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» tn24
Fecha: 03/03/2026 16:37
Las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 20252030, publicadas por el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos y el Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, reavivaron el debate global sobre qué significa hoy comer saludable. El mensaje central es claro: priorizar alimentos frescos e integrales y reducir de manera drástica el consumo de productos ultraprocesados. El documento elaborado bajo la órbita sanitaria del gobierno estadounidense sostiene que el patrón alimentario actual, dominado por comidas con alto contenido de azúcares añadidos, sodio, grasas de baja calidad y aditivos, contribuye de forma decisiva al avance de la obesidad y las enfermedades cardiovasculares. Un problema que también impacta en Argentina En Estados Unidos, más del 70% de los adultos presenta sobrepeso u obesidad y casi un tercio de los adolescentes tiene prediabetes. En Argentina, la tendencia es similar: según la 4° Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, el 61,6% de los mayores de 18 años tiene exceso de peso, mientras que solo el 6% consume la cantidad recomendada de frutas y verduras. De acuerdo con el World Obesity Atlas 2025, elaborado por la Federación Mundial de Obesidad, el 39% de los adultos argentinos vive con obesidad. En población infantil y adolescente (5 a 17 años), la cifra alcanza el 20,4%, según datos oficiales del Ministerio de Salud. Las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte en el país. Datos de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) correspondientes a 2024 indican que las patologías del sistema circulatorio provocaron 105.130 fallecimientos, el 30,3% del total de las muertes con causa conocida. Obesidad: enfermedad crónica y multifactorial Las nuevas guías insisten en que la obesidad es una enfermedad crónica, progresiva y multifactorial, asociada a mayor riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, dislipidemia y enfermedad hepática grasa. Aunque entre el 40% y el 70% de los casos pueden tener componente genético, los factores ambientales y los hábitos de vida resultan determinantes. Especialistas también advierten sobre la relación bidireccional entre obesidad y trastornos del sueño, que impactan tanto en la salud física como mental. Los ejes de la nueva pirámide El documento organiza sus recomendaciones en seis grandes pilares: Proteínas de calidad: carnes magras, pescados, huevos, lácteos, legumbres, frutos secos y semillas. Se sugiere entre 1,2 y 1,6 gramos por kilo de peso por día, según necesidades individuales. Frutas y verduras: al menos cinco porciones diarias, priorizando piezas enteras y con mínimo procesamiento. Lácteos sin azúcar agregada: tres porciones diarias en dietas promedio de 2.000 calorías. Granos integrales: reemplazar refinados por versiones enteras para mejorar la salud intestinal y la estabilidad glucémica. Grasas saludables: aceite de oliva extra virgen, palta, frutos secos y pescados grasos. Limitar grasas trans y no superar el 10% de calorías diarias en grasas saturadas. Reducción de ultraprocesados: el texto advierte que no existe un nivel seguro de consumo sostenido a largo plazo y recomienda limitar snacks industriales, bebidas azucaradas, golosinas y productos con aditivos. Además, se enfatiza que el agua debe ser la principal fuente de hidratación, que el sodio no debe superar los 2.300 mg diarios en mayores de 14 años y que el alcohol debe reducirse, con abstinencia total en grupos de riesgo. Educación y cocina en el hogar Uno de los puntos más destacados es la importancia de la educación alimentaria desde la infancia. Las guías promueven la exposición temprana a alimentos frescos y la participación de niños y adolescentes en la preparación de comidas. En Argentina, la Sociedad Argentina de Cardiología respaldó el enfoque y subrayó que la salud cardiometabólica no depende solo de contar calorías o restringir grasas, sino de mejorar la calidad global de la dieta. El concepto de volver a la comida real no implica demonizar alimentos aislados, sino modificar el patrón alimentario en su conjunto. En un contexto de creciente prevalencia de obesidad y enfermedades crónicas, las nuevas guías buscan instalar una discusión de fondo: qué comemos, cómo lo producimos y qué impacto tiene en la salud pública a largo plazo.
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