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Fecha: 03/03/2026 21:43
Durante un perÃodo breve pero intenso, hace menos de cuatro años, el metaverso ocupó el centro de la conversación tecnológica global. Ejecutivos, analistas, medios y empresas lo presentaban como la próxima evolución de internet: entornos tridimensionales donde las personas trabajarÃan, socializarÃan y consumirÃan contenidos a través de avatares digitales. El punto de mayor visibilidad llegó en 2022, unos meses después de que Mark Zuckerberg anunciara que Facebook pasarÃa a llamarse Meta y que la compañÃa orientarÃa su estrategia hacia la construcción de un por entonces misterioso pero maravilloso universo virtual. Leé también: Una joven recibió un WhatsApp de su vecina con un insólito pedido y su respuesta fue letal: No es personal El cambio de nombre buscó instalar la idea de que el futuro digital serÃa inmersivo, tridimensional y persistente. Sin embargo, el tiempo pasó y, de a poco y en silencio, el término se fue desvaneciendo. Hoy, la pregunta ya no es cuándo llegará el metaverso, sino qué ocurrió con aquella promesa. El origen del concepto y la expectativa que generó El término metaverso fue acuñado en 1992 por Neal Stephenson en la novela Snow Crash. Allà describÃa un espacio virtual compartido al que las personas accedÃan mediante dispositivos tecnológicos para interactuar con otros usuarios representados por avatares. Cuando la industria tecnológica adoptó el concepto, lo redefinió como una red de mundos virtuales interconectados con economÃa digital propia. El entusiasmo fue inmediato. Grandes empresas comenzaron a hablar de oficinas virtuales, conciertos digitales, bienes raÃces en mundos 3D y nuevas formas de comercio basadas en activos digitales. El choque con la realidad Pero la innovación se topó con la realidad. Para que el metaverso funcionara como se imaginaba, era necesaria una adopción masiva de dispositivos de realidad virtual y aumentada. Pero esa adopción no ocurrió a gran escala. Los equipos de RV y RA no se incorporaron a la vida como herramientas de uso cotidiano y se mantuvieron como accesorios especÃficos, sin demasiado éxito. Leé también: Confuso y sincero: un ejecutivo de Meta festeja que el metaverso haya pasado de moda Además, la experiencia de usuario no logró ofrecer un salto cualitativo respecto de lo que ya permiten plataformas digitales tradicionales. Para muchos usuarios, ingresar a un entorno 3D con avatar no resultó más eficiente ni más atractivo que utilizar una aplicación en una pantalla convencional. Incluso dentro del propio ecosistema de Meta, el producto social más visible vinculado a esta visión, Horizon Worlds, ajustó su enfoque con el tiempo y amplió su acceso más allá de la realidad virtual. El problema que nunca se resolvió: la interoperabilidad Uno de los pilares centrales del metaverso original era la interoperabilidad. La idea implicaba que un usuario pudiera trasladar su identidad digital, sus objetos y sus activos entre distintos mundos virtuales sin fricciones. Eso no ocurrió. Cada plataforma funcionó como un ecosistema cerrado, sin estándares comunes, y el metaverso quedó fragmentado. Más que un universo digital unificado, se establecieron múltiples espacios independientes. Leé también: Eclipsada por el auge de la IA, Meta despedirá a cientos de empleados que desarrollaron su metaverso El factor cultural: los usuarios no migraron Más allá de la tecnologÃa, hubo un elemento decisivo: el comportamiento de las personas. La vida digital ya estaba integrada en aplicaciones móviles simples y eficientes. La propuesta de pasar más tiempo dentro de entornos completamente inmersivos no resultó necesariamente atractiva para el público general. El metaverso exigÃa un cambio cultural profundo en la forma de relacionarse con la tecnologÃa. Ese cambio no se produjo. No obstante, decir que el metaverso murió es impreciso. Lo que ocurrió fue una pérdida de centralidad narrativa. Plataformas como Roblox y Fortnite ya funcionaban desde antes como espacios sociales tridimensionales con economÃas internas y eventos masivos. En cierto sentido, encarnaban varios de los elementos que luego se asociaron al metaverso. También existen mundos virtuales basados en blockchain como Decentraland, que operan como entornos digitales persistentes. La diferencia es que hoy no se presentan como la sustitución total de internet, sino como plataformas especÃficas dentro de un ecosistema más amplio. Leé también: Los 5 peores fracasos de la industria tecnológica en la última década El desplazamiento hacia la inteligencia artificial Mientras el discurso sobre el metaverso se moderaba, otra tecnologÃa ocupó el centro de la escena: la inteligencia artificial generativa. El lanzamiento público de herramientas como ChatGPT aceleró el interés global en sistemas capaces de producir texto, imágenes y código. El foco de innovación se movió hacia la productividad asistida por IA, los modelos de lenguaje y la automatización inteligente. La conversación tecnológica cambió de eje. Eso no implica que las investigaciones en realidad virtual, realidad aumentada o entornos inmersivos se hayan detenido. Simplemente dejaron de presentarse como el único horizonte inevitable. Entonces, ¿sigue existiendo el metaverso? SÃ, pero no como una revolución total que reemplaza la web actual. Hoy el metaverso existe como: - Espacios sociales dentro de videojuegos En los videojuegos sociales, el metaverso se expresa como mundos persistentes donde los usuarios interactúan mediante avatares, participan en eventos en tiempo real y sostienen economÃas digitales propias. No reemplazan internet, pero concentran millones de interacciones diarias en entornos tridimensionales. - Simulaciones industriales y entornos de capacitación. En la industria y la capacitación, la lógica es distinta: se utilizan entornos virtuales para simular procesos, entrenar personal o probar escenarios sin riesgos fÃsicos. Aquà el metaverso funciona como herramienta operativa más que como espacio social. - Experiencias de realidad virtual aplicadas a nichos especÃficos Las experiencias inmersivas sectoriales, como recorridos virtuales en arquitectura, educación o salud, muestran otro enfoque: no se trata de vivir en un mundo digital permanente, sino de usar la inmersión cuando aporta una ventaja concreta. - Capas digitales que complementan el mundo fÃsico Por último, las capas digitales que complementan el mundo fÃsico, a través de realidad aumentada y computación espacial, integran información virtual sobre entornos reales. En lugar de crear un universo paralelo, superponen datos y experiencias digitales sobre la vida cotidiana. Leé también: La foto que publiqué era muy básica: tras las burlas y memes, Mark Zuckerberg rediseñó su metaverso La visión de un universo digital único, interoperable y masivo todavÃa no se materializó. Lo que permanece son piezas tecnológicas que evolucionan a ritmos distintos. En concreto, el metaverso no se evaporó. Se integró de manera silenciosa en sectores concretos y dejó de ser el centro del discurso. La promesa de transformar internet en un entorno completamente inmersivo quedó en pausa, pero la infraestructura y los desarrollos asociados continúan avanzando, aunque lejos del protagonismo que tuvieron en 2022.
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