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  • Cuánto pagaron la caída de Maduro y la muerte de Khamenei

    » Clarin

    Fecha: 03/03/2026 20:46

    La apuesta puede ser muy, pero muy específica. ¿Cuántos tuits posteará Elon Musk entre el 27 de febrero y el 6 de marzo? Este martes a la tarde, por ejemplo, la respuesta entre 200 y 219 tenía un 25% a favor y un 75% en contra. También puede ser del tipo clásico, como quién será el próximo campeón de la Fórmula 1 (George Russell reúne por ahora el mayor porcentaje a favor, 28). O brutal, como si Estados Unidos atacará Irán este miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo: los porcentajes que creían que sí eran del 99, 98, 96, 96 y 94 respectivamente. Hay otras divertidas, como si el gobierno estadounidense confirmará la existencia de vida extraterrestre antes de 2027 (el 19% apuesta a ello), o cambiantes minuto a minuto, como si Claudio Chiqui Tapia será aún presidente de la AFA al comenzar la próxima Copa del Mundo (este martes lo creía así el 24%, contra el 63% que pensaba lo mismo el 19 de febrero). ¿Qué es esto? Son los mercados de predicciones. O una forma de apostar a casi cualquier cosa que nació en la pandemia y se volvió popular en la campaña electoral entre Donald Trump y Kamalah Harris, cuando el magnate empezó a difundir estos mercados porque le daban mejor que las encuestas: el 55,5% se la jugaba -literalmente- por él. Los más conocidos son Polymarket y Kalshi y son sitios web donde donde las personas ponen dinero -débito, crédito, crypto- sobre si creen que algo va a pasar o no. Lo que compran se llama contrato de evento, y casi siempre se presenta como una opción de sí o no (¿Ganará el candidato X?). Cada opción tiene un precio entre 0 y 1 dólar, que equivale a una probabilidad entre 0% y 100%. Si el sí cuesta 0,70 dólares, significa que el mercado cree que hay un 70% de chances de que ocurra. Si uno contrata a 70 centavos y luego ese candidato gana, cobrará un dólar, 30 centavos más de lo invertido. El precio sube o baja según lo que la gente esté dispuesta a pagar. Si muchas personas creen que algo es muy probable que suceda, el precio del sí aumenta. Si empiezan a pensar que es menos probable, el precio baja. Es como un termómetro que mide, en tiempo real, lo que la mayoría cree que va a suceder. Además, no es obligatorio esperar hasta el final del evento. Si alguien compró cuando el precio estaba bajo y luego sube, puede vender antes y quedarse con la diferencia como ganancia, tal como un mercado de valores. O, si ve que las cosas van mal, puede vender para intentar perder menos dinero. Así, las personas pueden entrar y salir según cómo cambien las expectativas. Otra diferencia con las casas de apuestas tradicionales es que los controles son más laxos y las restricciones también. Es decir: todo es más turbio. Se pudo comprobar en dos hechos recientes que sacudieron a buena parte del planeta. Primero, el 3 de enero, un apostador anónimo se llevó más de 400.000 dólares al predecir, pocas horas antes de que fuerzas especiales estadounidenses lo capturaran, que el dictador venezolano Nicolás Maduro dejaría su cargo. Las sospechas del uso de información privilegiada se multiplicaron, pero al final no pasó nada. Segundo, unos 529 millones de dólares se jugaron en contratos en Polymarket vinculados a la fecha en que empezarían los ataques de Estados Unidos a Irán, que ganaron quienes apostaron por el sábado. Seis cuentas, creadas menos de 24 horas antes del ataque, obtuvieron ganancias por 1,2 millones de dólares. Eso, sin contar otros 150 millones que se pusieron en dos contratos sobre la destitución de Khamenei como líder supremo iraní, sin ganadores porque al producirse la cesantía por un asesinato, en Kalshi decidieron devolver los pagos para evitar que alguien obtuviese beneficios económicos gracias a una muerte. Los mercados de predicciones operan en paraísos fiscales y valen miles de millones: Intercontinental Exchange, compañía matriz de la Bolsa de Nueva York, adquirió una participación de 2000 millones de dólares en Polymarket, que está valuada en 9000 millones de dólares, mientras que Kalshi vale hoy unos 11.000 millones. Es el mercado llevado a su máxima expresión (o perversión): cualquier cosa medible es comerciable, sea cuántos insultos dedicará Milei al kirchnerismo en un discurso o cuánto durará una guerra (en la que muere gente, por si hace falta recordarlo). Sin intermediarios, el mercado fija el precio. La plata es la plata. No confundir esto con un juego. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín

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