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  • Alfredo De Angeli: de Piquetero Rural a Ñoqui VIP. Después de más de una década como legislador seguirá como mantenido del Estado. - El Portal de Ricardo David

    Parana » DavidRicardo

    Fecha: 03/03/2026 12:30

    Tras 12 años ocupando una banca, el dirigente entrerriano que nació al calor de las protestas del campo parece haber descubierto que el aire de las oficinas de Buenos Aires es más adictivo que el de la estancia. Sin estructura política propia y derrotado en la interna del PRO, De Angeli se refugia en un contrato de 3 millones de pesos como asesor en el Senado de la Nación. Hubo un tiempo en que la voz de Alfredo De Angeli retumbaba en las rutas, desafiando al poder central con el barro en las botas. Hoy, esa misma voz parece haberse silenciado entre los pasillos alfombrados del Congreso, reemplazada por el murmullo de los pasillos que lo señalan como lo que él mismo solía criticar: un sobreviviente del privilegio político. Pasó de piquetero rural a candidato a gobernador, de ahí a senador nacional y ahora termina como un ñoqui del Senado». La noticia, confirmada por la Dirección General de Recursos Humanos del Senado de la Nación, es un golpe de realidad para quienes creyeron en su renovación: De Angeli ya no es Senador, pero se niega a dejar la «casa de las leyes». El exproductor agropecuario ha sido designado en la planta transitoria administrativa y técnica del Senado, con destino al bloque del Frente PRO. Bajo el número de categoría A-1-T (la más alta del escalafón) y con la firma de la vicepresidenta Victoria Villarruel, el decreto formalizado el 26 de enero sella el nuevo destino de De Angeli. Su función será «asesorar» a los tres integrantes del bloque PRO, hoy presidido por el misionero Enrique Martín Goerling Lara. Lo escandaloso no es solo el cargo, sino el costo: un salario que ronda los 3 millones de pesos. Una cifra que indigna a una provincia, Entre Ríos, que lo vio crecer como el paladín de la austeridad y el trabajo genuino. La indignación no es solo mediática, es social. Se respira un aire de traición. «Es vergonzoso, de candidato a gobernador y senador nacional a ser un ñoqui del Senado«, se escucha en los mentideros políticos. La crítica es feroz: se lo acusa de sumarse a una estructura sobredimensionada donde, según denuncian voces cercanas al Congreso, «hay un montón de gente designada que no va a laburar«. Se habla de una «casta» que se recicla, mencionando incluso a hijos de jueces y otros familiares que encuentran cobijo en la planta del Estado mientras el resto del país ajusta el cinturón. ¿Cómo llegó De Angeli a este ocaso administrativo? La respuesta es política. Tras más de una década en una banca nacional e incluso presidiendo la Comisión de Agricultura, el «Melli» no logró construir una estructura que lo sostuviera. Intentó dar batalla interna contra Nancy Vallejos por la presidencia del PRO en Entre Ríos, pero el consenso le dio la espalda. Sin territorio y sin votos, optó por lo seguro: el contrato. Se «aquerenció» con el espacio, dicen los que lo conocen. Prefirió ser el asesor número trece de un bloque minúsculo antes que volver a la actividad privada en su provincia. De Angeli no está solo en esta práctica de «puerta giratoria» de la función pública. La exsenadora Stefania Cora (PJ) encontró refugio en la Auditoría General de la Nación, y la exlegisladora Carolina Gaillard (PJ) regresó rápidamente a su lugar de planta en Diputados. La polémica por el nombramiento de De Angeli es apenas la punta del iceberg de una denuncia más amplia sobre la composición de la planta del Senado. Según trascendidos y grabaciones que han cobrado relevancia, la Cámara Alta contaría con una estructura de aproximadamente 1.400 empleados, una cifra que supera con creces la capacidad física y operativa de las oficinas disponibles. Asimismo, el escándalo salpica a otros sectores del poder. Se menciona la existencia de contratos destinados a familiares de magistrados, como es el caso de la hija de una jueza del Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos, contratada por un senador entrerriano,lo que sugiere un entramado de influencias que une al Poder Legislativo con el Judicial a través de la caja del Estado. Sin embargo, el caso de De Angeli duele distinto. Su figura representaba el «hombre común» que llegaba para limpiar la política. Hoy, con el sello de la categoría A-1 y un sueldo millonario asegurado por decreto, ese hombre parece haberse quedado encerrado por propia voluntad en el laberinto de la burocracia porteña que tanto juró combatir.

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