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  • La técnica de dos minutos que nos permite aprender a estar en el caos sin desbordarnos

    » TN

    Fecha: 03/03/2026 11:36

    Las frases como no tengo tiempo, llego tarde, no soy capaz de tener minutos para mí se volvieron muy comunes últimamente. También podemos dejar de responder un mensaje importante por WhatsApp, ir al gimnasio o cancelar citas porque nuestra agenda aprieta, la cabeza no se calla. En esos casos, el cuerpo empieza a mandar señales: insomnio, ansiedad, irritabilidad y cansancio emocional. Si bien sabemos que la meditación nos puede ayudar a mejorar la salud mental, en este contexto y por falta de tiempo, sigue sonando para muchos como un lujo inalcanzable. Lo que ni se tiene en cuenta es que a veces no hace falta tanto tiempo, ni un sitio ideal para empezar a parar de verdad: acá es donde entran en juego las micromeditaciones. Esta práctica se adapta al estilo de vida actual ya que no tenemos que hacer grandes paradas en un tiempo que no tenemos sino que se trata de detenernos unos breves instantes para respirar, observar y volver al momento presente. No se trata de huir del caos, sino de aprender a estar en él sin desbordarnos. No va de cuánto tiempo meditamos, sino de la conciencia con la que hacemos las cosas. Más vale calidad que cantidad, explica Javier Salinas, experto en mindfulness y profesor de yoga. ¿Qué es micromeditar? Micromeditar es, en esencia, meditar en pequeñas dosis y, entre meditación y micromeditación, la diferencia no está tanto en la técnica como en la actitud. Salinas señala que no es algo nuevo y añade: Podemos pasar mucho tiempo con alguien y no estar realmente presentes o compartir un momento breve y estarlo de verdad. Lo bueno de la micromeditación es que no exige cambiar de hábitos, rehacer la agenda o aislarse del mundo sino que se integra en lo cotidiano. Dos minutos antes de una reunión, un minuto consciente en el colectivo o tres respiraciones antes de responder un mensaje que nos altera. Mucha gente cree que meditar implica cortar con la vida diaria y eso es imposible porque todos tenemos responsabilidades. Se trata de encontrar un pequeño espacio al comienzo, como esos dos primeros pasos que dimos de niños antes de aprender a andar, explica Salinas. Leé también: El error que muchos cometen al hornear y que puede arruinar tus comidas Al integrarse con más facilidad de nuestra vida, alcanzamos adherencia y podemos hacer más paradas. Esos pequeños gestos, repetidos, generan cambios profundos porque ayudan a corregir inercias mentales y emocionales que arrastramos desde hace años, esas que nos roban energía sin que nos demos cuenta. ¿Cómo hacer la micromeditación? El especialista destaca tres micromeditaciones para incluir en el día a día, cuando las emociones se disparan. Para la ansiedad. La ansiedad, como cualquier sensación, es una mensajera. Si la tapo es como ponerme auriculares para no escuchar la alarma de incendios cuando mi casa se quema, dice Salinas y agrega: El problema no es sentir, sino reprimir. Cuando reprimimos, al final nos desbordamos. Cómo practicarla (23 minutos): - Detenerse donde estemos. No hace falta cerrar los ojos. - Llevar la atención al cuerpo y localizar dónde se manifiesta la ansiedad, si es en el pecho, estómago, garganta. - Respirar de forma natural y observar la sensación sin intentar cambiarla. - Preguntase en silencio qué necesita ser atendido ahora mismo en nuestra vida. - No busquemos respuestas brillantes. Basta con escuchar. Tomar decisiones sopesadas. Vivimos híperestimulados con listas, pantallas o decisiones constantes. Es como conducir todo el día un coche al límite de su velocidad, dice Salinas. Y el sistema nervioso paga el precio, pero la herramienta más sencilla para regularlo es la respiración. Con la práctica de esta micromeditación, dejamos de reaccionar impulsivamente y empezamos a responder con más claridad. Cómo practicarla (3 minutos): - Buscar un lugar tranquilo, aunque sea el baño de la oficina. Inhalar por la nariz contando hasta cuatro. - Exhalar lentamente por la boca contando hasta seis. - Repetir el ciclo varias veces, sin forzar. Para no sentirnos solos (aunque estemos acompañados). La soledad no siempre tiene que ver con estar físicamente solo. Muchas veces aparece en medio del ruido, de las relaciones, incluso del éxito. Para Salinas, la clave está en el aquietamiento interno: Cuando la mente se calma, nos reconectamos. Primero con nosotros, luego con la naturaleza y finalmente dejamos de sentirnos separados. Cómo practicarla (2 minutos): - Sentarse o permanecer de pie con la espalda erguida. - Llevar una mano al pecho y sentir el contacto. - Respirar despacio y repetir mentalmente estoy aquí. - Permanecer unos instantes observando la sensación de presencia.

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