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» Clarin
Fecha: 02/03/2026 16:50
Antes de que comenzaran los bombardeos sobre territorio iraní, Estados Unidos ya había movido sus piezas. En silencio, pero de forma sostenida, el Pentágono acumuló en Medio Oriente una combinación de poder aéreo, naval y tecnológico pocas veces vista desde las guerras de Irak y Afganistán. El presidente Donald Trump había advertido días antes que el país estaba locked and loaded (armado y listo). El sábado, los ataques que culminaron con la muerte del líder supremo iraní transformaron esa advertencia en acción directa. El Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) detalló el domingo el armamento utilizado hasta ahora en el conflicto, bautizado oficialmente como Operation Epic Fury (Operación Furia Épica). El despliegue no solo es amplio: es sofisticado y combina plataformas clásicas con sistemas de última generación. Bombarderos B-2: la punta de lanza furtiva En la cúspide del poder aéreo estadounidense se encuentran los B-2 Spirit, bombarderos furtivos con diseño de ala volante y un costo superior a los mil millones de dólares por unidad. Con apenas 19 aeronaves en servicio, son considerados uno de los activos más estratégicos de la Fuerza Aérea. Capaces de transportar armamento convencional y nuclear, los B-2 tienen alcance intercontinental y pueden reabastecerse en vuelo. En esta operación, según CENTCOM, fueron equipados con bombas de 2.000 libras para atacar instalaciones iraníes vinculadas a misiles balísticos. No es la primera vez que estas aeronaves participan en misiones contra Irán. El año pasado realizaron un viaje de ida y vuelta de 34 horas desde su base en Misuri para atacar complejos nucleares iraníes. En aquella ocasión emplearon la bomba convencional más poderosa del arsenal estadounidense: la Massive Ordnance Penetrator, de 30.000 libras. Drones LUCAS: la respuesta low cost Una de las novedades de esta ofensiva es el uso en combate, por primera vez, de los drones LUCAS (Low-cost Unmanned Combat Attack System). Operados por la unidad Task Force Scorpion Strike, activada en Medio Oriente a fines del año pasado, estos aparatos representan una apuesta por la guerra asimétrica. Paradójicamente, están inspirados en los drones iraníes Shahed-136, ampliamente utilizados por Rusia en la guerra en Ucrania. Son drones de ataque unidireccional -conocidos como kamikaze- diseñados para ser relativamente baratos y lanzados en grandes cantidades. CENTCOM los describió como una forma de retribución fabricada en Estados Unidos, subrayando el simbolismo de usar una tecnología modelada a partir del diseño iraní contra el propio Irán. Portaaviones y destructores: el músculo naval El poder naval también ocupa un rol central. Dos portaaviones -el USS Abraham Lincoln y el USS Gerald R. Ford- se encontraban en la región al inicio de los ataques. El Lincoln operaba en el mar Arábigo y el Ford en el Mediterráneo oriental, frente a Israel. Desde sus cubiertas despegan cazas F/A-18 Super Hornet y F-35, encargados tanto de misiones ofensivas como de patrullaje y defensa aérea. Irán aseguró haber impactado al Lincoln con misiles balísticos, algo que el Comando Central calificó públicamente como una mentira. Junto a los portaaviones operan destructores clase Arleigh Burke, equipados con misiles Tomahawk de ataque terrestre. Estas embarcaciones pueden transportar hasta 96 misiles y cuentan con el sistema Aegis de defensa antimisiles, clave para proteger tanto a los portaaviones como a objetivos en tierra. Videos oficiales muestran lanzamientos de Tomahawk desde estos buques, marcando ataques de largo alcance contra infraestructura iraní. Escudo antimisiles: Patriot y THAAD Ante la respuesta iraní -que incluyó el lanzamiento de miles de drones y misiles-, Estados Unidos activó baterías Patriot y sistemas THAAD (Terminal High-Altitude Area Defense). Ambos están diseñados para interceptar amenazas aéreas, aunque el THAAD opera a mayor altitud. Sin embargo, analistas advierten que las reservas de interceptores podrían convertirse en un factor crítico si el conflicto se prolonga. El año pasado, durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán, ya se había puesto a prueba la capacidad de reposición de estos sistemas, a lo que se suman envíos previos a Ucrania. Guerra electrónica y control del campo de batalla La ofensiva no depende solo de bombas y misiles. Aviones EA-18G Growler, especializados en guerra electrónica, acompañan las operaciones con sistemas de interferencia y supresión de radares enemigos. En paralelo, aeronaves de alerta temprana como los E-3 Sentry (de la Fuerza Aérea) y los E-2 Hawkeye (de la Marina) funcionan como centros de comando voladores. Con sus característicos radares en forma de domo, monitorean el espacio aéreo y marítimo en un radio de hasta 400 kilómetros, coordinando movimientos en tiempo real. También se detectó la presencia de aviones EA-11 BACN, apodados el Wi-Fi en el cielo, que permiten enlazar comunicaciones entre fuerzas aéreas y terrestres, superando obstáculos geográficos y limitaciones técnicas. Drones, inteligencia y artillería móvil Los MQ-9 Reaper, drones armados con misiles Hellfire y bombas guiadas, cumplen un doble rol: ataque y vigilancia. Pueden permanecer durante horas sobre una zona, recopilando inteligencia y actuando sobre objetivos de oportunidad. En tierra, el sistema HIMARS (High Mobility Artillery Rocket System) aporta movilidad y precisión. Montado sobre camiones, puede disparar cohetes de largo alcance y cambiar rápidamente de posición para evitar represalias. A esto se suman aviones de patrullaje marítimo P-8 Poseidon, aeronaves de reconocimiento RC-135 y una red logística que incluye aviones de transporte C-17 y C-130, además de aviones cisterna KC-135 y KC-46 para reabastecimiento en vuelo. Newsletter Clarín
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