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» Clarin
Fecha: 02/03/2026 20:42
La liberación del gendarme Nahuel Gallo fue una muy buena noticia. Esto es lo primero. Ahora, de dicha afirmación hacia atrás, el proceso que derivó en ese desenlace roza lo inverosímil y navega entre lo insólito y lo temerario. Cualquiera está tentado de caer en el cliché que afirma "Sólo en Argentina". Y sí, a veces parece que hay cosas que sólo ocurren en este país. Se puede empezar por lo insólito. Ver la imagen de Nahuel Gallo, luego de 448 días secuestrado por el régimen represivo venezolano, a un paso de subir a un avión contratado por la AFA que lo traería a la Argentina, escoltado por Luciano Nakis, prosecretario de AFA y presidente del club Deportivo Armenio, que juega en la Primera B metropolitana; y por el ignoto Fernando Isla Casares, "el Gaucho", director de Ceremonial y Protocolo de la AFA, excede la imaginación más afiebrada. Hasta ahora, Nakis era reconocido como "el secanucas de Chiqui Tapia" por ser el protagonista de otra imagen grotescamente inolvidable, frotando con una toalla el sudoroso degolladero del presidente de la AFA durante la Copa América de 2024 en los Estados Unidos. Isla Casares resulta sólo reconocible para los habitués de la AFA. Por supuesto, que Armenio milite en la B Metropolitana no es decisivo en esta historia, pero le suma una pizca de extravagancia y argentinidad elocuente. La lista de lo temerario, en tanto, es más larga, y sus protagonistas son personajes de otro espesor. Desde el presidente Milei, completamente desnudo de información sobre el tema, hasta el Chiqui Tapia, que al delirio de su insubordinación judicial y fiscal le sumó la de negociador político internacional. Por suerte para todos ellos, Nahuel Gallo está vivo. Si algo quedó claro este lunes es que el Gobierno no tenía la menor información sobre el paradero de Gallo, y ninguna vía de negociación seria con Venezuela. Puede entenderse que las diferencias políticas resultaron un escollo insalvable, pero es descriptivo que tampoco tuviera ni una pista sobre la negociación paralela establecida por Chiqui Tapia con participación de, entre otros, Marcela Pagano, legisladora que fuera oficialista y que apeló a "la diplomacia parlamentaria" para explicar la resolución del caso. Descubierta su desnudez, y sin toalla para cubrirse, el Gobierno intentó un equilibrio delicado: no podía festejar el éxito final como propio, pero tampoco criticarlo. Pretendió transmitir una felicidad impostada y disimular su fracaso. Se subió a la foto de la llegada de Gallo a Ezeiza, y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, no se privó de dejar el comentario menos importante pero más frívolo: "Agradecemos que está acá (Gallo), y que está bien. Más delgado, pero bien". Le faltó decir que no le vendría mal tomar un poco de sol. Expuesto, Adorni dijo que desde la AFA "deberán explicar sus vínculos con la régimen chavista". Parece más un intento de disimular el fiasco propio que una posibilidad real de pedido de explicaciones. El otro foco ilumina a Chiqui Tapia. "Gracias a un trabajo silencioso y mancomunado con la Federación Venezolana de Fútbol y CONMEBOL, hoy, después de 448 días, Nahuel Gallo regresa a Argentina y puede reencontrarse con su familia", informó al país desde su cuenta de X el domingo a las 8.59 de la noche. La intención de exponer a Milei y su gabinete es visible, el resultado exitoso, pero la lógica temeraria. Nadie puede dudar que Tapia pensó en Gallo, pero sobre todo pensó en su propia necesidad de un golpe que reconstruyera algo de su pésima imagen pública. Ejemplifica, también, el ánimo desafiante del presidente de la AFA, que no reconoce al Gobierno como una autoridad a la que rendir cuentas, convicción que acumula ejemplos como la amenaza de no aceptar a los veedores pedidos por la IGJ. Sobre la firma Newsletter Clarín Newsletter Clarín
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