Contacto

×
  • +54 343 4178845

  • bcuadra@examedia.com.ar

  • Entre Ríos, Argentina

  • El conejo nos salva. Sale todos los días a cazar para que sus hijos no se acuesten con hambre

    » La Nacion

    Fecha: 04/03/2026 02:03

    El conejo nos salva En El Impenetrable chaqueño, todos los días entra al monte con los perros en busca de alimento para sus hijos Por Micaela Urdinez / Enviada especial 04 de marzo de 2026 Desde que se golpeó mi marido nos fuimos abajo porque él no puede trabajar. Lo tiene con una infección al ojo ahora. Sin él no somos nada porque nosotras las mujeres no somos tan aguerridas para voltear un poste. Paraje San Roque, Chaco.- Hace un rato salió el sol y la temperatura de febrero es apenas soportable. José Frías, de 11 años, sale de su casa en el paraje San Roque, agarra del mango al machete que está clavado en el tirante de la cocina y le da un tirón para liberarlo. Silvia Rosana Frías, su mamá (a la que todos llaman Mónica porque su papá le decía así), camina a su lado rumbo al monte y levanta el hacha que está apoyada en un árbol. El hijo hace un silbido y seis perros aparecen corriendo desde las sombras. Dan círculos alrededor suyo. Están ansiosos porque saben lo que se viene. El hijo golpea el machete en los árboles para anunciar el inicio de un ritual que sucede todos los días: por las mañanas, Mónica y José se adentran en las entrañas del Impenetrable para cazar conejos. Desde diciembre, todos los días me voy al monte. La única carnecita que tenemos es del conejo. A veces los más chiquitos no entienden que no tengo para darles. Me piden que les haga milanesas pero no tengo pan. O me piden empanadas, y tampoco, dice Mónica. Hace seis meses que Flavio Cuellar, su marido, se cayó haciendo postes de quebracho, perdió la visión de un ojo y está en riesgo de perder el otro. Al no poder trabajar, la familia se quedó sin su principal ingreso. En la casa viven sus siete hijos y dos nietos. Solo les quedó la Asignación Universal por Hijo (AUH) que cobra Mónica por cuatro de ellos, que es aproximadamente de $400.000. Con eso, tienen que alimentarse y además costear los viajes a Taco Pozo y a Salta para que Flavio reciba atención. Desde que se golpeó mi marido nos fuimos abajo porque él no puede trabajar. Lo tiene con una infección al ojo ahora. Sin él no somos nada porque nosotras las mujeres no somos tan aguerridas para voltear un poste. Él era el que se movía para mantener a la familia. Lamentablemente, no alcanza, explica Mónica. Cuando ya estaban mal, se terminaron las clases y los cuatro hijos que desayunaban y almorzaban en la escuela, pasaron a estar todos los días en la casa. Ahí no teníamos nada para comer, solo un pancito para darle a los chicos. No comíamos, tomábamos solo mate. Por eso me he ido al monte para pillar conejos, cuenta. Todos los fines de año, La Chata Solidaria recorre las zonas más vulnerables de Chaco para dejar bolsones de comida, ropa y juguetes a las familias. A mediados de diciembre de 2025, llegaron a lo de Mónica y se encontraron con un panorama al límite: hacía tres días que no comían y aprovecharon para darles varias bolsas para que pudieran aguantar unas semanas. La situación de esta familia es particularmente grave porque el padre, que es el sostén de familia con changas, está incapacitado. Hay que buscar una solución de fondo para ellos porque nosotros podemos darles un paliativo, pero cuando se termina lo que uno deja vuelven a su situación original, explica Jerónimo Chemes, fundador de La Chata Solidaria. Los pillamos y los matamos José va abriendo camino con el machete. Hace un corte en el aire para la izquierda, después, para la derecha. Mónica va detrás y los perros delante siguiendo el rastro de los conejos. Los hacemos correr con los perros, los hacemos dentrar y de ahí los sacamos. Los pillamos y los matamos. Casi todos los días salimos. A veces hacemos pillar dos, tres o cuatro, dice este adolescente que está en sexto grado de una escuela que le queda a 5 kilómetros y a la que va caminando o en bici. La vuelta es cuando hace calor, agrega mientras hace una pausa en el trayecto. ¿Te gusta salir a cazar? Sí. A mí sí. ¿Qué hay en el monte? De todo. Hay conejos, zorro, oso, león, vacas. Eso nomás hay en el monte. ¿Cuál es tu comida preferida? La empanada de conejo. A las 10 de la mañana están de vuelta y la familia se reúne afuera a desayunar. Mónica no tiene leche para darle a sus hijos; prepara un mate cocido, té y un mate para ella. Su hermana Nora, que vive en el paraje El Milagro, a 30 kilómetros, está de visita con su hija y dos de sus nietas. Vengo cada vez que puedo para traerles queso y pan porque ellos no tienen. Cada vez que voy al pueblo le traigo cosas porque ella me dice que