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Paraná » 9digital
Fecha: 02/03/2026 09:50
Tenía nueve años o menos, me indicaron en qué piedra pararme. El río acariciaba mis pies. Mi sombra caía en la orilla. Quieta sobre la roca podía ver cómo su superficie se volvía brillante con la lamida del agua. Después aparecía de nuevo la apariencia opaca de tortuga vieja. La sombra se quebraba con el vaivén. En mis manos sostenía una tabla de madera con hilo envuelto sobre ella. La tanza terminaba en un anzuelo que ya estaba enterrado en la panza brillante del río. Me acuerdo de temer que un pez quiera llevarme a las profundidades del lecho. Me acuerdo de soñar con arenas que instantáneamente se convertían en líquido. Las pesadillas tenían paisajes que asustaban de tan bruscos y lindos. Ir al centro de un río. Ser tragada por el desierto. Cortar cualquier ruta que descifrara el aire con la nariz como brújula me asustaba. Cuando endurecí los huesos y el ceño, mi temor también cambió de cara. Me asustan las superficies. Quedarme en la primera capa de las cosas. No podría tener las manos seguras si no escarbo la tierra. Agujerearía con una tijera el riñón del océano con tal de saber cómo se hicieron las cosas. Una montaña abierta a la mitad, el acantilado trenzándome el pelo. Eso busco. El perfume de las cosas ciertas adonde mi cuerpo no da pie.
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