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  • Chipre, la estratégica isla que quedó en la primera línea de la guerra en Medio Oriente

    » La Nacion

    Fecha: 02/03/2026 18:07

    Chipre, la estratégica isla que quedó en la primera línea de la guerra en Medio Oriente El ataque iraní contra una base británica volvió a exponer el valor geopolítico del territorio, donde conviven fuerzas occidentales, de la ONU y presencia militar turca - 5 minutos de lectura' AKROTIRI, Chipre. El ataque con drones lanzado por Irán contra instalaciones militares británicas en Chipre, ocurrido el domingo, colocó a la isla en la primera línea de la escalada militar en Medio Oriente. Aunque los daños fueron limitados y no hubo víctimas, el episodio expuso una realidad que atraviesa siglos: este pequeño territorio del Mediterráneo oriental funciona como plataforma estratégica de potencias externas y, por eso, queda inevitablemente atrapado en sus conflictos. Desde el aire, Chipre parece una isla más del Mediterráneo. Un pedazo de tierra bañado por el sol, con playas turquesas y montañas. Pero en el mapa, es parte de la frontera entre Europa y Asia. La isla, que hoy es un país asiático, aprendió pronto que su ubicación era una bendición y una condena. En 1571, el Imperio Otomano la conquistó y dejó una huella que todavía define su presente: una minoría turca asentada en una población mayoritariamente griega. El siguiente giro llegó en 1878. En silencio, mediante un tratado secreto con los otomanos, Gran Bretaña asumió su administración. Necesitaba un puesto avanzado para proteger la ruta hacia la India a través del Canal de Suez y frenar el avance ruso en el Mediterráneo. Tras la Primera Guerra Mundial y el colapso otomano, la anexión fue formalizada en 1923. La independencia, en 1960, no significó emancipación plena. Los Tratados de Garantía, Alianza y Establecimiento diseñaron un Estado con soberanía condicionada. Gran Bretaña se aseguró el control directo del 3% del territorio mediante las Zonas de Base Soberana de Akrotiri y Dhekelia. Es importante aclarar que no se trata de concesiones territoriales o de alquileres. Esas bases son suelo bajo soberanía británica absoluta. Pero tras su independencia, la estabilidad de Chipre duró poco. Las tensiones entre la mayoría grecochipriota y la minoría turcochipriota que vivían allí se intensificaron hasta que, en 1974, un golpe instigado por la junta militar griega intentó forzar la Enosis, la unión con Grecia. Turquía respondió con la llamada Operación Atila. El ejército turco ocupó el 37% del norte de la isla. Desde entonces, una línea trazada por las Naciones Unidas divide Nicosia la capital y parte al país en dos. En 1983, el norte proclamó la República Turca del Norte de Chipre, reconocida solo por Ankara. La partición se volvió permanente. Hoy, Chipre funciona como un gigantesco portaaviones inmóvil en el Mediterráneo oriental. La metáfora no es exagerada. Las bases británicas de la RAF (Royal Air Force), Akrotiri y Dhekelia, son el vestigio más visible del poder colonial y, al mismo tiempo, una pieza clave en el actual tablero regional. Akrotiri opera como eje de misiones aéreas y transporte pesado; en Dhekelia, la estación de Ayios Nikolaos es un nodo central de las redes de inteligencia británicas y estadounidenses para monitorear comunicaciones en Medio Oriente. En el norte, Turquía consolidó su propia arquitectura militar. El aeropuerto Geçitkale fue rehabilitado para desplegar drones armados Bayraktar TB2, capaces de alcanzar las costas de Israel y el Líbano. Ankara también reactivó las obras en la base naval de Bogazi para reforzar su control sobre las rutas energéticas del Mediterráneo oriental. El trasfondo es claro: los yacimientos de gas natural como Afrodita y Calypso, descubiertos en la Zona Económica Exclusiva de Chipre, reconfiguraron el interés por el control marítimo. Frente a esa asertividad turca, la República de Chipre buscó respaldo en otras potencias occidentales. Estados Unidos mostró interés en modernizar la Base Aérea Andreas Papandreou, en Pafos, en la costa suroeste. Francia, en diciembre de 2025, firmó un acuerdo estratégico para modernizar la Base Naval de Mari, lo que permitirá el atraque permanente de buques franceses a cambio de cubrir buena parte de las necesidades de armamento chipriotas. La isla, otra vez, se volvió punto de apoyo de alianzas mayores. El equilibrio, sin embargo, es frágil. La guerra abierta entre Irán y el bloque liderado por Estados Unidos e Israel lo dejó en evidencia. El 1° de marzo de 2026, la base británica de RAF Akrotiri fue atacada con un dron suicida. El impacto causó daños materiales limitados y no dejó víctimas, pero el mensaje fue inequívoco. El ataque ocurrió poco después de que el primer ministro británico, Keir Starmer, autorizara a las fuerzas estadounidenses a utilizar bases británicas para lanzar ataques defensivos contra instalaciones de misiles en territorio iraní. La tensión aumentó al día siguiente. Esta tarde, las autoridades interceptaron otros dos drones dirigidos hacia instalaciones británicas en Chipre. El Ministerio de Defensa de Gran Bretaña ordenó evacuar a las familias del personal militar hacia otros puntos de la isla. Londres insistió en que su rol es defensivo, de protección de fuerzas. Pero los hechos colocaron a Chipre en el medio del intercambio de fuego. El presidente chipriota, Nikos Christodoulides, intentó marcar distancia. Aclaró que su país no participa en operaciones militares ni facilita ofensivas. La declaración buscó preservar la neutralidad de la República y evitar represalias regionales. El problema es estructural: buena parte de las infraestructuras militares presentes en la isla escapan al control del gobierno de Nicosia. Así, Chipre vuelve a ser lo que fue durante siglos: un territorio pequeño atrapado en disputas ajenas. Últimas Noticias Ahora para comentar debés tener Acceso Digital. Iniciar sesión o suscribite

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