no tiene azúcar y yo me desespero. Más que nada por mis sobrinos que ahora no tienen leche, por ejemplo, cuenta Nora. Muchas bocas para alimentar Mónica vive con su marido, siete hijos y dos nietos a los que da de comer con lo que cobra de la Asignación Universal por Hijo, con lo que caza en el monte y con lo que le lleva su hermana Nora; sus hijos juegan al caballito con un palo de escoba o improvisan una hamaca con una soga que cuelgan de un árbol A la noche, solo mate La casa es un rancho de ladrillos, palos de madera y nylon que tiene una galería con una mesa y sillas donde suele pasar el día la familia. Adentro hay un gran ambiente en el que se desparraman siete camas, dos freezer rotos, un ropero y una pequeña alacena. Mónica cuenta que todo lo que tienen, se lo fue donando gente solidaria que pasó por su casa y vio su necesidad. La cocina está afuera y consiste en una mesa alta de madera en un lateral y, en el otro, una base de ladrillos en la pone las brasas de la leña y funciona como hornalla. No tiene paredes, pero sí un techo para protegerse del sol y de la lluvia. ¿Cómo cocinás el conejo? En la olla hago estofado, o guiso, o con salsa. El conejo va para todo, es mi salvación. ¿Cazás uno todos los días? A veces uno, a veces dos. Voy bien tempranito cuando amanece y me voy todo el día lejos con mi changuito más grande. ¿Con eso comen todos? Sí, lo cortamos así chiquito y hacemos porcioncitas. Ayer les preparé un guiso de conejo. ¿Al mediodía o a la noche? Al mediodía. A la noche ya no comemos nada, tomamos mate o té nomás. Si tenemos, a algunos les doy leche. Cerca del mediodía, Mónica entra a su casa para ver qué le queda de mercadería. Abre un freezer que usa de depósito para que no le entren bichos a los paquetes y saca uno de fideos. Wilson, su hijo más chico, de 3 años, llora de fondo porque está cansado y no se puede dormir. Otros saltan en los colchones como si fueran una cama elástica. Me queda arroz, cuatro paquetes de fideos y dos kilos de polenta. Eso es todo. Ahora estamos sin harina, sin aceite y por eso ayer cocinamos con agüita nomás. Y me queda el último kilo de azúcar. Ahora voy a preparar un guiso de fideos. Cocino a leña porque no tengo otra cosa, cuenta. Vida sufrida Es un día de calor agobiante. Mónica y su familia no tienen heladera ni freezer para enfriar el agua. Se les quemó la pantalla solar y solo funciona un foquito de luz por las noches. Mientras ella se pone a picar una cebolla, le pide a una de sus hijas que le lleve algunas brasas de un fuego que queda siempre encendido a unos metros. Estoy rezando para que arranquen las clases. Sin mercadería no somos nada, comenta. Acto seguido, se limpia el sudor con la manga de la remera. Lo que más necesita la familia es reponer la pantalla solar y conseguir un freezer para poder conservar los alimentos. En el próximo viaje, que es la semana que viene, buscaremos la forma de ver de conseguir asistencia de la escuela del paraje Brasil u otro paraje cercano para que no estén en una situación tan compleja, agrega Chemes. ¿Tienen movilidad? No, nada. Cuando ellos se enferman, hay que pedir prestada una moto o pagarle a alguien para que nos lleve a la posta de Sol de Mayo. Acá, a la de Brasil, llegamos caminando. Mónica acaba de cumplir 40 años. Lo que más quiere es que todos sus hijos puedan terminar la escuela y que su marido recupere la vista. Esos fueron sus deseos. Así de sufridas hemos sido las familias pobres, pero yo siempre he tratado de salir adelante y he podido criar a todos mis hijos. Ellos siguen conmigo, dice, y pone la olla en el fuego. 0 seconds of 1 minute, 44 secondsVolume 90% Press shift question mark to access a list of keyboard shortcuts Atajos de Teclado Shortcuts Open/Close/ or ? Reproducir/PausaEspaciadora Subir el Volumen Bajar el Volumen Adelantar Retroceder Activar/Ocultar Subtítulosc Pantalla Completa/Salir de la Pantalla Completaf Silenciar/Activar Sonidom Decrease Caption Size- Increase Caption Size+ or = Adelantar %0-9 No teníamos nada El verano es la época más crítica para las familias de zonas como El Impenetrable chaqueño; los chicos no se alimentan en la escuela y sus padres se las rebuscan para que coman una vez al día El verano es la época más crítica para las familias de zonas como El Impenetrable chaqueño; los chicos no se alimentan en la escuela y sus padres se las rebuscan para que coman una vez al día Cómo ayudar: Las personas que quieran ayudar pueden comunicarse con Orlando de La Chata Solidaria: al +54 (911) 5331-7472 o donar al alias lachatasolidaria Créditos - Diseño Andrea Platón Copyright 2026 - SA LA NACION | Todos los derechos reservados

    Ver noticia original

    También te puede interesar

  • Examedia © 2024

    Desarrollado por