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Buenos Aires » Infobae
Fecha: 03/03/2026 12:50
El cierre del estrecho de Ormuz por parte de Irán ha provocado un impacto inmediato en los mercados energéticos globales, con Asia identificada como la región que sufrirá las consecuencias más graves por su alta dependencia de las importaciones de petróleo y gas a través de esta vía. La interrupción, confirmada por un comandante de la Guardia Revolucionaria iraní, se traduce no solo en una presión directa sobre los principales países asiáticos importadores de energía, sino también en una escalada de precios que ya sitúa al petróleo Brent casi un 10% por encima de su valor previo al inicio del conflicto, alcanzando los USD 80 por barril y proyectando posibles alzas por encima de USD 100 si la situación persiste. Qatar, uno de los mayores productores mundiales de gas natural licuado (GNL), paralizó sus operaciones luego de que drones iraníes golpearan sus instalaciones en Ras Laffan y Mesaieed, agravando la crisis de suministro. Entre las consecuencias inmediatas, se estima que 20% de las exportaciones globales de GNL, principalmente de Qatar y transportadas por el estrecho, están en riesgo tras la ofensiva iraní reportada por medios de ese país. Según cálculos de la consultora Kpler, en 2025 circularon por Hormuz 13 millones de barriles diarios de crudo, equivalente al 31% del comercio marítimo mundial de petróleo. Este volumen ilustra la magnitud del desafío energético que enfrentan países asiáticos cuya matriz depende del Golfo Pérsico. Analistas citados por Nomura advierten: En Asia, Tailandia, India, Corea y Filipinas son los más vulnerables a un aumento del precio del petróleo, debido a su alta dependencia de importaciones, mientras que Malasia se beneficiaría relativamente porque es exportador de energía. Las consecuencias más graves recaen sobre el sur de Asia, con Pakistán y Bangladesh en máxima alerta ante la caída del GNL En el sur de Asia, la situación es crítica para países cuya provisión de energía depende casi en exclusividad de Qatar y los Emiratos Árabes Unidos. Según Kpler, Qatar y los Emiratos representan el 99% de las importaciones de GNL de Pakistán, el 72% de las de Bangladesh y el 53% de las de India. Estas naciones carecen de capacidad de almacenamiento o flexibilidad para buscar alternativas en el corto plazo. Katayama, analista citado por los informes energéticos, detalló: Pakistán y Bangladesh tienen una capacidad muy limitada para almacenar o cambiar de proveedor, así que una interrupción del flujo probablemente lleve a apagones inmediatos en el sector eléctrico más que a una disputa agresiva en los mercados al contado. La demanda insatisfecha es significativa. Bangladesh ya enfrenta una falta estructural de gas, con un déficit superior a los 1.300 millones de pies cúbicos diarios, según el Institute for Energy Economics and Financial Analysis. Para India, el impacto es doble: Más de la mitad de sus importaciones de GNL están vinculadas al Golfo y una gran parte tiene precio referenciado al Brent, por lo que una suba en Hormuz aumentaría simultáneamente los costos del petróleo y del GNL. Eso genera un shock físico y financiero a la vez, señaló Katayama. Más allá del gas, alrededor del 60% del petróleo que importa India llega desde Medio Oriente, lo que amplifica el riesgo sobre el saldo de cuenta corriente del país. China resiste con reservas, pero enfrenta la presión de competir por suministros alternativos El bloqueo en Ormuz también afecta a China, el mayor importador mundial de crudo y que adquiere más del 80% del petróleo iraní, según cifras de Kpler. Unas circunstancias que ponen a prueba su seguridad energética. De acuerdo a proyecciones de UBP, cerca del 40% del petróleo importado por China pasa por el estrecho de Ormuz, y aproximadamente el 30% de su GNL proviene de Qatar y Emiratos Árabes. Katayama aclaró: China está expuesta materialmente, pero cuenta con mayor flexibilidad. Las existencias de GNL chinas registraron, a fines de febrero, 7,6 millones de toneladas, ofreciendo un margen de resguardo a corto plazo. Katayama agrega que si la interrupción se prolonga, China tendría que competir por cargamentos del Atlántico, lo que apretaría la oferta en la cuenca del Pacífico y podría intensificar la puja de precios en toda Asia, aun si Beijing evita cortes totales. Según un análisis de Rystad Energy, el aumento en los cargamentos de crudo saudita y los reservorios estratégicos de petróleo de países como China podrían mitigar temporalmente el impacto. UBP sostiene que China, pese a ser el mayor importador neto de energía en la región, no es necesariamente el país más expuesto al shock de abastecimiento. Japón y Corea del Sur: reservas ajustadas y alto impacto macroeconómico La dependencia de Japón y Corea del Sur del petróleo del Golfo es marcada: el 75% y el 70% de sus importaciones, respectivamente, provienen de Medio Oriente, según UBP. En el caso del GNL, la exposición es menor (14% en Corea y 6% en Japón), pero la escasez no es el único riesgo. Lim, jefe de macro y FX para Asia-Pacífico en Convera, indicó: Las economías con alta dependencia de importaciones de energía como Japón, Corea y Taiwán se exponen más a los shocks de suministro. Sus reservas no alcanzan para sostener una interrupción prolongada. Corea acumula 3,5 millones de toneladas de GNL y Japón 4,4 millones de toneladas, cifras que cubren solo entre dos y cuatro semanas de demanda estable, según Kpler. El impacto económico directo también se refleja en la vulnerabilidad externa: los costos de importación de crudo en Corea representan el 2,7% de su PIB, y Nomura identificó al país entre los más vulnerables en cuanto a cuenta corriente. Sudeste asiático: la inflación de costos será el primer efecto, con Tailandia como el país más expuesto En el sudeste de Asia, el efecto inmediato no es la escasez, sino la inflación en el costo de la energía. Los países que dependen del suministro spot de GNL enfrentarán subas pronunciadas al tener que competir con Europa por cargamentos del Atlántico, explicó Katayama. La situación de Tailandia es especialmente crítica: Tiene el mayor nivel de importaciones netas de petróleo en Asia, equivalentes al 4,7% de su PIB, y cada salto del 10% en el valor del petróleo empeora la cuenta corriente en 0,5 puntos porcentuales, concluyó Nomura. La reacción coordinada de los principales países consumidores y la evolución de los precios determinarán en las próximas semanas el verdadero alcance de este nuevo episodio en la crisis energética global.
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