacionales, con un recambio generacional. Las nuevas tendencias de consumo para generaciones como la Z -aquellas personas nacidas entre 1995 y 2009- responden a una transformación profunda en sus valores, con una preferencia cada vez más marcada por el bienestar físico y mental. Investigadores de la New York University lo ubican como parte de una tendencia global hacia la salud y el autocuidado, que impacta de manera transversal en los hábitos de esta generación. Esto, intuyen, estuvo potenciado por la pandemia. El consumo de bebidas alcohólicas, que tradicionalmente funcionó como eje de la socialización juvenil en décadas anteriores, ahora no tiene el mismo efecto entre quienes priorizan el equilibrio y la salud, según análisis recientes publicados por universidades estadounidenses. El cambio cultural va acompañado de un incremento en la actividad física y una mayor demanda de productos y servicios vinculados al bienestar, según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos y consultoras especializadas. Además, especialistas en ciencias sociales advierten que el descenso en el consumo de alcohol también se relaciona con nuevas formas de socialización, menos frecuentes y más digitales, donde la camaradería presencial perdió fuerza.
Ver noticia original